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miércoles, 8 de abril de 2015

Vacacionismo

La semana pasada aprovechamos que teníamos la boda de una amiga, y que nos coincidía muy bien con Semana Santa, para pasar unos cuantos días en nuestra Asturias Patria Querida, donde el Cangués y servidora podíamos dedicarnos a hacer como que todavía somos jóvenes y tenemos vida propia, mientras la Cachorrina era contemplada, entretenida y achuchada por abuelos, tíos y familiares varios.

Lo cierto es que viviendo lejos de la familia, te das cuenta de la falta que hace tener de vez en cuando un poco de tiempo para dedicar a hacer algo en pareja, o con adultos: ir al cine, a tomar algo con amigos sin correr detrás de la nena para que no se cargue nada ni se descalabre en cualquier esquina, seguir una conversación con normalidad, dormir a pierna suelta, ir a cenar y calzarse los tacones y pintar la raya de los ojos (de los dos) y fingir que eres una madre con tiempo para todo, hasta para ponerte mona.

Y también te das cuenta de lo importante que es que ella vea caras nuevas, que le canten canciones diferentes, le hagan gracias distintas, corran con ella sin cansarse por el parque y le dejen hacerse dueña y señora de sus casa para investigar cada rincón.

Y así, tras una semana de familia, risas, amigos, sidrina, Oviedo, verde prao, fabada, cachopos, viajes en avión de hora y media -que con la Cachorrina hiperactiva parecen vuelos transatlánticos-, kilos de más, y de dar esquinazo a la nena a la primera de cambio; volvemos a ser tres en nuestra isla. Y lo cierto es que si para algo nos sirve ir a Asturias, es para echarnos de menos y cogernos con más ganas, que la Cachorrina nos regala ahora unos mimos y abrazos que son para comerla. ¡Bendito vacacionismo!

El caso es que tras el paréntesis vacacional, el miércoles próximo volvemos con nuevas andaduras de la Cachorrina ;)


miércoles, 23 de julio de 2014

Vacaciones con la Cachorrina

Estas últimas semanas he tenido el blog un poco parado, sin actualizar y casi sin tiempo (ni ordenador) para responder a los comentarios, o comentar y visitar yo misma otror blogs que me encantan y sigo habitualmente. La causa de esta dejadez blogueril, no es otra que estar de vacaciones en nuestra Asturias Patria Querida, dejándonos mimar y, sobre todo, dejando que mimen a la peque de la casa.


El caso es que, cuando vives lejos de tu tierra, prácticamente todas tus vacaciones se destinan a volver a casa como El Almendro: en Navidad; pero también en verano, en Semana Santa, puentes y descansos que puedan conseguirse por el medio.  Y cuando dentro de ese destino, como es el caso, tienes varios subdestinos a los que acudir (en nuestro caso, Oviedo, Cangas del Narcea y Colombres), el periodo de vacaciones se convierte en un estrés de idas y venidas con el coche cargado como una familia nómada de vendedores ambulantes, en el que debemos meter nuestras maletas, la maleta de la Cachorrina, la cuna de viaje, colchón bueno y ropa de cama para la cuna,-que al final no es de viaje ni ná-, bolsa de comida para la peque, juguetes de la Cachorrina, sillita para el coche, silla de paseo, cambiador, bolsa de la silla, trona portátil, mochila portabebés; y así, hasta el infinito y más allá, vamos acoplándolo todo en el coche en un trabajadísimo ejercicio de Tetris, para terminar dándonos cuenta de que ya no hay sitio y vamos a tener que poner la sillita con la nena en el asiento del conductor y nosotros ir en bus.

Y la niña anda a mil revoluciones, porque a su nerviosismo habitual hay que sumarle caras nuevas, y 24 horas de atención y gracias por parte de abuelos, tíos, parientes y amigos varios que están deseando contemplarla desde hace meses, y casas nuevas cada 4 días, y habitaciones nuevas, y entornos nuevos, y con cada nuevo escenario, más caras y rutinas nuevas;  y así, la Cachorrina anda muy loca, que cuando camina ya no sabe lo que hace y da vueltas en círculo la pobre en un bucle sin fin.


Pero tanto estrés merece la pena porque la peque está feliz, y sus abuelos y tías, ni te cuento, y paseamos por Oviedo, y tomamos unas sidrinas en Gascona, y la Cachorrina persigue palomas y patos en el Campo San Francisco, y tomamos cañas con los amigos en Pedregal, y cenamos costillas con vistas a la ciudad; y vamos hasta Colombres, a la playa de La Franca, y Nerea vuelve a croquetear y bañarse, como en su isla, -pero con el agua helada y con olas-, y tomamos el vermú por Llanes, y comemos comida de mami en el porche y jugamos en el prao, mientras mis padres, mi hermana y mi cuñao mueren de amor por la Cachorrina; y vamos a Cangas, y vemos la Descarga, paseamos por la calle Mayor, mis suegros y mi cuñada secuestran literalmente a la peque y se desviven por ella, y nosotros tomamos vinos de Cangas, y vamos al Chicote, y salimos de monte para ver desde la cima del Cueto de Arbás el mar de montañas que es nuestra Asturias, y nos bañamos en el Narcea, y vamos de fiesta de prao, y nos ponemos las botas con las comidas de Pilar... Vamos, un mal rato todo. ;)

Y en esas estamos, así que espero que comprendáis que tanta mala vida y tanto estrés me hagan tener el blog un poco aparcado. ¡¡Disfrutad de las vacaciones y seguid tan guap@s!!



martes, 8 de abril de 2014

Los abuelos

Esta semana hemos tenido visita en La Isla, y es que mis suegros no se aguantaban ni un día más sin ver a la Cachorrina -mis padres tampoco, y por eso ya tienen también comprados sus billetes desde la misma semana que nos mudamos-, así que hemos podido volver a disfrutar en todo su esplendor de ese fenómeno de la naturaleza curiosísimo que son los abuelos.

Lo cierto es que yo nunca me había parado a pensar en qué era lo que un abuelo sentía por sus nietos, que obviamente no son lo mismo que los hijos, pero que se disfrutan de otra manera, sin cargas. Cuando me quedé embarazada supuse que a los futuros abuelos les haría ilusión, pero no sabía hasta qué punto podía entusiasmarles la idea de tener un nietín o nietina al que mimar, malcriar, con el que jugar y al que devolver a sus padres cuando las cosas se pusieran feas (vamos, que el Cangués y yo lo que queríamos cuando nos aventuramos en esto de la paternidad, era ser abuelos, que mola más, pero no lo sabíamos). Y desde luego no tenía ni idea de que su amor por la Cachorrina sería tan desmesurado. 

Por eso, una de las cosas que nos ha regalado la paternidad al Cangués y a mí es el ver a nuestros padres ilusionados y emocionados como niños pequeños la mañana de Reyes ante la mera presencia de la Cachorrina, qué digo presencia, ante una foto, un vídeo o una pedorreta al móvil. 

Y es que los abuelos no sólo mueren de amor y de babas por sus nietos, sino que parecen olvidar que algún día ellos fueron padres y criaron a sus propios cachorros, porque de pronto todo lo que rodea al nieto les parece nuevo y se sorprenden con cada progreso y aprendizaje de los bebés como si nunca hubieran visto uno y piensan que su nieto o nieta es el más listo y el más espabilado porque ya hace esto y aquello, y parecen no querer darse cuentas de que lo mismo lo hacen todos... Y te preguntan mil veces alucinados cada cosa que hacen, y te llaman a diario para preguntar simplemente cómo durmió esa noche. Y te lo quieren secuestrar y que se lo dejes horas, días, a dormir o a comer, y poder ser ellos quienes le lleven al parque o de paseo. Quieren darles ellos biberones (casi les duele que les des el pecho porque no pueden hacerlo ellos), purés, comprarles tooodo lo que necesitan y lo que no, que les envíes fotos y vídeos en el nuevo grupo de wharsapp familiar que has tenido que crear para ello, y que se los pongas en el Skype donde le puedan cantar y hacer pedorretas aunque estén lejos, para que no se olviden de ellos. Y los cogen en brazos sin cansarse durante horas para enseñarles cosas, y se tiran al suelo a jugar sin que existan achaques que lo impidan, y los abrazan con cara extasiada y no dejan que nadie se los quite de las manos. Y sonríen con la sonrisa más grande que les habías visto en años, y los ojos les brillan y de repente parece que han rejuvenecido 20 años. Y empapelan la casa con fotos, y los tienen de fondo de pantalla en el móvil, en el ordenador, en la foto de perfil del Facebook (es que los nuestros son muy modernos), y presumen de ellos delante de todo el que se cruza en su camino, esté interesado o no, que eso es lo de menos. Y mueren de pena si tienen que vivir lejos de ellos y no pueden verlos a diario o todas las semanas, aunque sea un ratito.

Al Cangués y a mí no deja de sorprendernos la capacidad para querer a la Cachorrina que tienen mis padres y mis suegros, y la intensidad con la que viven cada día en la vida de la peque -debo decir que, además, hasta el más escéptico cae rendido ante una caída de pestañas de la peque, porque a mí suegra no le hizo ni ilusión cuando le dijimos que iba a ser abuela y ahora es la peor de los cuatro-. Así que, aunque a veces nos parezca que se ponen muy pesados, no podemos dejar de agradecer que la quieran tanto y que se preocupen por ella, porque es una suerte que estén ahí y que la Cachorrina pueda disfrutar de tener unos abuelos que la adoran.

Y a vosotr@s, ¿os sorprendieron los abuelos como a nosotros? 

¡Hasta el próximo post!