Nerea ya lleva 11 días con nosotros, haciendo que se nos caiga la baba y quitándonos tiempo hasta de pensar, aunque sólo sea por contemplarla durante horas. Estos días de ausencia nos dedicamos a disfrutarla, conocerla y adaptarnos a sus necesidades y horarios, cosa que no es tarea fácil, pero que haces de mil amores porque la falta de sueño se compensa con media sonrisa de la peque (o lo que nosotros queremos pensar que es una sonrisa), con ver como se estira cuando se despierta (media hora de reloj estirándose, la tía), cómo coloca las manitas al dormir o cómo huele su pelo (ayssss, ese olor... ¡¡¡horas puedo estar con la nariz pegada a mi cahorrina!!!). Pero para tener a la cachorrina con nosotros -trastocándonos la vida-, primero tuvimos que pasar por el parto y el secuestro hospitalario de 5 días -trastocándonos las ganas de vivir-.
Yo había preparado mi Plan de Parto con todos los puntos atados y bien atados y, como me temía, la realidad nunca es como imaginabas que sería y debes adaptar la idea que tenías a las circunstancias de tu propio parto.
Ya os había comentado mi intención de evitar la epidural, la oxitocina, etc., pensando, ilusa de mí, que sí que tendría una horita corta, -esa que tanto te desean las señoras cuando te ven el barrigón-. Pero todo lo planeado se perdió en el olvido cuando en vez de una horita corta, tuve 40 horazas eternas de contracciones infernales que culminaron en un parto provocado con oxitocina que me hizo querer pedir una inyección letal e vez de la epidural.
Y todo por empezar rompiendo bolsa sin haber comenzado a dilatar...
Continuará...