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sábado, 8 de marzo de 2014

Viajar con bebés en avión

La semana pasada, esta familia de nómadas que formamos el Cangués, la cachorrina y servidora, emprendimos una nueva mudanza,  pero esta vez a lo grande: cambio de casa, calle, ciudad, provincia, Comunidad Autónoma y hasta de península. Vamos, que por nuevo destino laboral del Cangués ahora vivimos en una isla, con su sol, sus playas, sus guiris, su Pachá... lo que viene siendo un cambio radical, vamos. Y un cambio que nos obligaba a viajar en avión con la cachorrina.

Imagen vía blogdebebes.com

Antes de ser mami, la verdad es que pensaba que viajar con bebés no tendría más complicación que llevarlo contigo y sentarlo en un sillón adaptado o similar, y que por supuesto, el bebé viajaría gratis. Pero no es así. No es que sea complicado, pero sí hay varias cosas que debemos tener en cuenta antes de volar con ellos: 

- En primer lugar, a la hora de sacar el billete debéis saber que las compañías aéreas consideran bebé a los menores de 24 meses y que, en contra de lo que la mayoría pensábamos, los peques no viajan gratis, sino que pagan tasas por volar. Osea que pagan poco, pero pagan. Dependiendo de la compañía son unos 25-30 euros más o menos. 
Debéis tener cuidado al comprar los billetes por internet y fijaros bien en lo que os cobran porque en algunas páginas me encontré con que me cobraban a la cachorrina como un adulto a pesar de haber señalado que era bebé.

- En segundo lugar, como no pagan billete, no tienen derecho a asiento y por tanto viajan sentados en el regazo de sus padres, con un cinturón especial que se sujeta al del adulto. Junto con el cinturón, la azafata entrega también un chaleco salvavidas especial para el peque.
Tengo entendido que en los vuelos largos (tipo transoceánicos) las compañías aéreas facilitan una cuna para que los bebés viajen más cómodos.
Debo decir que si tenéis suerte y los asientos de la primera fila (clase business) van vacíos, hay azafatas caritativas que ofrecen a los padres con bebés ocuparlos para ir menos apretados, pero no fue mi caso. En mi caso los asientos iban vacíos y una buena mujer que viajaba sentada delante de mí le preguntó a una azafata que si no me ofrecía ir con la cachorrina a los asientos de la primera fila, cosa que otras veces hacían, a lo que la tipa(rraca) respondió "si quiere ir en business, que pague business" (muertadehambre!! -esto no lo dijo, pero está claro que lo pensó-). Y ahí me quedé yo, pequeñita en mi asiento de clase turista con mi cachorrina, con cara de pobretona sin haber siquiera abierto la boca. Lo que hay que...

- En cuanto al acceso al avión, habitualmente era suficiente con mostrar el libro de familia para embarcar con niños, pero ahora algunas compañías exigen que el bebé tenga algún tipo de documentación, como DNI o Pasaporte, así que conviene hacerlo para evitar problemas (que visto lo visto con la azafata, cualquiera se arriesga a que te dejen en tierra). La cachorrina, por supuesto, ya tiene su DNI que sí que tuvimos que mostrar antes de subirnos al avión.

- Se puede acceder al avión con la comida y bebida del bebé además de juguetes, mantita y demás cosas que creáis que vais a necesitar. De hecho yo subí al avión con 2 bolsas de equipaje de mano, la mía y otra en la que llevaba todos los trastos de la cachorrina y me dejaron sin problemas, porque ya se entiende que la peque necesita muuuchas cosas para ir tranquila durante el vuelo.

- Si viajáis con la sillita, la tenéis que facturar, como si de una maleta se tratase, pero podéis llevarla hasta la escalerilla del avión. Yo tengo una amiga con una mala experiencia ya que la compañía aérea en cuestión le devolvió la silla rota y ahí siguen pegándose para que se la paguen, así que decidimos que la silla iría en ferry con el coche y el cangués y que la cachorrina iría en la mochila portabebés conmigo. Y fue una idea estupenda porque así estuvo cómodamente dormida desde que pasamos el arco de seguridad hasta que montamos en el avión y tuve que sentarla bien con el cinturón de seguridad.

- Otra cosa a tener en cuenta es que el bebé también pasa el arco de seguridad, y todo lo que lleve con él también, incluida la sillita que os harán plegar, llevando al peque en brazos. Yo llevaba a la cachorrina en la mochila y el de seguridad me hizo quitarme las botas y el cinturón con ella encima, que no sabéis la de rato que me llevó hacerlo sin ayuda y con la nena dormidísima dando cabezadas contra mí mientras yo me contorsionaba para descalzarme y localizar el cinturón-arma de destrucción masiva. Por suerte una de las chicas de seguridad, viendo la escena, se apiadó de mí y ya no me hizo falta demostrar que la comida de la cachorrina no era un arma química letal.

- Por último hay que tener en cuenta que el bebé puede sentirse incómodo durante el vuelo, especialmente en el despegue y el aterrizaje, si le molesta la presión en los oídos. Es bueno ofrecerle alimento (pecho u otro) en esos momentos porque les alivia, pero en mi caso no hizo falta porque la cachorrina, aunque debió sentir algo raro porque se echó un par de veces la manina a la oreja, no protestó ya que iba distraída jugando a arrancar las páginas de mi revista e intentando sisarle el reloj a la señora que teníamos al lado.

Tengo que decir que la peque se portó de lujo, ya que no lloró en todo el viaje, y eso que iba despierta y para ella es un triunfo estar tanto tiempo sentada en el mismo sitio, pero fue entretenida y todos los pasajeros del avión, sin exagerar, cuando vieron que iba yo sola con la peque se desvivieron por ayudarnos con las bolsas, para entretener a la peque, jugar con ella, llevarnos el equipaje, recogernos las maletas en la cinta... En especial la mujer que llevábamos al lado que, inocente, intentaba leer un libro y no alcanzó a terminar una frase en hora y media de vuelo porque la nena la agarraba, le pasaba páginas con su manita llena de babas, le tiraba del reloj, de los pendientes -perdí la cuenta de las veces que tuve que pedirle disculpas a la pobre, que fue una santa y terminó por cerrar el libro y dedicarse por entero a la peque-; y al matrimonio de delante que cargaron mis bolsas y esperaron conmigo hasta que mi maleta salió la última en la cinta transportadora... En momentos así te das cuenta que la presencia de un bebé saca lo mejor de las personas... menos de alguna que otra azafata (mala péc...), claro.

¡¡Hasta el próximo post!!



martes, 12 de marzo de 2013

El portabebés


En todas las culturas del mundo, y tradicionalmente en la nuestra, la forma natural que tienen las madres de llevar a sus hij@s es el porteo, que consiste en cargar al bebé pegado al cuerpo protegido en un trozo de tela o fular. Este sistema permitía, y permite, a las madres llevar a sus hij@s con ellas a todas partes y realizar sus labores y actividades diarias sin tener que separarse del niñ@, cosa que les ayudaba enormemente también para llevar a cabo una adecuada lactancia en cualquier momento. Por tanto, el porteo es una costumbre tan antigua como la humanidad que respondía a la necesidad de incorporar al bebé a la rutina diaria de sus padres, ya que el pequeñ@ no se vale por sí mismo y no sabe caminar hasta pasados unos cuantos meses (al contrario que ocurre con el resto de animales del mundo, el hombre es completamente dependiente al principio de su vida).






Como los tríos de Bugaboo o Jané, etc., no habían llegado a sus vidas, el porteo era la única manera de transportar a los hij@s. Pero esta práctica se fue perdiendo en los países más desarrollados dando paso a los carricoches y sillitas con la pequeña pérdida de contacto del bebé que, sobretodo en sus primeros meses de vida, lo que más necesita es la cercanía y contacto físico casi permanente con sus padres.

Precisamente para recuperar ese contacto, y porque diversos estudios pediátricos empezaron a confirmar que el porteo era mucho más saludable que el uso exclusivo del cochecito porque el bebé se siente más seguro, querido y protegido al percibir los latidos del corazón y el calor del cuerpo de su padre o su madre (al fin y al cabo está acostumbrado a 9 meses dentro del seno materno sintiendo eso mismo), ésta ancestral forma de llevar a los hij@s los primeros años de vida se ha ido recuperando poco a poco, combinándola con la sillita. Además, dicen que el bebé que es porteado está más relajado, duerme mejor y tiene menos cólicos, ya que al no estar todo el día tumbado sus digestiones son más fáciles; y, muy importante, se evita el temido (por mí) síndrome de la cabeza plana.

Para los padres también tiene muchas ventajas (aunque pese y te deje la espalda baldada) porque permite que el pequeñ@ se integre en la vida de los adultos y les otorga una libertad total de movimientos sin tener que separarse de él, y puedes llevarlo tranquilamente a sitios en los que puede ser un engorro cargar con la silla. Además, cómo ya mencioné más arriba, es más práctico para la lactancia materna.

El porteo puede hacerse llevando al bebé en diferentes posturas, adaptadas a cada edad: tumbado y mirando hacia mamá o papá, de recién nacido; mirando hacia fuera, a partir de los 6 meses o así que ya es más curioso con lo que pasa a su alrededor y se mantiene más erguido; y en la espalda, cuando ya es más mayor y pesa cuatro quintales.






Hay varios tipos de porteadores y lo más importante para elegirlo es que permita un equilibrado reparto del peso entre hombros, espalda y cadera del porteador, y que sea ergonómico, de tal manera que se adapte a las condiciones físicas y a la postura natural del bebé. Para que se considere ergonómico, el porteador o canguro debe permitir al bebé ir sentado, con el peso sobre el culete, respetando la curvatura natural de su espalda, en "C", y la posición ranita para las piernas, es decir que sus rodillas estén más altas que el culete, abiertas aproximadamente en un ángulo de 90º, para que se desarrolle correctamente la cadera del niñ@.



Los porteadores más habituales hoy en día son:

-          Fular elástico:



-          Mochila:

No ergonómica                                          Ergonómica



















-          Bandolera:

-          Mei Tai:


Todos ellos se adaptan a las diferentes edades del bebé y permiten varias posturas tanto por delante como en la espalda.

El Cangués y yo teníamos clarísimo, desde antes incluso de quedarnos embarazados, que nos gustaba mucho ver a los niñ@s cuando eran porteados por sus papis, y que cuando nosotros tuviéramos un cachorrín o cachorrina, lo combinaríamos con la sillita. El problema que yo le veo es que a la cachorrina en cuestión sólo le va a gustar que la lleve el padre, porque claro, con la planta que tiene él y el metro y medio que mido yo… no hay color. Además a ellos les favorece muchísimo más:

No.Me.Digas (sólo que el Cangués más guapo)

¿Qué os parece el porteo? ¿Lo habéis utilizado o lo utilizaríais cuando seáis papás?

¡Hasta el próximo post!

¡Aviso para mi madre!: Tú con la sillita, que ya te veo queriendo colgarte a la cachorrina y al final tenemos que ponerte una espalda nueva.

Fotos vía Pinteres, Google Images, Mamá pata y sus patitos