La semana pasada, esta familia de nómadas que formamos el Cangués, la cachorrina y servidora, emprendimos una nueva mudanza, pero esta vez a lo grande: cambio de casa, calle, ciudad, provincia, Comunidad Autónoma y hasta de península. Vamos, que por nuevo destino laboral del Cangués ahora vivimos en una isla, con su sol, sus playas, sus guiris, su Pachá... lo que viene siendo un cambio radical, vamos. Y un cambio que nos obligaba a viajar en avión con la cachorrina.
Imagen vía blogdebebes.com
Antes de ser mami, la verdad es que pensaba que viajar con bebés no tendría más complicación que llevarlo contigo y sentarlo en un sillón adaptado o similar, y que por supuesto, el bebé viajaría gratis. Pero no es así. No es que sea complicado, pero sí hay varias cosas que debemos tener en cuenta antes de volar con ellos:
- En primer lugar, a la hora de sacar el billete debéis saber que las compañías aéreas consideran bebé a los menores de 24 meses y que, en contra de lo que la mayoría pensábamos, los peques no viajan gratis, sino que pagan tasas por volar. Osea que pagan poco, pero pagan. Dependiendo de la compañía son unos 25-30 euros más o menos.
Debéis tener cuidado al comprar los billetes por internet y fijaros bien en lo que os cobran porque en algunas páginas me encontré con que me cobraban a la cachorrina como un adulto a pesar de haber señalado que era bebé.
- En segundo lugar, como no pagan billete, no tienen derecho a asiento y por tanto viajan sentados en el regazo de sus padres, con un cinturón especial que se sujeta al del adulto. Junto con el cinturón, la azafata entrega también un chaleco salvavidas especial para el peque.
Tengo entendido que en los vuelos largos (tipo transoceánicos) las compañías aéreas facilitan una cuna para que los bebés viajen más cómodos.
Debo decir que si tenéis suerte y los asientos de la primera fila (clase business) van vacíos, hay azafatas caritativas que ofrecen a los padres con bebés ocuparlos para ir menos apretados, pero no fue mi caso. En mi caso los asientos iban vacíos y una buena mujer que viajaba sentada delante de mí le preguntó a una azafata que si no me ofrecía ir con la cachorrina a los asientos de la primera fila, cosa que otras veces hacían, a lo que la tipa(rraca) respondió "si quiere ir en business, que pague business" (muertadehambre!! -esto no lo dijo, pero está claro que lo pensó-). Y ahí me quedé yo, pequeñita en mi asiento de clase turista con mi cachorrina, con cara de pobretona sin haber siquiera abierto la boca. Lo que hay que...
- En cuanto al acceso al avión, habitualmente era suficiente con mostrar el libro de familia para embarcar con niños, pero ahora algunas compañías exigen que el bebé tenga algún tipo de documentación, como DNI o Pasaporte, así que conviene hacerlo para evitar problemas (que visto lo visto con la azafata, cualquiera se arriesga a que te dejen en tierra). La cachorrina, por supuesto, ya tiene su DNI que sí que tuvimos que mostrar antes de subirnos al avión.
- Se puede acceder al avión con la comida y bebida del bebé además de juguetes, mantita y demás cosas que creáis que vais a necesitar. De hecho yo subí al avión con 2 bolsas de equipaje de mano, la mía y otra en la que llevaba todos los trastos de la cachorrina y me dejaron sin problemas, porque ya se entiende que la peque necesita muuuchas cosas para ir tranquila durante el vuelo.
- Si viajáis con la sillita, la tenéis que facturar, como si de una maleta se tratase, pero podéis llevarla hasta la escalerilla del avión. Yo tengo una amiga con una mala experiencia ya que la compañía aérea en cuestión le devolvió la silla rota y ahí siguen pegándose para que se la paguen, así que decidimos que la silla iría en ferry con el coche y el cangués y que la cachorrina iría en la mochila portabebés conmigo. Y fue una idea estupenda porque así estuvo cómodamente dormida desde que pasamos el arco de seguridad hasta que montamos en el avión y tuve que sentarla bien con el cinturón de seguridad.
- Otra cosa a tener en cuenta es que el bebé también pasa el arco de seguridad, y todo lo que lleve con él también, incluida la sillita que os harán plegar, llevando al peque en brazos. Yo llevaba a la cachorrina en la mochila y el de seguridad me hizo quitarme las botas y el cinturón con ella encima, que no sabéis la de rato que me llevó hacerlo sin ayuda y con la nena dormidísima dando cabezadas contra mí mientras yo me contorsionaba para descalzarme y localizar el cinturón-arma de destrucción masiva. Por suerte una de las chicas de seguridad, viendo la escena, se apiadó de mí y ya no me hizo falta demostrar que la comida de la cachorrina no era un arma química letal.
- Por último hay que tener en cuenta que el bebé puede sentirse incómodo durante el vuelo, especialmente en el despegue y el aterrizaje, si le molesta la presión en los oídos. Es bueno ofrecerle alimento (pecho u otro) en esos momentos porque les alivia, pero en mi caso no hizo falta porque la cachorrina, aunque debió sentir algo raro porque se echó un par de veces la manina a la oreja, no protestó ya que iba distraída jugando a arrancar las páginas de mi revista e intentando sisarle el reloj a la señora que teníamos al lado.
Tengo que decir que la peque se portó de lujo, ya que no lloró en todo el viaje, y eso que iba despierta y para ella es un triunfo estar tanto tiempo sentada en el mismo sitio, pero fue entretenida y todos los pasajeros del avión, sin exagerar, cuando vieron que iba yo sola con la peque se desvivieron por ayudarnos con las bolsas, para entretener a la peque, jugar con ella, llevarnos el equipaje, recogernos las maletas en la cinta... En especial la mujer que llevábamos al lado que, inocente, intentaba leer un libro y no alcanzó a terminar una frase en hora y media de vuelo porque la nena la agarraba, le pasaba páginas con su manita llena de babas, le tiraba del reloj, de los pendientes -perdí la cuenta de las veces que tuve que pedirle disculpas a la pobre, que fue una santa y terminó por cerrar el libro y dedicarse por entero a la peque-; y al matrimonio de delante que cargaron mis bolsas y esperaron conmigo hasta que mi maleta salió la última en la cinta transportadora... En momentos así te das cuenta que la presencia de un bebé saca lo mejor de las personas... menos de alguna que otra azafata (mala péc...), claro.
¡¡Hasta el próximo post!!
















