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domingo, 1 de mayo de 2016

Para todas

Para las que esperan un positivo en el test con ilusión, y para las que se llevan un susto de muerte y después de un mes siguen en estado de shock.
Para las que se vienen arriba y le montan toda la habitación y el ajuar al bebé nada más salir de la primera ecografía, y para las que tienen miedo de hacerlo antes de verle la carita.
Para las que paren con dolor (mucho, mucho) y para las que tienen una cicatriz enorme en la barriga.
Para las que dan el pecho, y para las que preparan biberones como si no hubiera un mañana.
Para las que practican el colecho, y para las que se levantan las veces que haga falta partiéndose la espinilla contra los muebles para comprobar si respira en su cunita.
Para las que tienen bebés dormilones, y para las que hacen kilómetros de pasillo a las tantas de la madrugada.
Para las que les enseñan a comer con trozos, y para las que convierten la batidora en una prolongación de su ser.
Para las que les llevan de la manita en sus primeros pasos, y las que se tiran en la alfombra a jugar durante horas.
Para las que sobreviven a base de cafeína y cabezadas por las esquinas, y las que mueren de ganas de volver a ver a su bebé por la mañana.
Para las que la ducha se convierte en un lujo, y para las que no vuelven a ir al baño sin público.
Para las que tienen el trabajo más exigente del mundo, y para las que tienen la certeza de que aún así, es lo mejor que han hecho en la vida.
Para las que tienen el corazón roto de tener que separarse de su bebé para dejarlo en la guardería, y para las que pasan 24 horas lidiando con él.
Para las que leen todos los libros de crianza del mundo, y para las que lo hacen como buenamente pueden tirando de instinto.
Para las que buscan mil actividades originales que hacer con los peques en casa, y para las que se echan a la calle y pasan la vida en el parque corriendo detrás de ellos.
Para las que se enorgullecen de cada nueva habilidad de su retoño, y para las que sufren una angina de pecho cada vez que lo ven jugarse la vida en un murro del parque.
Para las que le enseñan que no se debe pegar a otros niños, y para las que mueren de rabia cuando alguno toca a su pequeño y por dentro sólo piensan: "ataca!". 
Para las que lloran en la función del cole, y para las que inmortalizan cada segundo de su vida con el móvil.
Para las que practican el difícil arte de la paciencia infinita, y para las que nos poseemos y juramos en arameo antiguo a la décima vez que repetimos lo mismo.
Para las que hacen cuadrantes con recompensas y caritas sonrientes, y para las que castigan en el rincón de pensar.
Para las que consiguen que su prole se coma el brócoli, y para las que se dan con un canto en los dientes si consiguen que abra la boca para un nugget de pollo sin escupírselo a la cara. 
Para las que van al pediatra todas las semanas, y para las que curan cualquier cosa con la barrita mágica de arnica o el Dalsy.
Para las que no tienen tiempo para ellas mismas, y para las que suspiran porque le quiten a los peques de encima para tener aunque sea un par de horas  de paz.
Para las que escuchan con atención cualquier cosa que su peque tenga que contarles, y para las que van perdiendo memoria proporcionalmente a la cantidad de tareas que tienen pendientes.
Para las que esperan con ilusión todo lo que le queda por aprender al cachorrín o cachorrina, y para las que tienen el corazón encogido por no poder evitar que también se encuentre con lo feo y malo que hay en el mundo.
Para las que ayudan con los deberes, y para las que van a la carrera entre competiciones deportivas y clases de piano.
Para las que dejan de comprarse las sandalias con las que dice la Vogue que lo petas este verano porque los retoños ya calzan un número mas, y para las que pasan la vida frotando manchas y remendando desastres.
Para las que llevan siempre lamparones en la blusa, y para las que se levantan una hora antes de tiempo para poder llevar el pelo domado y no como si se le hubiera pegado un chicle.
Para las que protegen a sus hijos ante cualquier posible caída o tropiezo en la vida, y para las que les dejan experimentar y aprender, y llevarse golpes, pero siempre mirando de reojo por si hay que intervenir.

Para todas las madres, porque todas lo hacen bien, porque los bebés vienen sin manual de instrucciones, porque todas les sacan adelante como buenamente pueden, porque ninguna es mejor que otra, porque todas quieren a sus hijos por encima de todas las cosas y no hay nada que no hagan por ellos, porque todas son perfectas y la mejor madre del mundo para sus peques.

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!



domingo, 5 de mayo de 2013

¡¡Feliz Día de la Madre!!

Desde que sé que me voy a convertir en una de ellas, no hago otra cosa que fijarme en el comportamiento de las madres con sus hijos, empezando, por supuesto, por el ejemplo que más de cerca me pilla, que es mi propia madre (¡mamiiii!). Supongo que muchas veces a lo largo de nuestras vidas no somos del todo conscientes de lo que supone el amor de esa mujer que nos trajo al mundo y que lleva desde entonces luchando por mantenernos con vida y, a ser posible, felices y contentos.



Hoy quiero aprovechar el blog para felicitarle este día a ella, que le tocó la ardua tarea de criarnos a mí y a mi hermana, y también a mi abuela, suegra, tías, primas y amigas que ya son madres y a todas esas mujeres que, como ellas, se han emocionado ante su test positivo, han sonreído al notar los movimientos de su bebé en su interior, han hablado con su barriga o le han cantado cuando nadie las veía, han sentido miedo ante la idea de poder darle a sus hij@s los mejores cuidados de que eran capaces, han querido matar a la matrona, al ginecólogo y hasta a un celador que pasaba por allí, ante los dolores del parto o la incomodidad de una cesárea. Aquéllas que no pudieron evitar las lágrimas cuando les dieron a sus cachorrinos por primera vez, cuando se los pusieron en brazos, les miraron a los ojos y sintieron sus puñitos alrededor de su dedo.

Las que pasaron noches en vela descubriendo cómo alimentar y cuidar a sus hijos y sufrieron con preocupación cada uno de esos primeros llantos que no sabían interpretar; las que se levantaban para comprobar su respiración. Ésas que amamantaron a sus peques o les dieron cientos de biberones y papillas; las que aplaudieron cada palabra nueva, cada pasito y cada sonrisa; las que cambiaron pañales, prepararon comidas y pusieron lavadoras como si no hubiera un mañana.

Las que tuvieron un trabajo a jornada completa, 24 horas al día y 7 días a la semana, cuidando y criando a sus hijos, y las que lloraron con el corazón partido cuando se les terminó la baja por maternidad y tuvieron que aprender a separarse de ellos todos los días. 

Aquéllas que guardaron y pegaron en la pared dibujos horribles o trozos de arcilla deformes de sus pequeños artistas, las que se saben todos los bailes y canciones infantiles, y convirtieron a la Heidi o Dora la Exploradora de turno en una más de la familia. Las que aprendieron a ir preparadas con un bolso que ríete tú del de Mary Poppins, en el que cabían desde un plátano aplastado, hasta toallitas húmedas, tiritas, aspitos, pinturas de colores, coches de carreras, gomas y prendedores del pelo, galletas de emergencia, una pieza perdida del lego o  la colección de cromos que causaba furor en el momento.

Las que animaron en las funciones del cole o los partidos y competiciones de fin de semana, las que remendaban y pegaban rodilleras a los pantalones, las que ponían guapetones a sus retoños para que medio hora después pareciera ya que volvían de la batalla del Ebro. Las que pasaron noches enteras desveladas ante una fiebre alta o una mala tos, las que insistían en que te tomaras el zumo antes de que se fueran las vitaminas, las que hicieron un máster en chantaje y negociación para conseguir unas cucharadas más o un minuto de descanso.

Las mismas que mantuvieron la ilusión de sus peques, planificando, escondiendo y rastreando juguetes para después dejar que el mérito se lo llevaran unos señores gordos y feos venidos de Oriente. Las que limpiaban cualquier mancha en la cara de su hij@ escupiendo en un kleenex y frotando hasta que le borraban hasta los lunares. Las que ganaron canas el día que perdieron al niñ@ en el Carrefour, y kilos, terminándose la mitad del sándwich de Nocilla que quedaba olvidado ante la visualización de un columpio libre. Ésas mismas que veían con pánico, y el bote de Mercromina preparado, ideas peregrinas que incluían toboganes altísimos, patines sin domar y la frase "¡mira mamá, sin manos!".

Las que miran a su pequeñín (y no tan pequeñín) como si fuera la cosa más bonita del mundo, las que se sienten orgullosas hasta de los mayores desastres, las que escuchan los problemas del cole y los amigos, las que organizan cumpleaños y compran gusanitos para toda la clase. Las que se levantaban 2 horas antes para preparar la ensaladilla rusa, la tortilla de patata y los filetes empanaos para ir a la playa. Las que premian con abrazos, castigan sin ver la tele y aprenden el milenario arte del lanzamiento de zapatilla con efecto.

Las que aprendieron a aguantar los primeros desplantes, las malas contestaciones y la ingratitud de esa edad muy mala, y las que dormían con un ojo abierto y puesto en el reloj cuando ya los nenes creciditos salían por las noches. Las que suspiraban por los zapatos o el bolso de un escaparate, pero nunca se los llegaban a comprar porque el cachorro en cuestión necesitaba unos playeros nuevos, ya que en dos meses había pasado de calzar un 33 a un 37 (así sin avisar), o los libros del cole de ese curso costaban más que un riñón a estrenar en el mercado negro.

Las que dejaron desinteresadamente de ser protagonistas de sus vidas para dejar ese protagonismo a sus retoños; las que siempre les verán como los niñ@s que un día fueron, aunque ya sean unos señores calvos y con mal carácter de taytantos. A las que se les parte el corazón cuando la prole abandona el nido y esperan una visita o una llamada que diga "mamá, estoy bien".

Las que se vuelven locas cuando les dicen que serán abuelas y se lían a tricotar chaquetinas y patucos, aunque tengan que dejarse la vista de hacer y deshacer porque han perdido la cuenta de los puntos.

En definitiva: a todas las mamás (y a la mía más -que es la más mejor y la más guapa, porque lo digo yo-): ¡¡FELICIDADES Y GRACIAS!!