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sábado, 31 de diciembre de 2016

2016

31 de diciembre. Último día del año y una se da cuenta, así, repasando los últimos doce meses y como quien no quiere la cosa, de que ha tenido el poco tiempo y la desvergüenza de no dedicar unas líneas a lo más importante que me ha traido este 2016. Porque entre mala vida, agotamiento, calor sofocante, pieses como botijos, virus varios, festivales de guardería, horas de parque, contracciones infernales, horas intentando mantenerme despierta delante de los libros, victorias, derrotas, intentos frustrados de convertirme en funcionaria, viajes, alegrías, disgustos, mudanza, nuevos amigos, Frozen en bucle, carreras al cole, rabietas de órdago, hormonas en ebullición, Brexit, Trump, gobierna tú, que no, que gobiernes tú, la Bicicleta, Juegos Olímpicos,  Hacienda no somos todos y otras muchas cosas, el 14 de septiembre, casi un mes antes de lo previsto, la vida nos hizo el regalo más increible del mundo. 

El más bonito, el que mejor huele. 

La mayor ternura, el mejor abrazo, la risa más inocente y pura. 

Nos concedió el lujo de que Claudia llegara a completar nuestra pequeña gran familia.

Felicidad.

Amor sin límites.

Ganas de comérnosla a besos. De hacerla reir a cada instante.

Amor de hermana. Amor de padres. Infinito.

Si algún día mi pequeña Claudia llega a leer este desastre-blog de su madre, verá cuánto hemos esperado, querido y lidiado con la Cachorrina y el poco tiempo, poquísimo, que su madre tiene para dedicarle a ella unas palabras. Solo quiero que sepa mi minicachorrina, que todo el tiempo que no estoy dedicando a escribir, estoy dedicándolo a quererla mucho. 

Que no me caben en un blog todas las cosas buenas que nos ha traido y que nos hace sentir. 

Que no hay palabras que expresen lo dulce que es su mirada y lo maravillosas que son las sonrisas que regala tan generosamente.

Que la queremos, que se nos cae la baba. 

Que si no la tuviéramos, la pediríamos a los Reyes.

Que tenerla es, de lejos, la mejor decisión de mi vida.

Que gracias a ella, ya estamos todos.

El 2016 fue un año raro, difícil, pesado... pero qué queréis, siempre será el año mágico en el que Claudia atrapó mi dedo -y mi corazón- con sus manitas...

lunes, 25 de julio de 2016

La Cachorrina cumple tres

Tres años desde aquel 25 de julio en el que nos cambiaste la vida de la forma más radical que podíamos imaginar: asomaste tu cabecita al mundo, nos miraste con esos ojazos gigantes que te gastas y de alguna manera supimos que ni nosotros ni nuestro mundo volvería a ser el mismo. 


En estos tres años nos has dado mala vida, sí, pero también el mayor cúmulo de sentimientos, sensaciones y ternura infinita que existe. Nos has enseñado a ser más pacientes, más humanos, más humildes (a base de zascas y de frustraciones, eso sí), a querer más allá de lo imaginable, a preocuparnos constantemente por algo más grande que nosotros (a mí concretamente me has convertido en una cagona, a la que le aterra pensar que puedas faltarnos o que podamos faltarte). 

En estos tres años te hemos visto crecer con orgullo, a apreciar cada logro, por tonto que fuera (como se puede aplaudir tanto, bailar y cantar por ver a alguien comerse unas fresas o pedir pis, es para hacérselo mirar), a descubrir el mundo de nuevo a través de tus ojos, donde todo es mucho más puro y bonito. 
Hemos aprendido lo que es el agotamiento y la paciencia más allá de lo que creíamos posible, y también que todo el cansancio del mundo se arregla con una sonrisa tuya o tus brazos chiquitinos dándonos un mimo.
Hemos descubierto que el tiempo pasa volando y que por mucho que nos esforcemos, no podemos retener tu crecimiento, ni siquiera en la memoria, que nos juega malas pasadas (no sabes la pena que me da a veces no recordar apenas como era tenerte en brazos cuando eras un bebé). Contigo todo es presente: un presente vivo, alegre, cambiante, que nos trastoca siempre los planes, que nos pone patas arriba las ideas y la casa.

Tres años en los que nos has hecho más responsables, porque sabemos que hay una personita que nos necesita las 24 horas del día, los 7 días de la semana y para la que somos el centro de su universo; y más prácticos, porque no hay tiempo ni energía para desperdiciar en cosas que antes nos parecían importantísimas, pero, ¿sabes qué?, que no lo son. 

En tres años nos hemos dado cuenta de que no hay nada mejor que asomarse a la vida jugando y que nada más importa si conseguimos que seas feliz cada día. Porque desde aquel 25 de julio de 2013, vivimos buscando escuchar tu risa a diario.

Tres años en los que nos hemos quejado, mucho, muchísimo, de no dormir, de estar agotados, de sentir que a veces podías con nosotros o nuestra paciencia; pero también tres años con la certeza absoluta de que eres lo más bonito que hemos hecho en la vida.

Y lo mejor, es que esto sólo acaba de empezar, y a ti te quedan muchas cosas por aprender, y muchas por enseñarnos.

Feliz cumpleaños, mi Cachorrina.


lunes, 11 de abril de 2016

Miedo en el cuerpo

Desde hace ya unos meses, la Cachorrina ha entrado en una etapa maravillosa de su vida: está más graciosa que nunca, juega con todo y con todos, no se calla un segundo, canta a todas horas, se ríe, reparte mimos y abrazos para hacer chantaje emocional y también porque te quiere... Lo que viene siendo que nos la comeríamos con patatas, o sin ellas, porque se nos cae la baba. 
Algo había oído acerca de los dos años y medio, como que a esa edad los bebés cambiaban y empezabas a ver la luz al final del túnel, y la verdad es que con la Cachorrina puedo decir que ha sido así... las rabietas son mucho menos habituales (de 5 ó 17 al día, hemos pasado a una a la semana), entiende perfectamente todo lo que le explicas (otra cosa es que decida obedecer o desafiarte, que una cosa es que las rabietas sean menos frecuentes y otra que renuncie a su edad del pavo prematura -que la tiene, vaya si la tiene-), te da los besos más tiernos del mundo, ríe a carcajadas si juegas con ella... Creo que hemos entrado en la etapa más bonita de su vida, y de nuesra experiencia como padres, y no me importaría que se quedara así unos cuantos añitos. 

Ahora bien, esta nueva madurez de la peque de la casa nos ha traido también nuevas e inquietantes situaciones; preguntas que hacen que se te ericen los pelos de la nuca, cuestiones que dan más miedo que ver el programa de Iker Jiménez sola en una casa vieja con suelos de madera que crujen y a la luz de las velas porque se ha ido la luz. Ahora mismo el top 3 del terror, los greatest hits de "muertamequedoenelsitio", sus preguntas favoritas para helarme la sangre en las venas son:

(Las preguntas hay que leerlas con una vocecilla dulce y chiquitina y acento medio asturiano medio mallorquín que es amor, directamente).
 
1.-  ¿Te ayudo?

Esta cuando más le gusta es cuando me ve con la fregona y el cubo lleno de agua y jabón. En cuanto la escucho me quedo quieta, paralizada en el sitio como una esfinge, esperando que si no me muevo no pueda verme, como el tiranosaurio rex, pero entonces es cuando viene hacia mí rauda y veloz, salvando todos los obstáculos en su camino y al grito de "yoyoyoyoyoyoyo!!!!", a lo que yo sólo soy capaz de imaginar un lago espumoso con olor a pino del bosque en mitad del salón, que tenéis que ver como, aprovechando mi estrategia de inmovilismo, me arrebata la fregona y va dejando un reguero de agua poor toda la casa hasta estamparla en la alfombra. 
En su favor tengo que decir que es muy de ofrecerse para la limpieza en general y que el polvo lo limpia divinamente. La tarea pendiente es la aspiradora, que la pobre se debe pensar que está viva y sale huyendo despavorida en cuanto la enchufo.

2.- ¿Te hago una trenza?

Escalofríos. No digo más. Viene hacia mí con el peine rosa de plástico con forma de corazón de peinar la cola al pony de Minnie Mouse y su mejor sonrisa de "te voy a dejar más guapa que a Elsa la de Frozen", que a una le nublan las neuronas el amor de madre y se deja arrancar mechones de pelo y rizar el rizo hasta hacerme rastas, y después dejo que me atuse el pelo y me lo azote como la melena de Carmina Ordoñez, que me arrea unas bofetadas de efusividad que me deja tibia. Pero luego me dice que estoy guapísima, como una princesa y que le cante "Let it go" y me da una abrazo que pienso que no puede quererse más. Y dejaría que me hiciera trenzas o encaje de bolillos con la melena.

3.- ¿Jugamos a ésto?

Dice con la caja de costura en la mano, o señalando el horno, o acercándose a coger los cuchillos del lavavajillas, o poniéndose de pie en el cabecero del sofa, que ella es muy de emociones fuertes. Sudores fríos y palpitaciones. Ahí lo dejo.

miércoles, 17 de junio de 2015

Carta a Nerea: Te echo de menos, mi chiquitina.

Llevo quejándome de mala vida, de sueño, de falta de ocio, de tiempo para mí, desde que apareciste en mi vida un 25 de julio de 2013.

Ahora he tenido que pasar 4 larguíiiiiiiisimos días lejos de ti, que estás disfrutando de tus abuelos y tus tías en Asturias, mientras mamá se queda trabajando en la isla, y no veo la hora de salir volando de aquí para achucharte, comerte a besos, que me des un mimo grande con tus brazos regordetes, que me digas “mami” y me regales un abrazo del oso (“bato ocho”, que dirías tú), que me tires de la chaqueta y del bolso para asegurarte que no me vuelvo a ir, que me cojas de la mano y me digas “mamá pinta” para que nos pongamos a colorear, que me cantes en bucle la canción de los pollitos y que me regales tu risa que juro por Dios que es el sonido más bonito del mundo entero.

Ya voy a verte mi Cachorrina.
Ya sale mi avión.
Ya estoy deseando quejarme de mala vida.

Te quiero!

miércoles, 25 de marzo de 2015

Criando (como podemos) a la Cachorrina

Últimamente, con esto de que la Cachorrina está empezando a mostrar su carácter en todo su esplendor y ya no sólo vale darle mimos y achuchones las 24 horas, si no que entre mimo y achuchón hay que tratar de enseñarle a convertirse en una persona de bien; estoy intentando informarme sobre cómo enfrentarnos a la ardua tarea de educar.

Lo cierto es que, como en todo en esto de la crianza, cada maestrillo tiene su librillo, y hay opiniones para todos los gustos: que si hay que educar desde el diálogo, que si castigando las malas conductas, que si únicamente premiando las buenas, que si hay que ser autoritario para que no te salgan hijos endebles, que si hay que comerlos a besos aunque hayan metido el ipad en la lavadora, que si hay que hacer cuadrantes de objetivos y recompensas con pegatinas de caritas felices y tristes, que si un cachete en el culo es necesario en determinadas ocasiones, que si hay que cuidar cada palabra que se les dice para que siempre se sientan valorados, que si los padres blandengues de hoy en día crían hijos tiranos, que si hay que dejarles que experimenten y se den los golpes que sean necesarios y se saquen las castañas del fuego, que si hay que guiarles y ayudarles todo lo posible porque están desprotegidos... Un follón, oiga.

No sé si debe complicarse tanto la cosa y teorizar mucho, porque nuestros padres no contrastaban tanta metodología y su único fin era conseguir que, mal que bien, saliéramos adelante; y lo hicimos. Y ellos hacían lo que sabían y/o podían (como cualquier padre/madre de hoy en día, no nos engañemos), y creo que la gran mayoría de nosotros somos adultos “normales” con nuestras alegrías y nuestros problemas, con capacidad de amar y ser amados y que no dejamos de sentirnos queridos por nuestros padres y de sentir gratitud por lo que han hecho por nosotros hasta llegar aquí. Y eso, ni más ni menos, es lo que quiero para la Cachorrina: educar con cariño y con sentido común.

No quiero que dude ni un segundo de que sus padres la quieren y van a estar a su lado siempre que lo necesite, pero tampoco quiero sobreprotegerla y que se sienta insegura porque piensa que nos necesita para todo y que ella no puede defenderse sola; ni consentirla, y que se piense que puede hacer siempre lo que le da la gana. Por eso básicamente intentaré usar la lógica y el instinto para reaccionar ante ella, corregir situaciones que no quiero que se repitan y fomentar las que sí.

Y esas reacciones naturales y espontáneas en el Cangués y en mí son:

-Aplaudir sus logros y progresos, para animarla a seguir experimentando.
-Ayudarla a levantarse y consolarla cuando se pega un morrazo de campeonato.
-Quitar importancia y dejar que se levante sola cuando son caídas o tropiezos sin peligro.
-Ponernos serios y decirle que NO de forma contundente cuando algo no puede ser, aunque llore como una Magdalena. Si no puede ser, no puede ser y punto.
-En mi caso, jurar en arameo antiguo y cagarme en todo lo que se menea, cuando la nena desafía el NO contundente y sigue haciendo lo que le da la gana.
-Comerla a besos, jugar, recordarle que la queremos y lo guapa que está cienes y cienes de veces al día, que no se diga que en esta casa no hay amor del bueno.
-Nunca, jamás, decirle que es mala. Los niños están aprendiendo lo que está bien, lo que está menos bien, lo que pueden o deben hacer y lo que no, así que no me gusta nada cuando se les dice a los niños que son malos; y además me parece peligroso porque pueden terminar creyéndolo.

Y cosas en las que me gustaría mejorar:

-Ser más racional con ella, -aunque no sé si se puede, que en plena rabieta, ponte tú a dialogar-, y tratar de explicarle las consecuencias de sus actos, para que pueda escoger hacerlas o no, o para que entienda que cuando le decimos que no puede hacer, coger, chupar o jugar con algo, es por una buena razón (aunque cuando juro en arameo es muy difícil pensar en todo ésto).
-Aprender a manejar las “perretas” que tiene cuando no le dejas hacer algo, para que cada vez recurra menos a ellas y así evitar que las siga teniendo a los 20 años y terminemos con García Aguado en Hermano Mayor.

Imagen vía Pinterest.

Me encantaría, mamis, papis y educadores/as del mundo, que me aportarais vuestros mejores consejos, para convertir a la Cachorrina en una niña feliz, pero sin asilvestrar.

¡Hasta el próximo post!

jueves, 19 de marzo de 2015

Sé que no me tengo que preocupar...

Desde que llegaste a nuestras vidas en forma de mini cigoto que crecía y daba patadas en mi barrigón, asistí maravillada a la ilusión, las ganas, el cariño y la alegría del Cangués por ser papá; así que no me tenía que preocupar porque sabía que él quería ser, y sería, un padre maravilloso.

Desde que naciste y le vi pasar las noches en vela mirándote embobado, aunque le tuvieras muerto de agotamiento, y levantarse por la mañana con ojeras y una enorme sonrisa al volver a verte; sé que no me tengo que preocupar por tus malos sueños, porque él ya está cuidando de ti.

Desde que empezaste a jugar, a gatear, a caminar, y le veo ayudarte incansable, hacerte mil  y un trillones de gracias para arrancarte tus primeras sonrisas, ofrecerte su mano 24 horas al día si es necesario para dar tus primeros pasos, imaginar juegos, cantar y hasta bailar para hacerte feliz, y levantarte con cariño de cada golpe y cada caída; sé que no me tengo que preocupar por tus progresos, porque tienes en él al mejor apoyo para avanzar.

Desde que dejaste el pecho y empezaste a comer otras cosas; veo como él te prepara biberones a la hora que sea, como trata de convencerte para una cucharada más de puré, como celebra contigo la llegada del postre. Y sé que no me tengo que preocupar por tu bienestar, porque con él nunca te faltará de nada.

Desde que empezaste a dar mucha guerra, dormir poco y mal, no parar ni un segundo en todo el día, romper cosas y tener pataletas; veo como él no pierde la paciencia y te trata de enseñar a ser un poco más civilizada, y a tranquilizarte y a darte abrazos que te calman más que cualquier otra cosa del mundo -si obviamos los gusanitos, claro-. Y sé que no me tengo que preocupar por tu mala leche, porque él siempre tratará de hacer de ti una persona mejor.

Desde que empezaste a investigar intrépida el mundo, correr por el parque sin dejar un rincón, subir a las alturas, caminar por los bordillos, poner a prueba tus nuevas habilidades; veo como él es tu compañero de juegos perfecto, con quien te sientes feliz y segura. Y sé que no me tengo que preocupar por tus ganas de hacer cosas nuevas, porque él te acompañará en tus aventuras.

Desde que empezaste a ir a la guarde y al parque, y a relacionarte con otros niños; veo cómo él te anima a jugar con ellos, a compartir tus cosas, a imaginar actividades divertidas para hacer juntos. Y sé que no me tengo que preocupar de que socialices, porque él siempre te ayudará a relacionarte y disfrutar de la compañía de los demás. 

Todos los días al vestirte, ponerte el chándal de la guarde, tus vestidos, tus vaqueros o cualquier cosa que tengas a bien ponerte encima de la cabeza; veo cómo siempre te dice lo guapísima que estás. Y sé que no me tengo que preocupar porque no te sientas querida y admirada, porque él siempre te recordará que eres preciosa.

Cuando veo cómo os miráis: él a ti, como si fueras lo más bonito que ha visto en su vida, y tú a él, como a tu súperhéroe particular; sé que ya no me tengo que preocupar por ser la mejor madre del mundo, porque él ya ES el mejor padre del mundo.

Al Cangués y todos los padres súperhéroes, incluido el mío: ¡¡¡FELIZ DÍA DEL PADRE!!!


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Drama mamá

Antes de tener a la Cachorrina, procuraba ir por la vida -y sobre todo, por la calle- aparentando cordura, y sensatez, (incluso iba peinada, maquillada y con tacones, pero ese es otro tema). Y, aunque es cierto que en ocasiones no lo conseguía del todo, porque tienden a pasarme cosas raras, creo que la mayor parte del tiempo lograba comportarme con una persona normal.

Sin embargo, después de la revolución hormonal del embarazo, el parto, el posparto, la lactancia y de las noches sin dormir, la cordura y la armonía neuronal brillan por su ausencia y te encuentras haciendo el majara por la calle por las razones más inverosímiles, (y no me refiero a cuando vas empujando la silla cantando en bucle las Canciones de la Granja 1 y 2 a grito pelado para aplacar la ira de la nena cuando se acerca la hora de comer).

Y es que el sábado, salí de paseo con la Cachorrina, mis suegros, que están de visita en la isla, y Coco,- el súper mejor amigo de la nena desde que su bisabuela se lo regaló hace mes y medio-, y a mitad de camino la nena se quedó dormida y dejó caer al pobre Coco, sin que ninguno de los cuatro nos diéramos ni cuenta.



Cuando unas calles más allá me percaté de que nos faltaba un miembro de la comitiva, en un ataque de "no sin mi muñeco", eché a correr como una loca desquiciada para desandar el camino recorrido en busca de Coco, con mirada de enajenada, buscando y rastreando las calles sin ver al peluche por ningún lado. Hasta que llegué al punto de inicio y me di cuenta de que alguien tuvo que haberse llevado a Coco, y entonces empecé a imaginar la tristeza infinita en la que se sumiría la Cachorrina al ver que Coco había desaparecido para siempre y que ya no podría ir corriendo a buscarlo al llegar a casa al grito de "Co-co-co-co-co-co", ni arrastrarlo y limpiar con él la mesa del salón, ni darle de comer el puré que ella no quiere metiéndole la cuchara hasta el esternón, ni morderle la nariz, zarandearlo o gritarle en zulú, ni llevarlo al parque y columpiarlo o tirarlo por el tobogán... Y como madre sin neuronas sanas que soy, empecé a llorar. Y llorando me acerqué a una pobre señora a preguntarle "si había visto algo sospechoso con un muñeco azul, de Barrio Sésamo, que es el favorito de mi hija, y ella lo llama Coco, es de las pocas cosas que sabe decir -moqueo sin parar-, y se le cayó en esta calle, y alguien se lo tuvo que llevar", "pues le compras otro, mujer", "es que ya no lo venden -sigo con el dramón-, se lo regaló mi abuela y es un muñeco de cuando yo era pequeña, y le encanta, y ahora nos lo robaron"... Y yo sonándome los mocos mientras la buena mujer me miraba con carita de pena, -que yo creo que si la achucho un poco me invita a un donut de chocolate para aliviarme el disgusto-.

Total que volví sobre mis pasos, arrastrando los pies y, debo reconocerlo: cagándome en toda la humanidad por cacos y por chorizos: que haber quién quiere el juguete de mi nena, que es suyo, que se lo devuelvan, hombre ya.. Cuando lo diviso a lo lejos en una barandilla de una bocacalle, sentado con su sonrisa y su nariz rosa, y sin vergüenza ninguna, doy un salto y grito "¡¡¡¡COCO!!!!" y salgo corriendo y lo cojo, y lo abrazo como a un hijo, y loca de felicidad voy corriendo a devolvérselo a la Cachorrina, ... que lo ignoró completamente porque estaba muy entretenida en los columpios. Con lo que Coco y yo habíamos pasado... 

Y colorín colorado, este relato basado en hechos reales, sobre una mamá a la que se le han terminado los tornillos, se ha acabado. Que me gusta un drama... ;)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Semenamoraelalma...

... Cada vez que me ofreces un juguete, un libro o cualquier cosa que te encuentres, y me miras con esos ojazos y me sueltas un monosílabo cualquiera -qué significa "lo", "ta" o "li" es algo que todavía tenemos que establecer-, para pedirme que juegue contigo... Y cuando te veo ofrecer también tus juguetes a otros niños en el parque (y a veces me estalla el corazón de ternura al ver como los persigues con tu bracito extendido y tu juguete en la mano, sin que tengas mucho éxito porque son niños más mayores que están jugando a otras cosas). Y se me enamora el alma porque eres muy chiquitina y aún no nos ha dado tiempo a enseñarte a compartir, y veo que tú ofreces lo que tienes de forma natural y eso me hace sonreír porque pienso que seas como seas... ya eres buena gente...


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ni contigo ni sin ti

Hace unos días, al Cangués y a mí nos regalaron (un ángel del cielo -¡¡gracias!!-), la posibilidad de escaparnos dos días enteros, con sus dos noches, y todas las horas de en medio, para dedicarnos a nada más que a mirarnos el ombligo, -cada uno el suyo, o el del otro, da igual-, sin Cachorrina de por medio, ni madrugones, ni despertares nocturnos de esos que restan años de vida, ni vueltas y vueltas (y vueltas y vueltas...) en el parque, ni bibes, ni purés, ni cacas, ni Canciones de la Granja... sólo dos días para relajarnos y disfrutar de unos instantes de paz, amor y felicidad parejil, mientras los abuelos y las tías se pelean por la custodia temporal de la nena, cuando estemos de visita en Asturias.

El caso es que, teniendo en cuenta que la mayor parte del año vivimos lejos de la familia, sin nadie con quien soltar a la Cachorrina -ni una tarde para ir al cine, ni media hora para ir a la pelu, ni ná-, cualquiera podría pensar que saltamos de alegría y que si por nosotros fuera, en lugar de dos días, sería una quincena, pero a la hora de la verdad, el Cangués (que es un blando) lo único que pudo pensar fue "¿cómo vamos a estar dos días enteros sin ver a la Cachorrina?". Y así fue, tuvimos que pedir una reducción del plan a sólo un día y una noche de relax. 

Lo peor de todo es que yo estaba de acuerdo con él, e imaginar no verla tanto tiempo se me hacía rarísimo, así que no pude evitar pensar en que la maternidad/paternidad es una contradicción continua, un ni sí ni no, ni todo lo contrario, un ni contigo ni sin ti de libro, y a los hechos me remito:

-Por mucho que nos quejemos de la mala vida que nos da la peque, separarnos de ella nos parece como separarnos de una parte de nuestro cuerpo, como si tuviéramos que pasar el fin de semana sin una pierna, oiga.

- Si los días se nos hacen eternos, y parece que no se terminan nunca cuando tienes que pasarte horas corriendo detrás de ella por casa, en el parque, recogiendo, limpiando lo que ensucia, cantando, jugando, dando desayuno, comida y cena, despertándote las veces que haga falta en una noche y paseándola kilómetros de pasillo para que se calme y se duerma, el caso es que los meses y los años se quedan en nada y pasan tan deprisa que ni te das cuenta de lo rápido que crece. ¿Cómo narices pueden ser los días tan largos y los meses y años tan cortos?

- Aunque estemos semanas organizando un plan sin ella para desconectar, y cantando a los cuatro vientos que por fin seremos libres unas horas, nos pasamos esas horas pensando en qué estará haciendo, si se estará portando bien, llamando para preguntar cómo está, y muriéndonos de risa recordando sus caras, sus gestos, sus gritos de loca y toda la mala vida que puede estar dándole en ese momento a quién la esté cuidando.

- A pesar de que muchas veces yo juro que la regalaría sin remordimientos al primero que pasara por la calle y prometiera darle cariño, hay otros momentos en que la miro y siento que si la quiero más exploto, y tengo que respirar profundo y coger aire porque el amor no me cabe en el pecho.

-Me paso la vida muriendo de ganas por un plan de adultos, y al final resulta que mi momento favorito del día sigue siendo cuando estoy con ella tirada en la alfombra jugando, riendo y robándole achuchones.

- Aunque la mayor parte del tiempo estemos agotados porque nos cuesta seguirle el ritmo, y no paremos de quejarnos de lo que nos cambió la vida a peor en muchos aspectos, lo cierto es que ya no querríamos una vida en la que no estuviera ella.

Vamos, que nos quejamos de vicio, porque no hay nada que nos guste más que verla jugar y reír y crecer y aprender, y que un lametón suyo bien vale un día eterno de mala vida.



¡Que tengáis buena semana!

domingo, 11 de mayo de 2014

Semenamoraelalma...

... Cuando te frotas los ojos de puro sueño pero te resistes a dormirte para poder seguir jugando o investigando cosas...
... Cuando me ves llegar y alzas los bracitos pidiendo que te coja...
... Cuando te sientes sola jugando, o te haces daño o simplemente quieres que vaya corriendo a tu lado y me llamas mmma-mmma, mmma-mmma...
... Cuando me das besinos de Cachorrina y te lanzas sobre mi papo para olerme y darme pequeños lametones y yo te devuelvo besinos y te da la risa...
... Cuando vas en la silla asomada hacia adelante mirando a todos lados, tratando de no perderte nada de lo que ves...
... Cuando hablas sola en tu idioma y haces pedorretas y practicas nuevos sonidos y formas de sacar la lengua...
... Cuando juegas a tirar las cosas y te quedas mirando al suelo a esperar que vuelvan a ti...
... Cuando echas la siesta cogida de mi mano porque así duermes más y mejor...
... Cuando estás muerta de sueño y dejas caer la cabeza sobre mi hombro, abrazada a mí, en el gesto más tierno que pueda experimentar nadie...
... Cuando te quedas dormida y ríes en sueños...
... Cuando te decimos que no puedes hacer algo y niegas con la cabeza mirándonos fijamente con esos ojazos enormes...
... Cuando te cojo para bailar contigo y damos vueltas y te ríes, con esa risa que es el sonido más bonito del mundo mundial...
... Cuando das palmitas y pataleas porque te sentamos en la trona y te ponemos el babero y sabes que es hora de comer...
... Cuando te comes un trozo de pan y no dejas ni una miga que intentas atrapar con los dedinos con insistencia hasta que lo consigues...
... Cuando respiras agitada de emoción al ver un objeto nuevo al que echar mano...
... Cuando pienso en todo lo que nos queda por vivir y aprender juntas...
... Cuando me agotas, te enfadas, me enfadas, repunas, no sabes ni tú lo que quieres, no nos dejas dormir y te despiertas cada hora, y aún así te miro y sé que eres lo más bonito que me ha pasado en la vida...


Para todas las mamás que han sentido o sienten que se les enamora el alma, y muy especialmente a la mía... ¡¡Felicidades!! (Con una semana de retraso, pero ya se sabe: más vale tarde que ciento volando ;)...)
Para los que os perdierais la felicitación puntual del año pasado, aquí os dejo el enlace :)

martes, 31 de diciembre de 2013

Carta a Nerea (VI)

Querida heredera,

Hoy es 31 de diciembre de 2013, lo que quiere decir que hoy se termina el año en el que te incorporaste a nuestra familia para revolucionarnos la vida a tu padre y a mí. Un año diferente a todos los vividos hasta ahora: un año sin fiestas de prao, sin sidras, sin tacones, sin vermuses eternos con los amigos, sin vacaciones, sin viajes, sin cenas románticas, sin salidas con nocturnidad y alevosía, sin copichuelas, sin farturas y jarana hasta las tantas, sin tiempo ni para peinarme...

Y a cambio el año que hoy despedimos me trajo un barrigón enooorme, pantobillos, acidez, torbellinos de emociones hormonadas, vaqueros con cinturilla elástica, cerveza sin, análisis, ecografías, contracciones infernales, oxitocina, noches en vela, ojeras hasta los tobillos, cabezazos contra las paredes de puro sueño, sustos de muerte, alopecia, pañales, el aspirador de mocos como elemento de tortura (para los padres). Vacunas, estrés maternal, insomnio, horario infantil, pezoneras y sacaleches; cacas y vómitos a cascoporro, responsabilidad, remordimientos de madre y agotamiento infinito.

Pero también nos trajo tu sonrisa, tu mirada (qué ojazos, hija mía), esos rizos, pelo Pantene, ropita pequeñita y preciosa, piel suave, olor a bebé por toda la casa, carricoches, cunita, tu querida hamaca, tu mochila, maninas regordetas que te agarran la nariz, se te meten en la boca y te cogen de los dedos; besinos de cachorrina, mimos, papos para comer y muslos con pliegues. Achuchones, juguetes de colores esparcidos por toda la casa; hora del baño -con el suelo empapado desde que descubriste lo diver que es patalear en el agua-, juegos y canciones, paseos larguíiiiisimos; siestas abrazadas ,en las que más que dormir, me dedico a mirar y remirar lo preciosa que estás dormida... y despierta.

Nanas, estrategias ninja para que te duermas sin darte apenas cuenta, lactancia materna, solas tú y yo; abuelos más ilusionados que un niño la mañana de Reyes, tías que se declaraban "no niñeras" y ahora beben los vientos por su sobrina, padres embobados que ni con todo el cansancio del mundo pueden renunciar a un sólo momento de sacarte una sonrisa, cienes y cienes de regalos de familiares y amigos (no puedes imaginar la cantidad de gente que se alegró con tu llegada y nos dio sus muestras de cariño... eres muy querida, Nere...).

Los qué pacha aquí, dónde está Nerea, cinco lobitos tiene la loba,  mi pequeña oviedista, medio carbayona, medio canguesa. La súpercachorrina, felizona y facilona, los chupetes, la cámara de fotos en mano, vídeos para no olvidar lo pequeñina que eras y lo rápido que creces; grititos  y nuevos sonidos que aprendes cada día y llenan la casa de alegría; esos bracinos que no coordinan, lo asustona que eres y los abrazos fuertes, fuertes para tranquilizarte; pedorretas, pucherinos que enamoran, dibujos en inglés para "que vayas cogiendo la pronunciación", el Cangués más guapo que nunca en su papel de mejor padre del mundo mundial. 

Tus bodies, tus pijamitas, tus vestidos y zapatinos, que son una monisitez; los "qué guapa eres, la Virgen!",  "dictadora!" (nain! nain!), los esfuerzos para no comerte a besos, los abrazos y juegos los tres juntos, el "somos una familia", el "qué bien estamos aquí los tres", las ganas de retener cada instante en la memoria para no olvidar tu carita y tus expresiones, que cambian tan rápidamente y se nos escapan sin que podamos darnos ni cuenta, pero que dan paso a nuevas sorpresas, progresos y alegrías renovadas cada día... Y todo eso me encanta y no lo cambiaría ni por todas las fiestas de prao del mundo (y esto dicho por tu madre vale un potosí).

Hoy hace un año que me quedé dormida entre uva y uva, con ese sueño incontrolable que me dio el embarazo y que me preparaba para los meses más agotadores de mi vida, que también fueron los más felices, porque tú ya estabas conmigo, desde ese instante impagable en el que vi por primera vez tu cuerpecito diminuto a unos ojos pegado, que ya parecían querer observarlo todo, sin el que ya no sabemos vivir... Y ésto sólo acaba de empezar, mi cachorrina.

Te quiere,

Mami

PD a terceros: Feliz 2014 para mi Cachorrina, mi Cangués y todos los que estáis ahí fuera. Que el próximo año sigáis tan guapos y seáis felices. ¡¡¡Vaya bien que lo vamos a pasar!!!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Monisiteces: la cachorrina con su gorrito búho

La peque es una monisitez en sí misma con su nuevo gorrín-búho, regalo de una compañera de la carrera de su mami, que es una artista y le hizo un gorro incluso más chulo que los que yo os había enseñado en el blog en este otro post. Aquí os dejo una foto de la modelo, que se sabe graciosísima con él y sonríe a cámara en un posado en toda regla.



Muero de amor, no me digáis :)

jueves, 1 de agosto de 2013

¡¡La cachorrina en persona!!

Post express (ando con los horarios trastocaos y no tengo internet), para enseñaros a Nerea. Nació el jueves 25 de julio a las 22:30 horas después de 40 horas de dilatación (mucha muerte). A pesar de que todo apuntaba a que sería enorme, fue todo lo contrario, la cachorrina es un ratonuco de 2,650 kg y 47 cm, pero es preciosa, súper despierta y muy buena -comer y dormir es todo lo que le interesa-.

En breves espero poder sacar tiempo y contaros cómo fue todo y hablaros más de ella. Gracias por los comentarios y mensajes interesándoos por ella :)




 El Cangués y la cachorrina felices y contentos juntos.

¡¡Ese puñín para saludar a l@s bloguer@s!!

¡¡Un besazo!!

jueves, 18 de julio de 2013

Carta a Nerea (V)

Querida hija,

Siento que esto del embarazo está llegando a su fin -y no quiero meter presión, pero debería-. Cada vez noto más sensaciones en mi cuerpo que me dicen que estás muy cerca de salir a cambiarnos la vida para siempre a tu padre y a mí. Y la verdad es que acoj...ngoja un güevo, no te voy a engañar. A veces me doy cuenta de que paso la mitad del día animándote para que vayas cogiendo posición de salida, y muchas de esas veces termino diciéndome "tú mucho animar a la nena, pero el día que te haga caso y salga de verdad te va a dar un pampurrio que te va a dejar los ojos centrifugando modo Marujita Díaz" y entonces me encuentro acariciándome el barrigón y diciéndote que te tomes el tiempo que necesites, que aquí estaremos esperando igualmente aunque tenga que lucir barrigón hasta tu mayoría de edad, así que ya estarás pensando que tu madre tiene un trastorno bipolar severo.


Pero es que sé que cuando nazcas ya nada será igual: ni yo podré ser la misma, ni tu padre será el mismo, y el Cangués y yo ya no seremos el Cangués y yo, porque habrá nacido una familia. UNA FAMILIA. Y creo que no habrá nada más importante en el mundo que eso, ni más bonito, ni nada que pueda hacerme sentir más feliz ni más afortunada pero, por eso mismo, creo que tampoco habrá nada que pueda asustarme más. Mi mayor preocupación ya no seré yo misma ni mis chorradas: ni si no tengo nada que ponerme en este armario en el que no cierra ni la puerta y me escupe perchas a la cara porque ya no caben más vestidos, ni dónde es la próxima fiesta de prao para beber sidrina y perseguir al Cangués para que baile conmigo como si no hubiera un mañana, ni si sesenta pares de zapatos no son suficientes, es que los necesito (en esto espero tu colaboración para explicárselo a tu papi); si no que deberé mantenerte con vida durante toda la mía (que pasan cosas muy raras y desde que una ve las dos rayitas rosas en el test de embarazo vive ya con el corazón en un puño pensando en como proteger a su cachorrina) y, a ser posible, tratando por todos los medios que estén a mi alcance -y los que no, también-, de que seas feliz... casi nada.

Pero, a pesar del susto, quiero que sepas que me muero por verte, por abrazarte y por mirarte con esos ojos con los que una madre mira a sus hijos y que no son comparables a ninguna otra mirada que yo haya visto jamás -juro que en más de una ocasión se me han puesto los pelos como escarpias viendo a una madre mirar a sus retoños, y da igual que éstos tengan tres años que cincuenta y siete-. 

Así que cuando quieras, Nere, estamos preparados para recibirte, para cuidarte y para quererte más que a nada. Y aunque, seguramente, haremos cosas bien, otras no tan bien, y otras la liaremos parda directamente -no nos vamos a engañar, que vienes sin instrucciones, ni en chino o arameo si quiera, y tenemos que aprender el funcionamiento del asunto sobre la marcha-, no nos lo tengas muy en cuenta porque prometo que no te vamos a faltar nunca, sé que vamos a ser muy felices los tres juntos en esta pequeña familia nuestra y, qué leches... ¡lo vamos a pasar teta! :D

Un besín, 

Mamá

lunes, 3 de junio de 2013

Carta a Nerea (IV)

Querida hija,

Llevas 33 semanas campando a tus anchas dentro de mí (cosa que todavía a veces me parece increíble) y eso quiere decir que, como mucho, en 7 semanas nos veremos las caras. Yo a ti te veré como la cosita más preciosa que haya pasado por el mundo en la historia de la humanidad y tú seguramente me verás sudando, con la cara de agotada de los dolores y de empujar, colorada del esfuerzo, los ojos inyectados en sangre, con un camisón horrible que te deja el culo al aire y con pelos de desquiciada, pero no me lo tengas en cuenta, que tengo momentos mejores. Tú fíjate en papi que estará ahí tan guapo y tan contento.


Quiero anunciarte que lo que habíamos hablado de que tendrías mucha suerte porque nacerías en julio, pleno verano, que nos vendría genial para hartarnos a dar paseos al solín, puede que no sea del todo así. Es más, puede que vayas a nacer en pleno inicio de una nueva era glaciar en vista de que en el mes de junio el sol todavía ni está ni se le espera por estos lares (el hombre del tiempo miente por la tele y dice que ya ha llegado el verano y suben las temperaturas en toda España y todos los días sale el sol, chipirón, y los pajarillos cantan... falacias!!: desde ayer deberíamos tener ese sol radiante y por aquí seguimos sin alcanzar los 10 grados, con el cielo encapotado y orbayando). Si mis sospechas de glaciación se llegaran a confirmar, yo te contaré historias de cómo el sol hacía florecer los campos y morenear las pieles, incluso te pondré imágenes maravillosas de atardeceres en el mar. 

Este atardecer lo disfrutamos tu padre y yo hace un año en Lanzarote... aaayyy...

Decirte que hasta papá está preocupado porque desde que eras un microcigoto no hemos podido ponerte al sol y claro, piensa que vas a salir con raquitismo u osteoporosis por la falta total de vitamina D... prubitina mía, tan chiquitina... De todos modos, todavía hay esperanza y tenemos mes y medio para darle tiempo a llegar al verano (porque para la primavera ya es tarde) y para que puedas poner las patucas al sol con esos conjuntinos, vestidos y bodies veraniegos que te están esperando en el armario.

Por otro lado, a lo mejor notas a mami más agotada que de costumbre estos días pero es que, en pleno octavo mes de embarazo, nos ha parecido una idea de lo más chachi hacer mudanza (a un piso muy cuco, eso sí), así que entre el barrigón (hay que ver lo que pesas ya, hija mía), las patadas que me arreas (sin acritud), las caminatas que me mete tu padre y ahora las sesiones de vaciado de armarios, empaquetado de cajas y bolsas y limpieza, acabo con un doló que paso el día deseando que llegue la noche para hacerme la muerta en el sofá.

Por lo demás, ya tenemos más cositas para ti y poco a poco vamos completando tu equipación. Ya han llegado los sacos para la silla y el capazo -ya verás que monisitez y que comodísima y guapísima vas a ir ahí dentro-, además ya tienes más ropina y sitio para guardarla (¡menudo armario te vas a gastar en el piso cuco!). 

Espero que sigas cómoda ahí dentro, aunque por los nuevos movimientos que haces, los sitios extraños por los que aparecen pies tuyos (o codos o vete a saber) en forma de bultos duros en el barrigón y el brío que adquieren tus patadas, yo creo que el sitio se te está quedando más bien enano y que, además, ya estás con la cabeza hacia abajo, preparándote para la triunfal salida. Así que sólo puedo decirte que aguantes un poco, que ya falta menos y que tenemos unas ganas locas de achucharte.

Un besín,

Mami.

Imagen niña vía Pinterest.

viernes, 31 de mayo de 2013

Contacto piel con piel

Una de las cosas que más me preocupan del momento del parto, desde que empecé a informarme de todos los protocolos de actuación en los hospitales y maternidades y de las opciones que existían para decidir cómo sería el parto mismo y las horas anteriores y posteriores a él, es que se permita y favorezca el contacto precoz piel con piel de los bebés con sus madres o, en su defecto, con sus padres.



El contacto piel con piel, o apego precoz, consiste en posibilitar el contacto precoz del recién nacido con su madre nada más nacer, colocándolo encima de su pecho en cuanto se produce el parto. Con ese contacto piel con piel con la madre, -antes de hacer cualquier otra cosa, como pesarlo, darle vitaminas, vestirlo, etc.-, se favorece el establecimiento temprano del vínculo madre-hijo, se facilita la lactancia materna inmediata y el bebé se siente protegido estando en los brazos de su madre, cuyo olor reconoce, arropado por ella y llegando instintivamente al pecho para su primera toma. 

A mí personalmente, el contacto precoz piel con piel me parece indispensable y creo que es el punto al que más importancia doy de todos los que incluye mi Plan de parto. 



Cuando la cachorrina salga y se encuentre con un mundo que desconoce, y empiece a sentir cosas que nunca había sentido y que la asusten, como frío, hambre e inseguridad, cuando vea que ya no está calentina y protegida en su pequeño espacio, sino que sale a un sitio enorrrrme, donde no siente todo su cuerpo arropado, ni hay agua, que es a lo que está acostumbrada, y tiene una nueva necesidad que es la de respirar por sí misma, y no a través del cordón, considero fundamental que lo primerísimo que se haga es ponerla en brazos de su madre -yo misma-, para tranquilizarla y darle seguridad y cariño, y que no, en medio de ese caos y cúmulo de cambios que le darán miedo a la pobre, se la lleven en volandas como una mercancía a ponerle etiquetas, pincharla, echarle colirio, pesarla y manejarla de mil maneras para terminar de rematarla del susto... prubitina mía. 

Por eso mismo, también haré constar en el Plan que si, por la razón que sea - una complicación, una cesárea, etc.-, no resulta posible que me la den a mí inmediatamente, que se la den al Cangués para que sea él el primero que esté con ella y pueda darle calor y protección piel con piel, arropándola esos primeros instantes de vida, que para todo lo demás ya habrá tiempo y lo primero es que esté con sus padres.


Os dejo un vídeo que habla de la importancia de recuperar la práctica del contacto inmediato piel con piel del recién nacido y su madre, que se trata de una recomendación de la Organización Mundial de la Salud y que, por fortuna, ya cada vez es más común en los hospitales españoles.

Me está dando problemas blogger y no me deja insertar el vídeo, así que os dejo el link hasta que lo solucione!!http://www.youtube.com/watch?v=liYG83kSRf8


Que tengáis buen fin de semana :)

Imágenes vía Ygeia y Petreraldía.

miércoles, 22 de mayo de 2013

La paz interior

Cuando una de mis amigas estaba embarazada de su peque nos habló, una tarde que estábamos unos cuantos en su casa preparándonos para una sesión de picoteo-partido de Champions, de cómo se estaba sintiendo con el embarazo: estaba más tranquila, nada la estresaba, no se agobiaba por cosas que antes le atacaban los nervios... vamos, que, según sus propias palabras, el embarazo le había dado "paz interior". (Eso sí, fue terminar su discurso del modo zen y pegar 4 voces por querer acercarnos a la tortilla antes de tiempo que temblaron los cimientos de la casa, por lo que nos reímos mucho de su paz interior -y aún hoy, tres años después, seguimos recordándoselo-). Pero ahora entiendo a qué se refería.



En mi caso, no sé si llamarlo paz interior o "me resbala muchísimo todo lo que no tenga que ver con el barrigón". Y es que me resulta difícil centrarme en otra cosa que no sea mi barriga, la cachorrina,  el embarazo, la maternidad, yo... Es como si el estar embarazada me hubiera provocado un estado de enmimismamiento que no se puede aguantar. No sé si será porque la inminente llegada al mundo de la peque ha recolocado ya todas mis prioridades vitales o si será porque no me deja olvidarme de ella ni un segundo a base de patadas ninja en las costillas, pero el caso es que últimamente no me resulta fácil centrarme en otra cosa que no tenga que ver con ella. Hasta el Cangués está aburrido, el pobre, y ya casi ni intenta sacarme otros temas de conversación porque sabe que pongo el modo llamada en espera, con musiquilla y todo -tititiritiriritiri-, y me dedico a pensar en lo mío: que si vaya patadón, que si cómo va a ser el parto, que si saldrá todo bien, que si lo tenemos todo listo, que si la semana que viene tengo que empezar a lavarle la ropita, que si tengo que coserme un cojín de lactancia, que si tengo que hablar de ésto en el blog, que si no tenemos todavía bañerita, que si la canastilla del hospital, que si a ver si se adelanta, que si me imagino cómo será (¡guapísima!), que si estará todo bien ahí dentro, que si cuando nazca tenemos que llevarla aquí, y allá, y hacer ésto y aquéllo... vamos, que soy un coñazo.

Estoy más desconectada de lo que me rodea, pensando más en el bienestar de la peque y de que el embarazo se desarrolle sin problemas que en cualquier otra cosa, y soy consciente que puedo llegar a aburrir de tanto hablar de lo mismo, pero no lo puedo evitar porque es lo que me ocupa la cabeza las 24 horas (hija mía, mami es un rollo). Así que aprovecho el post para decir, especialmente al Cangués, que espero volver a mi ser algún día; que esta introspección -que viene de serie con el embarazo, no es que me la invente yo-, algún día se me pasará y podré volver a darles importancia a otras cosas que el barrigón y la cachorrina han colocado en segundo plano. ¡Gracias por la paciencia!

:)
Imagen vía Pinterest.

domingo, 5 de mayo de 2013

¡¡Feliz Día de la Madre!!

Desde que sé que me voy a convertir en una de ellas, no hago otra cosa que fijarme en el comportamiento de las madres con sus hijos, empezando, por supuesto, por el ejemplo que más de cerca me pilla, que es mi propia madre (¡mamiiii!). Supongo que muchas veces a lo largo de nuestras vidas no somos del todo conscientes de lo que supone el amor de esa mujer que nos trajo al mundo y que lleva desde entonces luchando por mantenernos con vida y, a ser posible, felices y contentos.



Hoy quiero aprovechar el blog para felicitarle este día a ella, que le tocó la ardua tarea de criarnos a mí y a mi hermana, y también a mi abuela, suegra, tías, primas y amigas que ya son madres y a todas esas mujeres que, como ellas, se han emocionado ante su test positivo, han sonreído al notar los movimientos de su bebé en su interior, han hablado con su barriga o le han cantado cuando nadie las veía, han sentido miedo ante la idea de poder darle a sus hij@s los mejores cuidados de que eran capaces, han querido matar a la matrona, al ginecólogo y hasta a un celador que pasaba por allí, ante los dolores del parto o la incomodidad de una cesárea. Aquéllas que no pudieron evitar las lágrimas cuando les dieron a sus cachorrinos por primera vez, cuando se los pusieron en brazos, les miraron a los ojos y sintieron sus puñitos alrededor de su dedo.

Las que pasaron noches en vela descubriendo cómo alimentar y cuidar a sus hijos y sufrieron con preocupación cada uno de esos primeros llantos que no sabían interpretar; las que se levantaban para comprobar su respiración. Ésas que amamantaron a sus peques o les dieron cientos de biberones y papillas; las que aplaudieron cada palabra nueva, cada pasito y cada sonrisa; las que cambiaron pañales, prepararon comidas y pusieron lavadoras como si no hubiera un mañana.

Las que tuvieron un trabajo a jornada completa, 24 horas al día y 7 días a la semana, cuidando y criando a sus hijos, y las que lloraron con el corazón partido cuando se les terminó la baja por maternidad y tuvieron que aprender a separarse de ellos todos los días. 

Aquéllas que guardaron y pegaron en la pared dibujos horribles o trozos de arcilla deformes de sus pequeños artistas, las que se saben todos los bailes y canciones infantiles, y convirtieron a la Heidi o Dora la Exploradora de turno en una más de la familia. Las que aprendieron a ir preparadas con un bolso que ríete tú del de Mary Poppins, en el que cabían desde un plátano aplastado, hasta toallitas húmedas, tiritas, aspitos, pinturas de colores, coches de carreras, gomas y prendedores del pelo, galletas de emergencia, una pieza perdida del lego o  la colección de cromos que causaba furor en el momento.

Las que animaron en las funciones del cole o los partidos y competiciones de fin de semana, las que remendaban y pegaban rodilleras a los pantalones, las que ponían guapetones a sus retoños para que medio hora después pareciera ya que volvían de la batalla del Ebro. Las que pasaron noches enteras desveladas ante una fiebre alta o una mala tos, las que insistían en que te tomaras el zumo antes de que se fueran las vitaminas, las que hicieron un máster en chantaje y negociación para conseguir unas cucharadas más o un minuto de descanso.

Las mismas que mantuvieron la ilusión de sus peques, planificando, escondiendo y rastreando juguetes para después dejar que el mérito se lo llevaran unos señores gordos y feos venidos de Oriente. Las que limpiaban cualquier mancha en la cara de su hij@ escupiendo en un kleenex y frotando hasta que le borraban hasta los lunares. Las que ganaron canas el día que perdieron al niñ@ en el Carrefour, y kilos, terminándose la mitad del sándwich de Nocilla que quedaba olvidado ante la visualización de un columpio libre. Ésas mismas que veían con pánico, y el bote de Mercromina preparado, ideas peregrinas que incluían toboganes altísimos, patines sin domar y la frase "¡mira mamá, sin manos!".

Las que miran a su pequeñín (y no tan pequeñín) como si fuera la cosa más bonita del mundo, las que se sienten orgullosas hasta de los mayores desastres, las que escuchan los problemas del cole y los amigos, las que organizan cumpleaños y compran gusanitos para toda la clase. Las que se levantaban 2 horas antes para preparar la ensaladilla rusa, la tortilla de patata y los filetes empanaos para ir a la playa. Las que premian con abrazos, castigan sin ver la tele y aprenden el milenario arte del lanzamiento de zapatilla con efecto.

Las que aprendieron a aguantar los primeros desplantes, las malas contestaciones y la ingratitud de esa edad muy mala, y las que dormían con un ojo abierto y puesto en el reloj cuando ya los nenes creciditos salían por las noches. Las que suspiraban por los zapatos o el bolso de un escaparate, pero nunca se los llegaban a comprar porque el cachorro en cuestión necesitaba unos playeros nuevos, ya que en dos meses había pasado de calzar un 33 a un 37 (así sin avisar), o los libros del cole de ese curso costaban más que un riñón a estrenar en el mercado negro.

Las que dejaron desinteresadamente de ser protagonistas de sus vidas para dejar ese protagonismo a sus retoños; las que siempre les verán como los niñ@s que un día fueron, aunque ya sean unos señores calvos y con mal carácter de taytantos. A las que se les parte el corazón cuando la prole abandona el nido y esperan una visita o una llamada que diga "mamá, estoy bien".

Las que se vuelven locas cuando les dicen que serán abuelas y se lían a tricotar chaquetinas y patucos, aunque tengan que dejarse la vista de hacer y deshacer porque han perdido la cuenta de los puntos.

En definitiva: a todas las mamás (y a la mía más -que es la más mejor y la más guapa, porque lo digo yo-): ¡¡FELICIDADES Y GRACIAS!!

jueves, 25 de abril de 2013

Carta a Nerea (III)

Querida hija, 

Te escribo de nuevo para contarte qué tal van las cosas por aquí fuera esperando tu llegada. La verdad es que, quitando el tamaño de mi barrigón, que estás contribuyendo muy eficazmente a agrandar a diario, no hay muchos cambios. 

Que, hablando de agrandar, ya sé que cada vez hay menos sitio, y que ya tienes que estar encogidina porque se te acabó el espacio ese estupendo en el que hacías mortales atrás, florituras, triples tirabuzones y saltos varios, pero tampoco hace falta que intentes hacerte sitio a patada limpia, que a veces ya no sé si es que estás buscando la salida o que quieres seguir los pasos de papá con el kárate. El ataque gratuito a mis interiores de esta noche, con dos patadas voladoras que hasta me despertaron (y no es fácil despertar a tu madre, créeme), me hace temer por mi integridad física cuando seas un poco más grande y tengas algo más de fuerza. 

Estarás pensando que no ves que progresemos adecuadamente, porque mucho criticar patadones nocturnos y kilos de barrigón, pero de comprarte cosinas, ponerte habitación, mirar sillas y esas cosas ná de ná (ya, ya, y de lo tuyo qué). Pues sí, la verdad es que tienes razón, pero te diré que listas tengo ya para aburrir. Estamos dejando claro lo que necesitaremos (o más bien, lo que necesitarás tú, en detrimento de la economía familiar) y ya casi estamos listos para empezar a almacenar. De hecho, ya casi tenemos la silla, bueno, el trío, ya sabes. Al menos yo sí que lo tengo, pero entre ceja y ceja metido, que no pienso en otra cosa porque es una monisitez y encima nos sale genial de precio que nos hacen descuento (en contra de la voluntad del chico de la tienda, el pobre), ¡¡una ganga, Nere!!

Lo que sí te puedo decir es que tienes a tus abuelas en una guerra del punto y el tricotaje que da gusto verlas: venga mantas, toquillas, chaquetinas y capotas... frío no vas a pasar, te lo digo yo.

¿Sabes qué?, a mami ésto del blog le está dando muchas alegrías y, además de ganar visitas y lectores todos los días e ir conociendo gente nueva gracias a ello, resulta que ahora también me cae algún premio, ¿cómo te quedas? No es que saquen de pobre, pero hacen una ilusión tremenda, que una es muy agradecida.



 Gracias a Mamá Periodista, Blog de una embarazada y Planeando ser Padres, respectivamente. (Los premios vienen con deberes, que no se me olvida...)



También quiero decirte que ahora ya quedan menos de 3 meses para que salgas, y a mí ya me está entrando el nerviosismo. Tenemos muchas ganas de verte, ¿sabes? Tantas que se nos hace un poco larga la espera, de hecho a tu padre le parece que hace tiempo quedaron atrás los 9 meses y que vamos camino de una gestación elefantiana de 22. Pero comprende que nos pueden las ganas de conocerte, verte la carina y aprender de ti y contigo, de saber cuál será tu carácter, si serás remungona, tendrás mala leche, serás buenina, qué cosas te gustarán y que cosas harán que nos destroces los tímpanos, si serás guapísima como papá, o felizona, como mamá... Pero no te preocupes, tú a tu ritmo y sin prisa, que ya nos veremos los caretos.

Me despido por hoy, que voy por ahí a mover el barrigón, que falta hace.

Un besín enorme,

Mami


miércoles, 27 de marzo de 2013

Lactancia materna, sí o no

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva para alimentar a los recién nacidos hasta los 6 meses de vida, y combinada con otros alimentos hasta los dos años. Sin embargo, desde que se produjo la incorporación de la mujer al mercado laboral las cosas cambiaron y se tendió a reducir el tiempo de lactancia (ajustándolo a la baja por maternidad) o incluso a eliminarla por completo sustituyendo desde el inicio la leche de la madre por la leche artificial. Afortunadamente, de unos años para acá, la tendencia vuelve a ser recuperar la lactancia materna como forma de alimentar al bebé en sus primeros meses, pero se trata siempre de una decisión muy personal de la madre --bueno, y si le dejamos, del padre-- que sus razones tendrá para escoger una opción u otra sin que por ello sea mejor o peor madre y sin que la sociedad, familia y entorno deban juzgarla por ello y atosigarla a consejos que contradigan sus deseos y los de su bebé.



Aquí os dejo con los pros y contras de una lactancia y otra, y al final os cuento lo que yo tengo pensado hacer con la cachorrina.


LACTANCIA MATERNA


A favor:

- Es la forma natural de alimentar a los bebés desde que el hombre es simio, como cualquier mamífero. La naturaleza es sabia y no pone ahí la leche por nada, digo yo.
- Es muy cómodo tener siempre la comida del bebé a mano --la teta está siempre en su sitio, disponible y lista para usar en cualquier momento y lugar.
- La leche ya sale esterilizada y contiene anticuerpos que pasan de la madre al bebé y aumentan sus defensas.
- Se crea un vínculo especial entre madre e hijo, ya que favorece el contacto piel con piel y el bebé se siente más tranquilo. Y, por lo que cuentan, la experiencia tiene que ser preciosa.
- El bebé desde el nacimiento instintivamente busca teta, no biberon ergonómico con tetina ancha anatómica en látex, talla uno, flujo lento y válvula antigases, en color rosa y con dibujos de elefantitos (es un mundo, como el de las sillas, ya le dedicaremos un post).
-  Es completamente gratis, con lo que te ahorras una pasta en dar de comer a la criatura durante el tiempo que dure la lactancia exclusiva.
- Facilita las digestiones del nene.
- Es de sabores, como los yogures. La leche materna sabe diferente según lo que haya comido antes la madre, así tiene más variedad el peque.
- Te recuperas antes del parto y adelgazas más rápidamente (esto es muuuuy a favor para las que, como yo, llegamos tarde cuando repartieron los metabolismos rápidos).

En contra:

- Estás esclavizada porque eres la única que puede alimentar al bebé, y tienes que estar siempre con la teta a punto, estés dónde estés y en el momento que sea (y puede resultarte bochornoso tener que ir enseñando los pechos en según que sitios).
- Al principio dicen que puede ser muy molesta y dolorosa hasta el punto que muchas mamis abandonan.
- Al ser la leche materna más digestiva, el bebé requiere más tomas al día.
- Tienes que controlar tu dieta para que no le lleguen según qué alimentos: sigue prohibido el alcohol, la cafeína y los embutidos y alimentos crudos, si no has pasado la toxoplasmosis.

LACTANCIA ARTIFICIAL


A favor:

- Los niños que toman biberón desde el  nacimiento se crían igual de bien que los otros, por mucho que digan.
- El papi puede también participar de la alimentación del bebé desde el principio, con la consiguiente liberación de la madre.
- Al tardar más en digerir la leche, el bebé necesita menos tomas y por tanto inviertes menos tiempo en darle de comer. Además siempre controlas las cantidades que come el peque.
- Se acabaron las restricciones en el comercio y el bebercio
- No duele.
- Te evitas tener que pelearte con el niño cuando quieras pasarlo de la teta al biberón.

En contra:

- Tienes que preparar la leche antes de las tomas y tenerlo siempre todo bien organizado (con carreras de última hora al súper o la farmacia incluidas).
- La leche carece de anticuerpos, no reproduce la complejidad de la leche materna y es más fácil que produzca gases y estreñimiento.
- Sabe siempre igual.
- Es necesario llevar todo el equipo de biberones, leche, medidas, agua caliente, etc., encima.
- Hay que esterilizar previamente todo el instrumental.
- No te ayuda a recuperarte del embarazo y el parto (todo pasará a depender exclusivamente de tu fuerza de voluntad, y yo no gasto de éso).
- Es muy caro porque debes invertir en leche, bibes, esterilizador y demás.


Aún sopesando muy bien todos los pros y contras, hay que ir con la mente abierta porque a lo mejor la experiencia, tu cuerpo o tu bebé te marcan un camino por el que tú en principio no habías optado y se te trastocan los planes. Yo tengo claro que sea como sea, cualquiera de las opciones es válida y la cachorrina se criaría perfectamente tanto con una como con otra, pero, si nada me lo impide, yo le daré el pecho al menos los 6 primeros meses. Me apetece mucho pasar por esa experiencia, me considero muy poca cosa para contradecir a la madre naturaleza y, además, después de lo de las sillas, no me veo con fuerzas para enfrentarme a la eleccion de biberones. Pero como dice el Cangués, ya lo veremos sobre la marcha...

Y vosotras qué preferís, ¿lactancia materna o artificial?


Fotos vía Pinterest