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jueves, 3 de octubre de 2013

Las visitas en el hospital



Antes de dar a luz nunca me había planteado cómo se debía actuar ante la llegada al mundo de un bebé de un familiar o amigo, ni me había parado a pensar en lo que sentirían el recién nacido y sus padres en sus primeros días de vida, ni cómo éstos y aquel querrían pasar sus primeras horas juntos. Por eso, cuando llegó el momento de que la cachorrina viniera al mundo, vi normal la costumbre de que familiares y amigos desfilaran por la habitación de la maternidad a ver al bebé diminuto, con su carita de recién llegado, y a su madre, con su cara de “pensé que no lo contaba” y su barrigón blandengue postparto que parece que te han dejado otro guaje dentro. 

Sin embargo, debo decir que, ahora que lo he vivido, ya no lo veo tan normal. No sé si fueron las hormonas o el agotamiento tras 50 horas de contracciones sin pegar ojo pero, una vez que tuve a mi cachorrina conmigo, a mí me sobraba todo el mundo y sólo quería que estuviéramos solos y tranquilos nosotros tres: el Cangués, la peque y yo. Y cuando digo todo el mundo, digo todo el mundo, -con deciros que hasta eché a mi hermana para casa (que luego me dio cargo de conciencia y todo y la llamé suplicando que volviera, pobre…)-, porque me parecía algo tan tan  grande lo que nos había sucedido que creía que esos primeros días debían ser sólo para conocernos los tres y comenzar a aprender a vivir juntos y que nadie debía robarnos esos primeros instantes.

Y es que, tras el nacimiento de un bebé, sus padres son los que más ganas tienen de conocerlo y, sobre todo si son primerizos, se encuentran en la situación más nueva y el cambio más fuerte de sus vidas, con un ser pequeñito completamente vulnerable que les necesita y al que no saben aún cómo tratar. Y, en mi caso, se me hizo cuesta arriba tener testigos de mi inexperiencia esas primeras horas para dar el pecho, cambiarla, calmar sus primeros llantos o simplemente contemplarla. Así que tras un primer día lleno de visitas y caos en la habitación, directamente las prohibí al siguiente. Decidí avisar a todo el mundo para que nadie más subiera al  hospital y prometiendo recibir a todo el mundo encantada una vez instalada en casa y cuando ya estuviéramos más tranquilos y descansados. No sé si pareció bien o no, o quedé como una bruja -porque al fin y al cabo todos pasan por eso y se aguantan-, pero a mí era lo que me pedía el cuerpo y lo que creía que era mejor también para la cachorrina que el día anterior había estado muy nerviosa con tanto movimiento y que el día sin visitas estuvo durmiendo plácidamente todo el día. El tiempo para socializar ya lo recuperaría después de su salida del hospital, ¡y vaya si lo recuperó!

Debo decir que mi compañera de habitación sintió lo mismo que yo porque ella prohibió ir ¡hasta a su madre! Y algunas mamis conocidas se pusieron en contacto con nosotros para decirnos que ya verían a la peque en casa porque “sabían lo que era eso”, así que ya no me sentí tan bruja porque me di cuenta de que todas o casi todas las que estrenamos maternidad pensamos más o menos lo mismo (aunque no quiero generalizar, que seguro que las hay encantadas, pero a mí lo de recibir en camisón que te deja el culo al aire con bragas gigantes de rejilla, con ojeras, pelos de loca y una teta fuera, qué queréis que os diga, no me termina de convencer ,oiga…).

Así que lección aprendida para mí: no visitar en el hospital a los recién nacidos y si lo hago seguir escrupulosamente las normas que  vi en esta noticia de periódico colgada en un tablón de anuncios del pasillo de la maternidad, y que, en resumen, lo que nos explican es que no se debe visitar a un recién nacido en sus primeras 24 horas de vida, que es mejor mandar mensajes que llamar, que hay que avisar antes de ir, que no se debe coger al bebé en brazos, que la visita no puede alargarse más de 20 ó 30 minutos, que deben respetarse los horarios y las tomas, y evitar dar consejos, o peor, criticar (que una está muy sensible para que le restrieguen el barrigón o la poca traza para coger al retoño o dar el pecho).

Qué os parecen estas normas?, ¿os pasó lo mismo que a mí? Un besín y hasta el próximo post!!

PD. No quiero parecer desagradecida y quiero decir que las visitas que tuvimos fueron bien recibidas y ellas no tienen la culpa de mi revolución hormonal así que, de corazón, muchas gracias por interesaros por Nerea.



miércoles, 21 de agosto de 2013

A la porra el Plan de Parto (II)

Como ya os comenté en la primera parte del relato de la llegada al mundo de la cachorrina, todo lo que yo tenía planeado sobre cómo quería que fuera el parto de Nerea se fue al traste porque nada iba saliendo como yo esperaba. La mañana del martes 23 de julio tuve visita con la tocóloga que, tras hacer una exploración, concluyó que el asunto estaba "muy verde" y que todavía quedaban unos cuantos días para que tuviéramos a la peque con nosotros, -a pesar de que salía de cuentas al día siguiente-. Pues bien, ¡esa misma tarde rompí la bolsa! (Qué fina estuvo la gine.) Como no fue una rotura de esas contundentes que no dejan lugar a dudas, sino más bien una pérdida pequeña de líquido que me hizo pensar que más bien podía tratarse de un vaciado de vejiga provocado por una patada de la cachorrina, no me di cuenta hasta horas después de que aquello seguía saliendo poco a poco y ya era mucho que todo fuera culpa de ataques de la nena a la vejiga de su madre. Así que por la noche subimos a maternidad, me dejaron ya ingresada y empezó lo bueno.

El caso es que la bolsa estaba rota pero yo no había empezado a dilatar nada, así que me dieron doce horas de plazo para ponerme de parto y si no empezarían a provocarlo. Pasé toda la noche con contracciones irregulares que no sirvieron de nada porque pasadas esas primeras doce horas sólo estaba dilatada un centímetro, así que empezó la intervención médica. Primero me dieron Protex, que es un óvulo que te provoca las contracciones. Provocarlas, las provocó, porque comencé a tenerlas cada 4 minutos y muy dolorosas, pero tras 24 horas sin pegar ojo y con esas contracciones horrorosas, ¡sólo había dilatado otro mísero centímetro! Ya llevaba 36 horas para dilatar 2 centímetros... Total que, en vista de que el Protex no era suficiente para hacerme dilatar y que la bolsa ya llevaba rota 36 horas, me tuvieron que inducir el parto con oxitocina. Sólo diré dos palabras: mucha muerte.

La oxitocina me provocó contracciones infernales cada 2 minutos durante 6 horas porque sólo te ponen la epidural si estás 4 centímetros dilatada y con el cuello del útero borrado. Y yo, que se ve que no soy de dilatado fácil, con mis 2 centímetros miserables y el cuello enterito, tenía que aguantar los efectos de la oxitocina así, a pelo, sin drogas que me dejaran alelada. Con deciros que en lugar de la epidural, yo pedía la eutanasia… Así que, después de 42 horas de dolor, el propio Cangués, que se veía viudo ya por mi mala cara, pedía que me drogaran o me dieran un garrotazo en la cabeza que me dejara inconsciente. ¡Y por fin pudieron ponerme la epidural! (Esa misma que yo rechazaba en mi Plan de Parto -todavía deben estar riéndose de tan tronchante documento-). 

Finalmente, el 25 de julio a las 22:30, 8 horas después de ponerme la epidural -que me devolvió las ganas de vivir, para qué engañarnos-, di a luz en el mejor parto que podía haber imaginado. Porque, no sé si sería para compensar todo lo anterior, pero la cachorrina salió en menos de un minuto, de forma que no nos dio tiempo ni a llegar a paritorio. La nena decidió salir ya en la cama en la habitación de dilatación en un parto que duró segundos y que casi no dio tiempo a que la matrona llamara a gritos a una enfermera para que le trajera corriendo unas gasas. Un poco más y no llega ni la matrona y saca a la cachorrina su padre.

Y ahí, en el momento que vi a Nerea por primera vez, tan chiquitina (recordad que fue peso pluma), vulnerable, preciosa y cubierta de babas, mirándome con unos ojos enormes y cabeceando encima de mi pecho hasta que consiguió engancharse a mamar, llegó la magia y me eché a llorar y entendí todo eso que dicen de que el dolor se pasa y que lo que sientes por esa cosa tan pequeña desde el momento en que la ves, no es comparable a nada que hayas sentido antes, que hace que merezca la pena todo lo anterior y que consigue que el corazón no te quepa en el pecho de orgullo y de puro amor de madre...

Y colorín, colorado... así fue como mi Plan de parto se fue a la porra... 

Pienso que no era el momento para que Nerea viniera al mundo y que todavía le quedaban unos días o semanas de cocción, de ahí que yo no dilatara ni a tiros, y que al tener la bolsa rota todo se precipitó y la pilló a la pobre despistada. Pero lo importante es que estamos felices, ella sanísima y que la estamos disfrutando muchísimo.

Seguid tan guap@s y gracias por estar ahí aunque ahora no me sea posible actualizar a menudo. Cuando regrese a mi vida normal en septiembre, espero poder coger ritmo otra vez. ¡¡Un besín!!

P.d. Aprovecho para decir que el Cangués se portó mejor que yo y fue el mejor apoyo que podía haber tenido, porque no se separó de mí ni un segundo, aguantó sin dormir y pálido el pobre como los niños de Los Otros, y no dejó de animarme y cuidarme... y ahí sigue... más guapo! :D

lunes, 5 de agosto de 2013

A la porra el Plan de Parto (I)

Nerea ya lleva 11 días con nosotros, haciendo que se nos caiga la baba y quitándonos tiempo hasta de pensar, aunque sólo sea por contemplarla durante horas. Estos días de ausencia nos dedicamos a disfrutarla, conocerla y adaptarnos a sus necesidades y horarios, cosa que no es tarea fácil, pero que haces de mil amores porque la falta de sueño se compensa con media sonrisa de la peque (o lo que nosotros queremos pensar que es una sonrisa), con ver como se estira cuando se despierta (media hora de reloj estirándose, la tía), cómo coloca las manitas al dormir o cómo huele su pelo (ayssss, ese olor... ¡¡¡horas puedo estar con la nariz pegada a mi cahorrina!!!). Pero para tener a la cachorrina con nosotros -trastocándonos la vida-, primero tuvimos que pasar por el parto y el secuestro hospitalario de 5 días -trastocándonos las ganas de vivir-.

Yo  había preparado mi Plan de Parto con todos los puntos atados y bien atados y, como me temía, la realidad nunca es como imaginabas que sería y debes adaptar la idea que tenías a las circunstancias de tu propio parto. 

Ya os había comentado mi intención de evitar la epidural, la oxitocina, etc., pensando, ilusa de mí, que sí que tendría una horita corta, -esa que tanto te desean las señoras cuando te ven el barrigón-. Pero todo lo planeado se perdió en el olvido cuando en vez de una horita corta, tuve 40 horazas eternas de contracciones infernales que culminaron en un parto provocado con oxitocina que me hizo querer pedir una inyección letal e vez de la epidural.

Y todo por empezar rompiendo bolsa sin haber comenzado a dilatar...

Continuará...



lunes, 15 de julio de 2013

La bolsa para el hospital

A mis casi 39 semanas de embarazo por fin puedo decir que he dejado preparada la bolsa para llevar al hospital. Recomiendan tener preparada la canastilla con tus cosas y las del bebé desde la semana 34, más o menos, por aquello de que se te pueda adelantar, pero una, como viene siendo costumbre a lo largo de toda su vida, termina dejándolo todo para el último momento.

Hay gente que prepara dos bolsas por separado, una para la mami y otra para el recién nacido, pero yo decidí que con lo poco que ocupan las cosas de la cachorrina, con una bolsa vamos que chutamos las dos.




Os cuento las cosas que yo metí en la bolsa, -seguro que se me olvida algo, pero qué queréis, con estos calores y el barrigón de trillizos que me gasto, no me dan las neuronas ya para mucho... qué pena-...

Las cosas para la cachorrina:

Como daré a luz en un hospital público no tengo mucho que llevar, porque te lo dan todo: desde los pañales, hasta los pijamitas, gorritos, etc, que llevarán durante la estancia en el hospital, así como todos sus productos de higiene. Lo que yo he metido:

- Un par de gorritos de algodón, para que no se le escape el calor por la cabecita por la diferencia de temperatura del útero con el exterior.
- Unas manoplas de algodón, porque nacen con unas uñacas que, al parecer, entran en la categoría de arma blanca y pueden arañarse la carita.
- Unos calcetines para que no se le enfríen los pies.
- La ropa de la primera puesta (body, chaquetina, faldón, capota y patucos, en mi caso).
- Mantita o arruyo para llevarla al coche.
- Por si acasos:  un body, aunque como os digo, en los hospitales públicos no hace falta llevar más que la ropa para irse a casa -de hecho, creo que no te dejan ponerle pijamas o bodies que lleves tú porque para las enfermeras son más cómodos de quitar y poner los pijamitas del hospital, y como son ellas las encargadas de bañarlos, cambiarlos y vestirlos, pues eso-; un par de pañales, por si hay una emergencia al salir del hospital;  y un par de chupetes, aunque espero no utilizarlos porque recomiendan no hacerlo hasta que no esté bien establecida la lactancia materna (al mes o así).

Si el parto se fuera a producir en una clínica privada, tengo entendido que debe llevarse de todo porque allí no te dan nada: pañales, toallitas, crema, 4 bodies y 4 pijamas, como mínimo, además de lo ya mencionado.

Las cosas para mí:

- Una bata.
- Dos camisones, para no recibir a las visitas con el culo al aire con los camisones del hospital abiertos por detrás y por aquello de que puedas manchar uno y tengas repuesto. Deben ser abotonados por delante para facilitar la lactancia.
- Unas zapatillas.
- Unas chanclas, para ducharte y para poner antes del parto, por si rompes aguas, para no cargarte las zapatillas.
- Dos sujetadores de lactancia.
- Discos absorventes para el pecho por si se escapa algo de leche.
- Braguitas desechables y compresas de algodón. Se supone que te las dan en el hospital, pero me han dicho que son una cosa tan horrible y enorme que mejor me llevo yo unas más discretas de casa, así que yo las he metido por si acaso.
- Neceser con los artículos de higiene: cepillo y pasta de dientes, gel y champú, crema hidratante, desodorante, colonia, cacao para los labios, etc.
- Purelan, la crema que dicen es mágica para proteger los pezones en la lactancia frente a posibles grietas y heridas.
- Ropa para salir del hospital, que debe ser de la que utilizabas de premamá, nada de emocionarse llevando los vaqueros de antes de estar embarazada porque no van a cabernos ya que tras el parto queda una barriga fofa más o menos del tamaño que tenía a los 5 meses de embarazo. Lo bueno de dar a luz en pleno verano es que con meter un vestidín y unas bailarinas ya estoy lista.

Ahora viendo la bolsa y leyendo toda la lista estoy orgullosísima del ejercicio de Tetris que hice para embutirlo todo ahí... el neceser es lo único que va aparte porque ya hubiera sido mucho que también entrara en la bolsa...




Además de todo lo dicho, también me llevo una carpeta con toda mi documentación de la Seguridad Social, mi libro del embarazo, mi plan de parto y todos los resultados de pruebas y análisis que me han hecho a lo largo de estos nueve meses. Tampoco me olvido del móvil y el cargador, y un monedero con suelto ¡para comprar agua en las máquinas del hospital!

Y, por supuesto, no puedo olvidar llevarme al Cangués y la cámara de fotos ;P

Vosotras ¿cómo lo veis, meteríais alguna cosa más?

Seguid tan guap@s :)

miércoles, 26 de junio de 2013

Los síntomas del parto

Una de las primeras clases de preparación al parto a las que asistí trataba sobre cuáles eran las señales de que el parto se acercaba, cuáles los síntomas inequívocos de que éste había comenzado y en qué momento debíamos subir al hospital para dar a luz. En esto último la matrona insistió mucho para asegurarse de que no subíamos antes de tiempo y nos tenían que volver a mandar a casa, dando viajes innecesarios de urgencias a casa y de casa a urgencias que nos metan en un bucle que se me antoja infernal si estás con dolores y ganas de que te saquen a la cachorrina de ahí dentro.



Pues bien, las señales de que el parto se acerca pero que todavía no deben hacernos salir corriendo al hospital pueden ser:

- Expulsión del tapón mucoso. Que al parecer es una cosa gelatinosa y sanguinolenta (que suena muy asqueroso) que es lo que protege la entrada del útero. Se puede expulsar unos días antes del parto así que no es síntoma de que ya vayamos a dar a luz, pero sí de que falta poco.

- Aumento de las contracciones del embarazo (que no las del parto). Se trata de las contracciones de Braxton Hicks, de las que ya hablamos alguna vez, y que según se acerca el momento del parto aumentan en intensidad y cantidad, pero siguen siendo irregulares e indoloras, lo que nos permite distinguirlas de las de verdad de la buena.

- El barrigón desciende hacia la pelvis. Es señal de que el bebé ya se ha encajado para salir, pero pueden pasar días o semanas todavía antes del alumbramiento.

Sin embargo, como os digo, ninguna de éstas señales indican otra cosa que no sea la proximidad del momento, así que debemos esperar a los verdaderos síntomas de parto para salir como una loca (en mi caso) para el hospital:

- Rotura de aguas. Se trata de la rotura de la bolsa donde se encuentra en bebé, con la consiguiente salida del líquido amniótico donde éste ha crecido durante los últimos 9 meses. Puede ser un simple desgarro con pérdida de líquido paulatina o directamente una rotura en toda regla con salida de líquido modo charco. En este caso, aunque no hayamos sentido aún ni una triste contracción, debemos acudir al hospital puesto que el bebé queda más desprotegido y es más fácil que haya infecciones. Si el agua es clara, iremos al hospital pero tranquilamente que no es una emergencia. Sin embargo, si las aguas son verdes o turbias, se debe acudir inmediatamente porque es síntoma de sufrimiento fetal y puede que tengan que provocarte el parto.

- Contracciones regulares y dolorosas (de la muerte). La matrona que daba las clases de preparación al parto nos decía siempre que distinguiremos perfectamente las contracciones del parto y lo hacía mirándonos muy seria y diciendo, con la voz de Constantino Romero haciendo de malo o justiciero: "Lo notarás." A mí particularmente me aterrorizaba. Pues bien, cuando notemos esas contracciones que nos quiten las ganas de vivir de los dolores y éstas sean cada vez con mayor frecuencia, estaremos de parto. Eso sí, su recomendación es pasar el mayor tiempo posible sufriéndolas en casa o por ahí de paseo (tiene que ser un poema lo del paseo) así que tenemos prohibido subir a urgencias hasta que no llevemos 2 horas con contracciones cada 5 minutos, si no queremos que nos vuelvan a mandar a casa. Si ya has parido antes, entonces basta con que sea 1 hora de contracciones cada 5 minutos, por aquello de que la cosa va más rápido que para las primerizas.


Además de éstas dos circunstancias en las que sí debemos acudir al hospital porque daremos a luz en las siguiente horas, también debemos acudir a urgencias en caso de que pasen 24 horas sin que hayamos sentido ningún movimiento fetal (que la cachorrina no está sin menearse ni 24 minutos por el momento) o si tenemos alguna hemorragia o sangrado vaginal.

Y hasta aquí la clase de hoy. Yo ya me estoy poniendo nerviosa pensando en estas cosas porque ya está a la vuelta de la esquina el final del barrigón y la incertidumbre de saber cómo será el parto, cómo llevaré los dolores, y las ganas de ver a la cachorrina empiezan a ocupar mis pensamientos mucho más de lo que lo venían haciendo hasta ahora. Aparte de que ya siento más contracciones a diario, sobre todo cuando hago esfuerzos o sesiones de caminata maratonianas, que la cachorrina ya tiene más fuerza que yo misma y que el barrigón ya pesa como 7 quintales y noto que me tira como si fuera a reventar en cualquier momento (que yo creo que es Nerea que ya se agobió y busca la salida por cualquier parte, la pobre...).

Pero como no se puede predecir el cómo ni el cuándo, y la cachorrina, salir tiene que salir, pues lo tomaremos con calma y esperaremos tranquilamente y en modo zen que llegue la hora, que el estrés es muy malo.

¡Hasta el próximo post!