Siempre había escuchado lo importante que era establecer unas rutinas que ayudaran a los bebés a dormir mejor, siguiendo un horario más o menos estricto que les diera seguridad y que, de alguna manera, programara su sueño. Así que, una que se creía muy leída para esto de la maternidad, se propuso desde el primer día establecer esa rutina que nos otorgara noches placenteras de sueño reparador, en los que la cachorrina dormiría ininterrumpidamente de 9 de la noche a 7 de la mañana, como un angelito, mientras sus padres descansaban a pierna suelta preparándose para un nuevo día de trabajo paternal.
Pues la cachorrina dijo que tururú, que a ella le va más la teoría del caos, así que por mucho que quisimos establecer baño, cena y cuna a la misma hora, ella hace lo que le da la gana. La idea era que estuviera a las diez en punto en su cuna durmiendo, pero es imposible predecir lo que hará la peque. Tan pronto duerme tres días seguidos a su hora, como sin razón aparente, la acuestas como siempre y decide que no, que se queda otra horita más despierta, como le da el sueño antes y se queda frita a la hora que quiere. Un desastre sin orden ni concierto ni ná de ná. La consecuencia de esto es que además de no conseguir esa rutina, la cachorrina no tiene hora fija para dormirse, como mucho, nos aproximamos por arriba o por abajo todo lo que podemos, pero es ella la que manda (como en todo desde que nació, la verdad), y no nos queda más que envidiar a esos padres eficientes que consiguen que sus retoños duerman mínimo 7 horas desde el principio y que se queden fritos solos nada más dejarlos en su cuna. Aunque debo decir que cada vez tarda menos en quedarse dormida y ya hemos conseguido que nunca sea más tarde de las 11.
Porque esa es otra, la nena quiere atención, mimos, canciones, paseos y de todo menos quedarse sola en la cuna. En esto vamos improvisando, tanto, que ahora llevo unos días que la duermo a besos a la pobre: yo doy rienda suelta a mi amor de madre y mis ganas de comerme esos papinos tan apetecibles que tiene y ella se queda frita de aburrimiento, ¡¡un chollo!!
En cuanto a las tomas nocturnas, la primera vez no suele dormir más de 3 ó 4 horas (dónde quedarían esos 3 días perdidos que durmió 6 y 7, aysss…), y las siguientes tomas, las hace cada 2 horas o incluso menos. Lo bueno es que son tomas cortas y se queda dormida al pecho, así que mama 15 minutinos y la dejo en la cuna tan tranquila. Y yo mientras me quedo en coma profundo, -que a veces me cuesta distinguir sueño y realidad y me despierto sobresaltada pensando que me quedé dormida con ella en brazos y mínimo se me cayó debajo de la cama, y hasta enciendo la luz y me levanto corriendo para descubrir que duerme plácidamente y que yo necesito una cura de sueño urgente-.
Sin embargo, a partir de las 6 de la mañana se pone muy nerviosa y parece que tiene una pelea en la cuna, da patadas y puñetazos (no sé si estará enfadada con el conejito que duerme con ella) y gruñe, hasta que la paso a la cama. Y entonces duerme tranquila. No es lista ni nada. Yo creo que su primera palabra va a ser "viscoelástico", no digo más. Así que ya nos hemos acostumbrado los tres a que a partir de las 6 de la mañana colechamos… y la verdad es que me gusta.
Y vosotr@s, ¿cómo sobrevivís a las noches?¿a qué hora acostáis a los peques?





