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sábado, 19 de marzo de 2016

Confianza ciega

La Cachorrina, que le gusta jugarse el tipo más que a un funambulista, trepa al muro más alto del parque, camina por él, feliz y contenta, sintiéndose mayor, más alta -"gihante" que diría ella-, se acerca al borde y grita "Paaapiiiii!!!!", mientras yo marco el 112 en el móvil temiendo que la loca de ella salte al vacío, pero el Cangués ya ha corrido a la llamada de su princesa, y antes de que a él le dé tiempo a estirar los brazos, ella se lanza sin pensar mientras a mí me da una angina de pecho, y el Cangués, evitando mi muerte temprana y que la nena se estampe, la atrapa al vuelo sin despeinarse. Siempre. Y ella lo sabe. 

La Cachorrina sabe que su papi nunca le falla, que por lejos que esté y por complicada que pueda parecer la situación, siempre la coge al vuelo, y ríe con ella, y la mira queriéndola mucho y la abraza, y que ese abrazo es el refugio más seguro que existe. Confía ciegamente en él y sabe que si su padre está cerca, nada malo puede ocurrirle, porque el mundo es más divertido y da menos miedo si el Cangués está con ella. Y ella lo sabe. Y yo lo sé. 

Gracias por ser su superhéroe, ¡¡te queremos papi!!



miércoles, 26 de agosto de 2015

Blanca y radiante va... la niña de los anillos

Pues eso. Que tras arduas negociaciones (que incluyen amenazas, juramentos, suplicas indignas, conatos de ataques de ansiedad, cambios de fechas, recortes en la lista de invitados hasta casi no ir ni nosotros y amor, mucho amor), el Cangués y una servidora nos casaremos en un par de semanas ante los ojos de unos pocos elegidos (pero pocos, pocos) y el señor concejal que tenga a bien enviarnos el Ayuntamiento de Piloña al cacho de prao con mejores vistas del mundo.


Una de las cosas que más ilusión me hacía de tener a la Cachorrina antes de casarnos, es que después ella podría estar en nuestra boda y llevarnos los anillos, divina ella, con su vestido de chantilly, su coronita de flores y sus encantadores rizos, con su padre esperando mientras ella corría loca de contenta a sus brazos y yo hacía lo propio detrás del brazo de mi padre mientras sonaban gaitas y todo era paz y armonía ceremonial.

Pero ahora que tengo a la Cachorrina loca hiperactiva me temo que el día de la boda decidirá endemoniarse porque no querrá ponerse el vestido, ni las flores, y se poseerá como la niña del exorcista si intento ponerle en los pies las bailarinas ideales a juego con el conjunto, en lugar de sus cangrejeras molonas con purpurina. Y correrá escapando de mí por el prao, monte abajo, y se pondrá perdida de "verdín", y me lanzará los anillos a la cara, y yo la perseguiré gritando en arameo antiguo y terminaré echa un asco, dando el si quiero con el vestido sucio, el pelo revuelto, nuevas líneas de expresión en la cara y una esperanza de vida más corta.

Pero... ¿y lo bien que lo vamos a pasar? 

jueves, 19 de marzo de 2015

Sé que no me tengo que preocupar...

Desde que llegaste a nuestras vidas en forma de mini cigoto que crecía y daba patadas en mi barrigón, asistí maravillada a la ilusión, las ganas, el cariño y la alegría del Cangués por ser papá; así que no me tenía que preocupar porque sabía que él quería ser, y sería, un padre maravilloso.

Desde que naciste y le vi pasar las noches en vela mirándote embobado, aunque le tuvieras muerto de agotamiento, y levantarse por la mañana con ojeras y una enorme sonrisa al volver a verte; sé que no me tengo que preocupar por tus malos sueños, porque él ya está cuidando de ti.

Desde que empezaste a jugar, a gatear, a caminar, y le veo ayudarte incansable, hacerte mil  y un trillones de gracias para arrancarte tus primeras sonrisas, ofrecerte su mano 24 horas al día si es necesario para dar tus primeros pasos, imaginar juegos, cantar y hasta bailar para hacerte feliz, y levantarte con cariño de cada golpe y cada caída; sé que no me tengo que preocupar por tus progresos, porque tienes en él al mejor apoyo para avanzar.

Desde que dejaste el pecho y empezaste a comer otras cosas; veo como él te prepara biberones a la hora que sea, como trata de convencerte para una cucharada más de puré, como celebra contigo la llegada del postre. Y sé que no me tengo que preocupar por tu bienestar, porque con él nunca te faltará de nada.

Desde que empezaste a dar mucha guerra, dormir poco y mal, no parar ni un segundo en todo el día, romper cosas y tener pataletas; veo como él no pierde la paciencia y te trata de enseñar a ser un poco más civilizada, y a tranquilizarte y a darte abrazos que te calman más que cualquier otra cosa del mundo -si obviamos los gusanitos, claro-. Y sé que no me tengo que preocupar por tu mala leche, porque él siempre tratará de hacer de ti una persona mejor.

Desde que empezaste a investigar intrépida el mundo, correr por el parque sin dejar un rincón, subir a las alturas, caminar por los bordillos, poner a prueba tus nuevas habilidades; veo como él es tu compañero de juegos perfecto, con quien te sientes feliz y segura. Y sé que no me tengo que preocupar por tus ganas de hacer cosas nuevas, porque él te acompañará en tus aventuras.

Desde que empezaste a ir a la guarde y al parque, y a relacionarte con otros niños; veo cómo él te anima a jugar con ellos, a compartir tus cosas, a imaginar actividades divertidas para hacer juntos. Y sé que no me tengo que preocupar de que socialices, porque él siempre te ayudará a relacionarte y disfrutar de la compañía de los demás. 

Todos los días al vestirte, ponerte el chándal de la guarde, tus vestidos, tus vaqueros o cualquier cosa que tengas a bien ponerte encima de la cabeza; veo cómo siempre te dice lo guapísima que estás. Y sé que no me tengo que preocupar porque no te sientas querida y admirada, porque él siempre te recordará que eres preciosa.

Cuando veo cómo os miráis: él a ti, como si fueras lo más bonito que ha visto en su vida, y tú a él, como a tu súperhéroe particular; sé que ya no me tengo que preocupar por ser la mejor madre del mundo, porque él ya ES el mejor padre del mundo.

Al Cangués y todos los padres súperhéroes, incluido el mío: ¡¡¡FELIZ DÍA DEL PADRE!!!


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ni contigo ni sin ti

Hace unos días, al Cangués y a mí nos regalaron (un ángel del cielo -¡¡gracias!!-), la posibilidad de escaparnos dos días enteros, con sus dos noches, y todas las horas de en medio, para dedicarnos a nada más que a mirarnos el ombligo, -cada uno el suyo, o el del otro, da igual-, sin Cachorrina de por medio, ni madrugones, ni despertares nocturnos de esos que restan años de vida, ni vueltas y vueltas (y vueltas y vueltas...) en el parque, ni bibes, ni purés, ni cacas, ni Canciones de la Granja... sólo dos días para relajarnos y disfrutar de unos instantes de paz, amor y felicidad parejil, mientras los abuelos y las tías se pelean por la custodia temporal de la nena, cuando estemos de visita en Asturias.

El caso es que, teniendo en cuenta que la mayor parte del año vivimos lejos de la familia, sin nadie con quien soltar a la Cachorrina -ni una tarde para ir al cine, ni media hora para ir a la pelu, ni ná-, cualquiera podría pensar que saltamos de alegría y que si por nosotros fuera, en lugar de dos días, sería una quincena, pero a la hora de la verdad, el Cangués (que es un blando) lo único que pudo pensar fue "¿cómo vamos a estar dos días enteros sin ver a la Cachorrina?". Y así fue, tuvimos que pedir una reducción del plan a sólo un día y una noche de relax. 

Lo peor de todo es que yo estaba de acuerdo con él, e imaginar no verla tanto tiempo se me hacía rarísimo, así que no pude evitar pensar en que la maternidad/paternidad es una contradicción continua, un ni sí ni no, ni todo lo contrario, un ni contigo ni sin ti de libro, y a los hechos me remito:

-Por mucho que nos quejemos de la mala vida que nos da la peque, separarnos de ella nos parece como separarnos de una parte de nuestro cuerpo, como si tuviéramos que pasar el fin de semana sin una pierna, oiga.

- Si los días se nos hacen eternos, y parece que no se terminan nunca cuando tienes que pasarte horas corriendo detrás de ella por casa, en el parque, recogiendo, limpiando lo que ensucia, cantando, jugando, dando desayuno, comida y cena, despertándote las veces que haga falta en una noche y paseándola kilómetros de pasillo para que se calme y se duerma, el caso es que los meses y los años se quedan en nada y pasan tan deprisa que ni te das cuenta de lo rápido que crece. ¿Cómo narices pueden ser los días tan largos y los meses y años tan cortos?

- Aunque estemos semanas organizando un plan sin ella para desconectar, y cantando a los cuatro vientos que por fin seremos libres unas horas, nos pasamos esas horas pensando en qué estará haciendo, si se estará portando bien, llamando para preguntar cómo está, y muriéndonos de risa recordando sus caras, sus gestos, sus gritos de loca y toda la mala vida que puede estar dándole en ese momento a quién la esté cuidando.

- A pesar de que muchas veces yo juro que la regalaría sin remordimientos al primero que pasara por la calle y prometiera darle cariño, hay otros momentos en que la miro y siento que si la quiero más exploto, y tengo que respirar profundo y coger aire porque el amor no me cabe en el pecho.

-Me paso la vida muriendo de ganas por un plan de adultos, y al final resulta que mi momento favorito del día sigue siendo cuando estoy con ella tirada en la alfombra jugando, riendo y robándole achuchones.

- Aunque la mayor parte del tiempo estemos agotados porque nos cuesta seguirle el ritmo, y no paremos de quejarnos de lo que nos cambió la vida a peor en muchos aspectos, lo cierto es que ya no querríamos una vida en la que no estuviera ella.

Vamos, que nos quejamos de vicio, porque no hay nada que nos guste más que verla jugar y reír y crecer y aprender, y que un lametón suyo bien vale un día eterno de mala vida.



¡Que tengáis buena semana!

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una mañana cualquiera...

Se escucha un grito por encima de los decibelios permitidos en cualquier ordenanza municipal, el Cangués y yo pegamos un bote en la cama y nos damos manotazos no sabiendo muy bien dónde estamos ni por qué... "¿qué pasa? ¿qué pasa?"... Son las 6:30 de la mañana, y sólo han pasado dos horas desde la última vez que nos despertamos. En medio de la confusión un nuevo grito con tono de "soyyoestoyaquísoladespiertaysindesayunarasíquevenirperoya". Vale, es la Cachorrina -otra vez-, "tú la entretienes y yo voy a prepararle el bibe".

Cuando vuelvo de la cocina con el biberón, el Cangués se hace el muerto, todavía con los ojos pegados y el susto en el cuerpo, mientras la Cachorrina lo zarandea, se le sube encima agarrándole de los pelos, le hinca una rodilla en las costillas y le mete un pie en un ojo gritando como un masai enfurecido. 

Se toma el bibe de un trago, sin respirar y pide que la dejes en el suelo. La llevamos al salón y la ponemos en la alfombra con sus juguetes. En cuestión de 5 minutos hace recuento de muñecos, que consiste en cogerlos uno a uno, mirarlos, zarandearlos para comprobar si suenan; si no lo hacen, golpearlos contra el suelo o la mesa del salón, darles unos lametones y tirarlos por encima del hombro para pasar al siguiente. 

Hecho el recuento, sale gateando como una bala hacia el baño para poner en práctica su nueva habilidad de abrir el grifo del bidé y ponerse a beber como si de una fuente se tratara. Lo pone todo perdido de agua, así que me la llevo de nuevo al salón, donde vacía todos los cajones del armario, para, al terminar, escapar de nuevo al baño. La devolvemos al salón y antes de que nos podamos calentar el Cola Cao en el microondas, la tenemos en la cocina limpiando el suelo con el paño que colgaba del horno y tratando de meter la mano -y la cabeza- en el cubo de la basura. Le lavamos las manos y la devolvemos con sus juguetes pero, antes de poder abrir el paquete de sobaos, la tenemos de nuevo en la cocina vaciando cajones. La llevamos por enésima vez al salón, cambiándole los muñecos por otros para que la novedad la entretenga (con la consiguiente rueda de reconocimiento: coger, zarandear, golpear, chupar, tirar). 

Entonces, descubre al Cangués comiendo fruta en la terraza y sale pitando hacia allí a ver si le cae algo. El Cangués renuncia a comer tranquilo al fresco y se mete dentro para que la nena no se restriegue por el suelo de la terraza ni se eslome con el ventilador del aire acondicionado. Así que todos al salón y puerta de la terraza cerrada, cuyo cristal ahora la Cachorrina se dedica a lamer y a frotar con sus manos regordetas impregnadas de restos de melón. Cuando me dispongo a limpiar la puerta, ella aprovecha para salir corriendo de nuevo al baño. Pero como le hemos cerrado la puerta, va a su habitación donde tiene más cajones que vaciar, y donde puede ponerse de pie a zarandear la cuna agarrada a los barrotes, gritando en arameo antiguo. 

Se cansa y vuelve gateando al salón para buscar la cartera de su padre y vaciarla en el suelo. Acto seguido, sale corriendo de nuevo a su habitación, pero en medio del pasillo decide entrar en la nuestra para tirarnos los libros de la mesita de noche. De repente se echa a llorar, porque se ha pillado los dedos con la puerta de la habitación, cuando intentaba arrancar el tope. Vamos corriendo: "sana, sanita, culito de rana...". Y volvemos con ella al salón a jugar, pero sólo conseguimos entretenerla con unos cuentos unos minutos; luego vuelve a la carga y a correr de acá para allá como si el biberón, en lugar de leche con cereales, llevara Red Bull. 

Para bajarle las pulsaciones, le ponemos a Miliki en el ordenador para que baile un rato, y que nos deje unos minutos de paz en los que, en tiempo récord, recogemos el caos y destrucción que reina en la casa, y hacemos como que ponemos orden.  Entonces descubro que también se ha hecho caca. La llevo al cambiador para quitarle el pañal sucio y me enfrento a una espiral de violencia callejera: se retuerce, patalea y grita como si en lugar de el pañal fuera a quitarle una pierna, así que tengo la difícil tarea de cambiarla y vestirla mientras le hago un placaje de lucha libre. Después de 10 minutos de combate cuerpo a cuerpo, consigo que esté vestida y adecentada y me dedico un rato a cantar y jugar con ella. Pero el cuerpo ya le pide calle y corre hacia la silla porque muere por salir de casa, así que la siento y salimos por la puerta en dirección al parque, donde nos espera una mañana de vueltas sobre nosotras mismas y bucles de entrar y salir por la puerta del parque y arrastrar los pies por las hojas el suelo. 

Y allí, yo miro  a otros niños de su edad sentaditos en un pacífico ir y venir en sus columpios, y después miro a mi Cachorrina, y la veo subir y bajar cien veces el mismo escalón en una espiral de la que no puede salir, con su cántico zulú, y no puedo evitar preguntarme si es algo que nosotros hemos hecho mal o es que la nena está como unas maracas de Machín. 

Y sólo son las 10.

viernes, 8 de agosto de 2014

10 cosas sobre la Cachorrina (I)

(Contadas por ella misma)

UNO: No soy de dormir, soy más de comer y estar de juerga, diurna o nocturna, da igual, el caso es que puedo despertarme cada media hora si hace falta y que por poco que duerma, al día siguiente a las seis de la mañana tengo más energía que si me dieran para desayunar un biberón de Red Bull.

DOS: Me gusta chupar llaves -mejor las de casa que las del coche- y vaciar carteras de forma compulsiva. 

TRES: Si veo una revista de mamá, tengo que romperla dejando pedazos por toda la casa a modo de rastro de Pulgarcito. Ella trata de engañarme con panfletos cutres de propaganda del súper, pero, como ella, soy más del Vogue.

CUATRO: Soy muy desconfiada, mucho. Terriblemente. No me fío ni de mi padre, y nunca mejor dicho, porque cuando me ofrecen algo nuevo, lo miro y lo remiro y hago cien intentos de aproximaciones antes de cogerlo. Una vez cogido me vengo arriba y lo zarandeo, lo chupo, le grito y le doy golpes contra las paredes o el suelo haciendo que mis padres piensen que estoy enajenada mental perdida. 

CINCO: Mi juguete preferido es un libro con canciones infantiles que me regaló mi madrina. Nunca me canso de pasar páginas y escuchar las canciones que trae (El cocherito leré, donde están las llaves, Duérmete niño, Un elefante se balanceaba... las de toda la vida, vamos)... 



SEIS: Digo que no sistemáticamente a todo, aunque en realidad quiera decir que sí. Así mamá y papá tienen que andar averiguando cuando un no es un sí encubierto. 

SIETE: Ya viví mi primer amor de verano. Ayer mismo en la playa un niño un año mayor que yo, alto, guapo, rubio y esbelto, y yo sentimos un flechazo instantáneo: yo estaba en mi lancha dando lametones a mi cubo y mi pala con sabor a sal, y el paseaba por el agua con su abuela buscando peces de colores; nos miramos, nos sonreímos, nos saludamos, yo le dediqué mi mejor caída de pestañas y él me llamó guapa; yo le ofrecí mi regadera rosa y él me regaló una piedra que recogió en la orilla. Por desgracia nuestro amor es imposible y nuestras familias nos separaron sin piedad ni sensibilidad alguna. Su abuela se lo llevó a su urbanización, pero él, enloquecido por la emoción del momento, se escapaba y corría hacia mí, mientras yo agitaba las manos desde mi lancha sin querer apartar la vista de él. Finalmente se lo llevaron, pero aún pudo despedirse de mí desde el balcón de su piscina. No volví a verlo. Mamá dice que Romeo y yo parecíamos los amantes de Teruel, aunque no sé lo que significa.

OCHO: Mi papá es mi persona favorita del mundo mundial. Mi momento preferido del día es cuando le veo entrar por la puerta sonriendo y con los brazos en alto porque se alegra de verme. 



NUEVE: Me encanta el agua. Soy feliz en el mar, en la piscina o en la bañera de casa y podría estar chapoteando durante horas. Siempre remoloneo cuando quieren sacarme del agua hasta que estoy arrugada como si fuera octogenaria.

DIEZ: No me asustan los voladores. Estuve en la Descarga de Cangas del Narcea, y como soy medio Canguesina, como papá, no tuve ningún problema con el estruendo, aunque a veces pareciera que se iba a acabar el mundo.


:)

miércoles, 23 de julio de 2014

Vacaciones con la Cachorrina

Estas últimas semanas he tenido el blog un poco parado, sin actualizar y casi sin tiempo (ni ordenador) para responder a los comentarios, o comentar y visitar yo misma otror blogs que me encantan y sigo habitualmente. La causa de esta dejadez blogueril, no es otra que estar de vacaciones en nuestra Asturias Patria Querida, dejándonos mimar y, sobre todo, dejando que mimen a la peque de la casa.


El caso es que, cuando vives lejos de tu tierra, prácticamente todas tus vacaciones se destinan a volver a casa como El Almendro: en Navidad; pero también en verano, en Semana Santa, puentes y descansos que puedan conseguirse por el medio.  Y cuando dentro de ese destino, como es el caso, tienes varios subdestinos a los que acudir (en nuestro caso, Oviedo, Cangas del Narcea y Colombres), el periodo de vacaciones se convierte en un estrés de idas y venidas con el coche cargado como una familia nómada de vendedores ambulantes, en el que debemos meter nuestras maletas, la maleta de la Cachorrina, la cuna de viaje, colchón bueno y ropa de cama para la cuna,-que al final no es de viaje ni ná-, bolsa de comida para la peque, juguetes de la Cachorrina, sillita para el coche, silla de paseo, cambiador, bolsa de la silla, trona portátil, mochila portabebés; y así, hasta el infinito y más allá, vamos acoplándolo todo en el coche en un trabajadísimo ejercicio de Tetris, para terminar dándonos cuenta de que ya no hay sitio y vamos a tener que poner la sillita con la nena en el asiento del conductor y nosotros ir en bus.

Y la niña anda a mil revoluciones, porque a su nerviosismo habitual hay que sumarle caras nuevas, y 24 horas de atención y gracias por parte de abuelos, tíos, parientes y amigos varios que están deseando contemplarla desde hace meses, y casas nuevas cada 4 días, y habitaciones nuevas, y entornos nuevos, y con cada nuevo escenario, más caras y rutinas nuevas;  y así, la Cachorrina anda muy loca, que cuando camina ya no sabe lo que hace y da vueltas en círculo la pobre en un bucle sin fin.


Pero tanto estrés merece la pena porque la peque está feliz, y sus abuelos y tías, ni te cuento, y paseamos por Oviedo, y tomamos unas sidrinas en Gascona, y la Cachorrina persigue palomas y patos en el Campo San Francisco, y tomamos cañas con los amigos en Pedregal, y cenamos costillas con vistas a la ciudad; y vamos hasta Colombres, a la playa de La Franca, y Nerea vuelve a croquetear y bañarse, como en su isla, -pero con el agua helada y con olas-, y tomamos el vermú por Llanes, y comemos comida de mami en el porche y jugamos en el prao, mientras mis padres, mi hermana y mi cuñao mueren de amor por la Cachorrina; y vamos a Cangas, y vemos la Descarga, paseamos por la calle Mayor, mis suegros y mi cuñada secuestran literalmente a la peque y se desviven por ella, y nosotros tomamos vinos de Cangas, y vamos al Chicote, y salimos de monte para ver desde la cima del Cueto de Arbás el mar de montañas que es nuestra Asturias, y nos bañamos en el Narcea, y vamos de fiesta de prao, y nos ponemos las botas con las comidas de Pilar... Vamos, un mal rato todo. ;)

Y en esas estamos, así que espero que comprendáis que tanta mala vida y tanto estrés me hagan tener el blog un poco aparcado. ¡¡Disfrutad de las vacaciones y seguid tan guap@s!!



miércoles, 19 de marzo de 2014

El Cangués

El Cangués quiere a su Cachorrina por encima de todas las cosas, él la cuida, la protege, ríe con ella y se desvive por escuchar sus carcajadas y ver su sonrisa desdentada.

El Cangués hace kilómetros en el pasillo para dormirla o simplemente calmarla, la pasea en su silla con una sonrisa en la cara, la lleva en la mochila orgulloso de su bebé, se tira con ella en la alfombra y deja que le taladre los oídos con musiquillas de juguetes infernales.

El Cangués nunca tienen nada más importante que hacer que atenderla y jugar con ella, le da papillas, deja que se ponga (y lo ponga) perdido de puré, cambia pañales tóxicos, la mira y la remira con ojos de enamorado, le canta hasta el infinito la canción de los elefantes y la tela de araña de criptonita para que se coma la última cucharada.

El Cangués ya no ve Teledeporte (así en general, echen el deporte que echen), porque ahora conoce a Dora, Pocoyó o Peppa Pig, y se sabe la canción de Bob Esponja y Tickety Tock. También le canta la Vaca Lechera y le pone a los Cantajuegos a todo trapo en el coche.

El Cangués habla con la Cachorrina en su idioma, baila con ella ante el espejo y por cansado que llegue de trabajar, siempre tiene ganas de una buena lucha de cosquillas con su peque.

El Cangués se sorprende todos los días de lo que crece "el bicho" y de "lo guapa que es, ¡la virgen!" y se la come a besos por la mañana aunque no le haya dejado pegar ojo en toda la noche.

El Cangués tiene conversaciones trascendentales con ella, y hablan de sus estudios y los novios que se va a echar, sabiendo que se va a dejar camelar y le va a subir la paga a la primera caída de pestañas de su nena.

El Cangués le pone los dibus en inglés desde el mismo día que salió del hospital "para que vaya cogiendo la pronunciación", se tira con ella al suelo para enseñarle a gatear y a hacer la croqueta y la pone en pie para que dé sus primeros pasos.

El Cangués le enseña a decir papá y mamá, la baña, le peina los rizos indomables y hasta aprendió a utilizar el asfixiante aspirador de mocos.

El Cangués la viste y "pone guapa" consiguiendo combinaciones imposibles de color en vestido, chaqueta y leotardos, poniéndole 2 bodies uno encima de otro o los zapatos en el pie contrario. Pero tan contentos los dos, oiga.

El Cangués no se deja vencer por el agotamiento y ya anda como loco queriendo dar un hermanín a la Cachorrina.

Cómo la peque no va a patalear y dar grititos de alegría cuando lo ve entrar por la puerta... Yo también pataleo. :)

¡¡Feliz Día del Padre!! 




PD: Feliz Día para todos los papis y en especial al mío, que si lo llego a escoger no hubiera podido elegir mejor. Suertuda que es una. ¡¡Te quiero papi!!

martes, 31 de diciembre de 2013

Carta a Nerea (VI)

Querida heredera,

Hoy es 31 de diciembre de 2013, lo que quiere decir que hoy se termina el año en el que te incorporaste a nuestra familia para revolucionarnos la vida a tu padre y a mí. Un año diferente a todos los vividos hasta ahora: un año sin fiestas de prao, sin sidras, sin tacones, sin vermuses eternos con los amigos, sin vacaciones, sin viajes, sin cenas románticas, sin salidas con nocturnidad y alevosía, sin copichuelas, sin farturas y jarana hasta las tantas, sin tiempo ni para peinarme...

Y a cambio el año que hoy despedimos me trajo un barrigón enooorme, pantobillos, acidez, torbellinos de emociones hormonadas, vaqueros con cinturilla elástica, cerveza sin, análisis, ecografías, contracciones infernales, oxitocina, noches en vela, ojeras hasta los tobillos, cabezazos contra las paredes de puro sueño, sustos de muerte, alopecia, pañales, el aspirador de mocos como elemento de tortura (para los padres). Vacunas, estrés maternal, insomnio, horario infantil, pezoneras y sacaleches; cacas y vómitos a cascoporro, responsabilidad, remordimientos de madre y agotamiento infinito.

Pero también nos trajo tu sonrisa, tu mirada (qué ojazos, hija mía), esos rizos, pelo Pantene, ropita pequeñita y preciosa, piel suave, olor a bebé por toda la casa, carricoches, cunita, tu querida hamaca, tu mochila, maninas regordetas que te agarran la nariz, se te meten en la boca y te cogen de los dedos; besinos de cachorrina, mimos, papos para comer y muslos con pliegues. Achuchones, juguetes de colores esparcidos por toda la casa; hora del baño -con el suelo empapado desde que descubriste lo diver que es patalear en el agua-, juegos y canciones, paseos larguíiiiisimos; siestas abrazadas ,en las que más que dormir, me dedico a mirar y remirar lo preciosa que estás dormida... y despierta.

Nanas, estrategias ninja para que te duermas sin darte apenas cuenta, lactancia materna, solas tú y yo; abuelos más ilusionados que un niño la mañana de Reyes, tías que se declaraban "no niñeras" y ahora beben los vientos por su sobrina, padres embobados que ni con todo el cansancio del mundo pueden renunciar a un sólo momento de sacarte una sonrisa, cienes y cienes de regalos de familiares y amigos (no puedes imaginar la cantidad de gente que se alegró con tu llegada y nos dio sus muestras de cariño... eres muy querida, Nere...).

Los qué pacha aquí, dónde está Nerea, cinco lobitos tiene la loba,  mi pequeña oviedista, medio carbayona, medio canguesa. La súpercachorrina, felizona y facilona, los chupetes, la cámara de fotos en mano, vídeos para no olvidar lo pequeñina que eras y lo rápido que creces; grititos  y nuevos sonidos que aprendes cada día y llenan la casa de alegría; esos bracinos que no coordinan, lo asustona que eres y los abrazos fuertes, fuertes para tranquilizarte; pedorretas, pucherinos que enamoran, dibujos en inglés para "que vayas cogiendo la pronunciación", el Cangués más guapo que nunca en su papel de mejor padre del mundo mundial. 

Tus bodies, tus pijamitas, tus vestidos y zapatinos, que son una monisitez; los "qué guapa eres, la Virgen!",  "dictadora!" (nain! nain!), los esfuerzos para no comerte a besos, los abrazos y juegos los tres juntos, el "somos una familia", el "qué bien estamos aquí los tres", las ganas de retener cada instante en la memoria para no olvidar tu carita y tus expresiones, que cambian tan rápidamente y se nos escapan sin que podamos darnos ni cuenta, pero que dan paso a nuevas sorpresas, progresos y alegrías renovadas cada día... Y todo eso me encanta y no lo cambiaría ni por todas las fiestas de prao del mundo (y esto dicho por tu madre vale un potosí).

Hoy hace un año que me quedé dormida entre uva y uva, con ese sueño incontrolable que me dio el embarazo y que me preparaba para los meses más agotadores de mi vida, que también fueron los más felices, porque tú ya estabas conmigo, desde ese instante impagable en el que vi por primera vez tu cuerpecito diminuto a unos ojos pegado, que ya parecían querer observarlo todo, sin el que ya no sabemos vivir... Y ésto sólo acaba de empezar, mi cachorrina.

Te quiere,

Mami

PD a terceros: Feliz 2014 para mi Cachorrina, mi Cangués y todos los que estáis ahí fuera. Que el próximo año sigáis tan guapos y seáis felices. ¡¡¡Vaya bien que lo vamos a pasar!!!

jueves, 1 de agosto de 2013

¡¡La cachorrina en persona!!

Post express (ando con los horarios trastocaos y no tengo internet), para enseñaros a Nerea. Nació el jueves 25 de julio a las 22:30 horas después de 40 horas de dilatación (mucha muerte). A pesar de que todo apuntaba a que sería enorme, fue todo lo contrario, la cachorrina es un ratonuco de 2,650 kg y 47 cm, pero es preciosa, súper despierta y muy buena -comer y dormir es todo lo que le interesa-.

En breves espero poder sacar tiempo y contaros cómo fue todo y hablaros más de ella. Gracias por los comentarios y mensajes interesándoos por ella :)




 El Cangués y la cachorrina felices y contentos juntos.

¡¡Ese puñín para saludar a l@s bloguer@s!!

¡¡Un besazo!!

sábado, 25 de mayo de 2013

... Y llegaron los dolores

Finalmente, y tras 32 semanas de embarazo de concurso sin apenas ninguna molestia ni efecto secundario, el barrigón se manifiesta en todo su esplendor y me machaca los riñones sin piedad. Y es que con las dimensiones recientemente adquiridas (ayer la farmaceútica me miraba como si fuera a dar a luz allí mismo en su negocio), el barrigón ya empieza a darme algo de mala vida, empezando porque ya llevo dos noches despertándome con mucho doló. Dolor de cadera y dolor de barrigón, que me pesa hacia un lado y me tira. Parece ser que la solución a ésto, para poder tener buena postura y dormir mejor, consiste en poner una almohada o cojín alargado entre las piernas y por debajo de la barriga, de tal forma que equilibre la cadera y puedas apoyar la tripa gigante en él. Y funciona, oiga. El único problema va a ser acostumbrarme a dormir así, porque esta noche estrene el invento y sí, es todo felicidad y comodidad absoluta de la que te colocas, pero periódicamente te despiertas con los dolores y te encuentras con que has azotado la almohada salvavidas contra una esquina de la habitación (probablemente a patadas, pero no lo puedo confirmar, igual que no puedo asegurar que las patadas sean mías o de Nerea, que es más bruta...) y vuelta a colocar el invento, y otra vez la felicidad y fuera dolor... y a las dos horas, vuelta a recoger la almohada del suelo... Así toda la noche. A ver si me acostumbro rápido a dormir de esta manera para que todo vuelva a ser paz, harmonía y dormir del tirón, aaayyyy!

Lo cierto es que venden almohadas específicas para embarazadas con formas sinuosas que se supone que después se pueden aprovechar para la lactancia, pero te cobran el dichoso cojín como si te estuvieras comprando un colchón viscoelástico, así que yo pongo una almohada normal y tan contenta.



Pero no sólo de dolor nocturno vive el barrigón, no. Ahora tengo también dolor de riñonada cuando camino más de la cuenta, porque ya llevo la espalda bastante curvada hacia atrás -por aquello de mantener el equilibrio y que el barrigón no me tumbe en el suelo de morros a la primera de cambio-, o cuando llevo un rato largo de pie. Y cuando me siento o me "despatarro" en el sillón "chanclas p'arriba", que diría el Cangués, entonces el dolor viene en forma de patadones en las costillas, que se ve que a la cachorrina le va la marcha y eso de estar en reposo no le gusta nada. Parece que la estoy viendo asestar un golpe mortal de los suyos mientras me dice "¡levanta esssse culo, barrigón!". Más guapa...

Y ya lo último en dolores, son los que me dan ahí abajo, en las partes nobles. Que yo pensaba que tenía algo malo y se me iba a caer la nena, y no, resulta que son normales porque los músculos de la zona ya se van aflojando y relajando para el día del parto y al tener menos fuerza notas en ellos el peso del bebé y se resienten, como si tuvieras agujetas, cuando haces más esfuerzos de la cuenta. Y claro, después de la hora de piscina que me metí ayer, seguida de dos horas y media de caminata modo entrenamiento militar a las que me sometió el Cangués, cuando llegué a casa me arrastraba como una Geisha octogenaria que daba mucha penita verme.

Y no es que quiera ser llorica, pero que sepáis todos que ésto del barrigón, además de muchas alegrías, también da mala vida, aunque el Cangués se piense que me quejo de vicio y cada vez que me escucha un "¡ay, cuánto doló!", asoma diciendo "¿epidural?"... Más mala leche en ésta casa... 

Menos mal que la mala vida se verá compensada de sobra cuando me den a mi cachorrina gordita, blandita, llena de babas, suave y que huela a Gloria Bendita :D



¡Qué tengáis buen fin de semana!

Imágenes vía Pinterest.

martes, 14 de mayo de 2013

Ideas deco: Rocódromos

Desde las primeras veces que el Cangués y yo quedamos, cuando empezábamos a salir, me acostumbré a verle colgarse de los árboles, escalar muros y encaramarse en paredes rocosas varias para, según él, "estirar las espaldas". Y es que me salió intrépido y trepador, qué le vamos a hacer. Con deciros que éste verano en la playa me vi, con el resto de madres que buscaban a sus retoños para volver a casa, gritándole al Cangués que bajara porque andaba de  roca en roca por las alturas, y así, a pelo, descalzo y en bañador, que yo ya me veía en casa curándole las llagas de manos y pies, pero oye, bajó sin un rasguño, todo hay que decirlo, que él se encarama, pero lo hace bien.

Pues el caso es que, buscando ideas para decorar la habitación de la cachorrina, me encontré con éstas fotos, y claro, como hija de su padre que es y además, como si no escala ella, ya la subirá él, cual Spiderman, por dónde haga falta, a lo mejor tenemos que ponerle uno de éstos para que vaya practicando (o haciéndose a la idea) desde que le empiecen a salir los dientes de leche. Apuesto a que el Cangués ya lo ve más necesario que la cuna y el cambiador juntos. Donde esté un buen rocódromo para la nena... ¡hombre vaya!







Hoy no me enrollo que me marcho pitando a mi primera clase de preparación al parto, ¡mañana os cuento!

Todas las fotos vía Pinterest

viernes, 3 de mayo de 2013

Ya no me veo los "pieses"

Llevamos 6 meses y medio de embarazo y yo ya no me veo los pies ni la flexibilidad de antaño por ningún lado, y atarme los zapatos ya es una odisea  que me lleva 20 minutos de reloj porque entre cada paso de la lazada tengo que hacer un descanso para coger aire como si hiperventilara y para intentar que los ardores y el desayuno que pugnan por volver a salir sigan en su sitio (orejita de conejo-inspiración tipo asmático al borde de la muerte con ventolín-me agacho- rodeo con el cordón por aquí-vuelta a incorporarme-pierdo orejita y tengo que volver a empezar-me agacho-patada de la cachorrina en los riñones porque la espachurro-quemazón de esófago y pérdida de dignidad-... y así...). ¡Ay!, cómo está creciendo el barrigón, la leche.





Y es que, aunque sigo sin poder quejarme porque tengo un embarazo de concurso por los pocos síntomas y malestares que he padecido, el barrigón  crece a un ritmo que ya dudo de si la nena va a nacer lista para empezar al cole... o al instituto, si me apuras. Y eso que la matrona me pesó el lunes y llevo 7 kilos, que se supone que está dentro de la normalidad; pero a mí estos 7 ya me saben a 35, y me veo a mí misma intentando levantarme de la cama tirando de abdominal, y no puedo, y me doy cuenta que ahí no hay abdominal ni nada que se le parezca y tengo que rodar como una croqueta al borde de la cama y me veo por el espejo como una foca-monje barada en la orilla del mar y me da la risa, y me dejo caer de cualquier manera y entra el Cangués al grito de ¡¡arriba, barrigón!!, y termino pidiendo auxilio con la moral y el orgullo pateados por la cachorrina, que debe saber lo que pasa y se lía a puñetazos y movimientos extraños que me hacen cosquillas, para terminar de rematarme. Y así de entretenidos andamos...

¡Que tengáis un fin de semana genial y seguid tan guap@s!

jueves, 25 de abril de 2013

Carta a Nerea (III)

Querida hija, 

Te escribo de nuevo para contarte qué tal van las cosas por aquí fuera esperando tu llegada. La verdad es que, quitando el tamaño de mi barrigón, que estás contribuyendo muy eficazmente a agrandar a diario, no hay muchos cambios. 

Que, hablando de agrandar, ya sé que cada vez hay menos sitio, y que ya tienes que estar encogidina porque se te acabó el espacio ese estupendo en el que hacías mortales atrás, florituras, triples tirabuzones y saltos varios, pero tampoco hace falta que intentes hacerte sitio a patada limpia, que a veces ya no sé si es que estás buscando la salida o que quieres seguir los pasos de papá con el kárate. El ataque gratuito a mis interiores de esta noche, con dos patadas voladoras que hasta me despertaron (y no es fácil despertar a tu madre, créeme), me hace temer por mi integridad física cuando seas un poco más grande y tengas algo más de fuerza. 

Estarás pensando que no ves que progresemos adecuadamente, porque mucho criticar patadones nocturnos y kilos de barrigón, pero de comprarte cosinas, ponerte habitación, mirar sillas y esas cosas ná de ná (ya, ya, y de lo tuyo qué). Pues sí, la verdad es que tienes razón, pero te diré que listas tengo ya para aburrir. Estamos dejando claro lo que necesitaremos (o más bien, lo que necesitarás tú, en detrimento de la economía familiar) y ya casi estamos listos para empezar a almacenar. De hecho, ya casi tenemos la silla, bueno, el trío, ya sabes. Al menos yo sí que lo tengo, pero entre ceja y ceja metido, que no pienso en otra cosa porque es una monisitez y encima nos sale genial de precio que nos hacen descuento (en contra de la voluntad del chico de la tienda, el pobre), ¡¡una ganga, Nere!!

Lo que sí te puedo decir es que tienes a tus abuelas en una guerra del punto y el tricotaje que da gusto verlas: venga mantas, toquillas, chaquetinas y capotas... frío no vas a pasar, te lo digo yo.

¿Sabes qué?, a mami ésto del blog le está dando muchas alegrías y, además de ganar visitas y lectores todos los días e ir conociendo gente nueva gracias a ello, resulta que ahora también me cae algún premio, ¿cómo te quedas? No es que saquen de pobre, pero hacen una ilusión tremenda, que una es muy agradecida.



 Gracias a Mamá Periodista, Blog de una embarazada y Planeando ser Padres, respectivamente. (Los premios vienen con deberes, que no se me olvida...)



También quiero decirte que ahora ya quedan menos de 3 meses para que salgas, y a mí ya me está entrando el nerviosismo. Tenemos muchas ganas de verte, ¿sabes? Tantas que se nos hace un poco larga la espera, de hecho a tu padre le parece que hace tiempo quedaron atrás los 9 meses y que vamos camino de una gestación elefantiana de 22. Pero comprende que nos pueden las ganas de conocerte, verte la carina y aprender de ti y contigo, de saber cuál será tu carácter, si serás remungona, tendrás mala leche, serás buenina, qué cosas te gustarán y que cosas harán que nos destroces los tímpanos, si serás guapísima como papá, o felizona, como mamá... Pero no te preocupes, tú a tu ritmo y sin prisa, que ya nos veremos los caretos.

Me despido por hoy, que voy por ahí a mover el barrigón, que falta hace.

Un besín enorme,

Mami