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miércoles, 23 de julio de 2014

Vacaciones con la Cachorrina

Estas últimas semanas he tenido el blog un poco parado, sin actualizar y casi sin tiempo (ni ordenador) para responder a los comentarios, o comentar y visitar yo misma otror blogs que me encantan y sigo habitualmente. La causa de esta dejadez blogueril, no es otra que estar de vacaciones en nuestra Asturias Patria Querida, dejándonos mimar y, sobre todo, dejando que mimen a la peque de la casa.


El caso es que, cuando vives lejos de tu tierra, prácticamente todas tus vacaciones se destinan a volver a casa como El Almendro: en Navidad; pero también en verano, en Semana Santa, puentes y descansos que puedan conseguirse por el medio.  Y cuando dentro de ese destino, como es el caso, tienes varios subdestinos a los que acudir (en nuestro caso, Oviedo, Cangas del Narcea y Colombres), el periodo de vacaciones se convierte en un estrés de idas y venidas con el coche cargado como una familia nómada de vendedores ambulantes, en el que debemos meter nuestras maletas, la maleta de la Cachorrina, la cuna de viaje, colchón bueno y ropa de cama para la cuna,-que al final no es de viaje ni ná-, bolsa de comida para la peque, juguetes de la Cachorrina, sillita para el coche, silla de paseo, cambiador, bolsa de la silla, trona portátil, mochila portabebés; y así, hasta el infinito y más allá, vamos acoplándolo todo en el coche en un trabajadísimo ejercicio de Tetris, para terminar dándonos cuenta de que ya no hay sitio y vamos a tener que poner la sillita con la nena en el asiento del conductor y nosotros ir en bus.

Y la niña anda a mil revoluciones, porque a su nerviosismo habitual hay que sumarle caras nuevas, y 24 horas de atención y gracias por parte de abuelos, tíos, parientes y amigos varios que están deseando contemplarla desde hace meses, y casas nuevas cada 4 días, y habitaciones nuevas, y entornos nuevos, y con cada nuevo escenario, más caras y rutinas nuevas;  y así, la Cachorrina anda muy loca, que cuando camina ya no sabe lo que hace y da vueltas en círculo la pobre en un bucle sin fin.


Pero tanto estrés merece la pena porque la peque está feliz, y sus abuelos y tías, ni te cuento, y paseamos por Oviedo, y tomamos unas sidrinas en Gascona, y la Cachorrina persigue palomas y patos en el Campo San Francisco, y tomamos cañas con los amigos en Pedregal, y cenamos costillas con vistas a la ciudad; y vamos hasta Colombres, a la playa de La Franca, y Nerea vuelve a croquetear y bañarse, como en su isla, -pero con el agua helada y con olas-, y tomamos el vermú por Llanes, y comemos comida de mami en el porche y jugamos en el prao, mientras mis padres, mi hermana y mi cuñao mueren de amor por la Cachorrina; y vamos a Cangas, y vemos la Descarga, paseamos por la calle Mayor, mis suegros y mi cuñada secuestran literalmente a la peque y se desviven por ella, y nosotros tomamos vinos de Cangas, y vamos al Chicote, y salimos de monte para ver desde la cima del Cueto de Arbás el mar de montañas que es nuestra Asturias, y nos bañamos en el Narcea, y vamos de fiesta de prao, y nos ponemos las botas con las comidas de Pilar... Vamos, un mal rato todo. ;)

Y en esas estamos, así que espero que comprendáis que tanta mala vida y tanto estrés me hagan tener el blog un poco aparcado. ¡¡Disfrutad de las vacaciones y seguid tan guap@s!!



martes, 13 de mayo de 2014

Monisiteces: maletas correpasillos

Ahora que nos hemos mudado a Nuestra Isla nos vemos obligados a llevar a la Cachorrina  en avión de acá para allá, con sus salas de espera, sus puertas de embarque, sus retrasos, sus huelgas de pilotos de Iberia, sus dos horas antes para facturar, sus compañías low cost que te cobran la maleta al peso (por gramos, miligramos, etc)... Así que se hace necesario buscar la manera de llevar sus cosas en el equipaje de mano, por si necesitas algo durante el vuelo, y de tenerla entretenida esos ratos; y si puedes hacer las dos cosas a la vez, mejor que mejor.

Por eso he descubierto la existencia de estas monisiteces de maletas correpasillos. ¡Me encantan!

He encontrado cuatro modelos de cuatro marcas diferentes, pero desconozco si hay alguna opción más, y las cuatro tienen espacio para guardar las cosas del peque (aunque no parece mucho), tienen ruedas, y correa para poder colgarla al hombro, arrastrar al peque a la carrera cuando llegas tarde o para que ellos solitos puedan llevarla rodando cuando ya son un poco más grandecitos. Además todas son aptas para llevar como equipaje de mano, sin tener que facturar (¡¡chúpate esa Ryanair!!). Se pueden encontrar en tiendas como Imaginarium o Eureka Kids y en muchas tiendas de puericultura online, a mejor precio. No son muy caras y rondan todas los 30-50 euros, dependiendo del modelo, y de la tienda, claro.

La más popular (y creo que más carilla) es la Trunki, que es más espaciosa y la hay en varios modelos de animalitos:





También las tenemos en versión dibujos animados, tanto de Disney, como de otros personajes de la tele, con lo que podemos elegir la del dibujo preferido de nuestr@ retoñ@ (Bob Esponja, Dora la Exploradora, Pocoyó...). Éstas son de Joumma Bags:



En tercer lugar encontramos las de la marca Moltó, en dos modelos de varios colores cada uno: La Smiler con forma de elefantito, y la Smiler con forma de moto:



Y por último, mi favorita, por monisitez absoluta -aunque creo que es menos espaciosa-, la Skootcase de Diggin, una vespa maleta que querría para mí:

No me digáis...




Yo ya estoy pensando en una para la Cachorrina, porque en unos meses ya podrá disfrutar del momento correpasillos y pienso que una maleta de éstas, le encantará y le hará mas llevadero su paso por los aeropuertos (y a nosotros también, para qué engañarnos).

Seguid tan guap@s :)


sábado, 8 de marzo de 2014

Viajar con bebés en avión

La semana pasada, esta familia de nómadas que formamos el Cangués, la cachorrina y servidora, emprendimos una nueva mudanza,  pero esta vez a lo grande: cambio de casa, calle, ciudad, provincia, Comunidad Autónoma y hasta de península. Vamos, que por nuevo destino laboral del Cangués ahora vivimos en una isla, con su sol, sus playas, sus guiris, su Pachá... lo que viene siendo un cambio radical, vamos. Y un cambio que nos obligaba a viajar en avión con la cachorrina.

Imagen vía blogdebebes.com

Antes de ser mami, la verdad es que pensaba que viajar con bebés no tendría más complicación que llevarlo contigo y sentarlo en un sillón adaptado o similar, y que por supuesto, el bebé viajaría gratis. Pero no es así. No es que sea complicado, pero sí hay varias cosas que debemos tener en cuenta antes de volar con ellos: 

- En primer lugar, a la hora de sacar el billete debéis saber que las compañías aéreas consideran bebé a los menores de 24 meses y que, en contra de lo que la mayoría pensábamos, los peques no viajan gratis, sino que pagan tasas por volar. Osea que pagan poco, pero pagan. Dependiendo de la compañía son unos 25-30 euros más o menos. 
Debéis tener cuidado al comprar los billetes por internet y fijaros bien en lo que os cobran porque en algunas páginas me encontré con que me cobraban a la cachorrina como un adulto a pesar de haber señalado que era bebé.

- En segundo lugar, como no pagan billete, no tienen derecho a asiento y por tanto viajan sentados en el regazo de sus padres, con un cinturón especial que se sujeta al del adulto. Junto con el cinturón, la azafata entrega también un chaleco salvavidas especial para el peque.
Tengo entendido que en los vuelos largos (tipo transoceánicos) las compañías aéreas facilitan una cuna para que los bebés viajen más cómodos.
Debo decir que si tenéis suerte y los asientos de la primera fila (clase business) van vacíos, hay azafatas caritativas que ofrecen a los padres con bebés ocuparlos para ir menos apretados, pero no fue mi caso. En mi caso los asientos iban vacíos y una buena mujer que viajaba sentada delante de mí le preguntó a una azafata que si no me ofrecía ir con la cachorrina a los asientos de la primera fila, cosa que otras veces hacían, a lo que la tipa(rraca) respondió "si quiere ir en business, que pague business" (muertadehambre!! -esto no lo dijo, pero está claro que lo pensó-). Y ahí me quedé yo, pequeñita en mi asiento de clase turista con mi cachorrina, con cara de pobretona sin haber siquiera abierto la boca. Lo que hay que...

- En cuanto al acceso al avión, habitualmente era suficiente con mostrar el libro de familia para embarcar con niños, pero ahora algunas compañías exigen que el bebé tenga algún tipo de documentación, como DNI o Pasaporte, así que conviene hacerlo para evitar problemas (que visto lo visto con la azafata, cualquiera se arriesga a que te dejen en tierra). La cachorrina, por supuesto, ya tiene su DNI que sí que tuvimos que mostrar antes de subirnos al avión.

- Se puede acceder al avión con la comida y bebida del bebé además de juguetes, mantita y demás cosas que creáis que vais a necesitar. De hecho yo subí al avión con 2 bolsas de equipaje de mano, la mía y otra en la que llevaba todos los trastos de la cachorrina y me dejaron sin problemas, porque ya se entiende que la peque necesita muuuchas cosas para ir tranquila durante el vuelo.

- Si viajáis con la sillita, la tenéis que facturar, como si de una maleta se tratase, pero podéis llevarla hasta la escalerilla del avión. Yo tengo una amiga con una mala experiencia ya que la compañía aérea en cuestión le devolvió la silla rota y ahí siguen pegándose para que se la paguen, así que decidimos que la silla iría en ferry con el coche y el cangués y que la cachorrina iría en la mochila portabebés conmigo. Y fue una idea estupenda porque así estuvo cómodamente dormida desde que pasamos el arco de seguridad hasta que montamos en el avión y tuve que sentarla bien con el cinturón de seguridad.

- Otra cosa a tener en cuenta es que el bebé también pasa el arco de seguridad, y todo lo que lleve con él también, incluida la sillita que os harán plegar, llevando al peque en brazos. Yo llevaba a la cachorrina en la mochila y el de seguridad me hizo quitarme las botas y el cinturón con ella encima, que no sabéis la de rato que me llevó hacerlo sin ayuda y con la nena dormidísima dando cabezadas contra mí mientras yo me contorsionaba para descalzarme y localizar el cinturón-arma de destrucción masiva. Por suerte una de las chicas de seguridad, viendo la escena, se apiadó de mí y ya no me hizo falta demostrar que la comida de la cachorrina no era un arma química letal.

- Por último hay que tener en cuenta que el bebé puede sentirse incómodo durante el vuelo, especialmente en el despegue y el aterrizaje, si le molesta la presión en los oídos. Es bueno ofrecerle alimento (pecho u otro) en esos momentos porque les alivia, pero en mi caso no hizo falta porque la cachorrina, aunque debió sentir algo raro porque se echó un par de veces la manina a la oreja, no protestó ya que iba distraída jugando a arrancar las páginas de mi revista e intentando sisarle el reloj a la señora que teníamos al lado.

Tengo que decir que la peque se portó de lujo, ya que no lloró en todo el viaje, y eso que iba despierta y para ella es un triunfo estar tanto tiempo sentada en el mismo sitio, pero fue entretenida y todos los pasajeros del avión, sin exagerar, cuando vieron que iba yo sola con la peque se desvivieron por ayudarnos con las bolsas, para entretener a la peque, jugar con ella, llevarnos el equipaje, recogernos las maletas en la cinta... En especial la mujer que llevábamos al lado que, inocente, intentaba leer un libro y no alcanzó a terminar una frase en hora y media de vuelo porque la nena la agarraba, le pasaba páginas con su manita llena de babas, le tiraba del reloj, de los pendientes -perdí la cuenta de las veces que tuve que pedirle disculpas a la pobre, que fue una santa y terminó por cerrar el libro y dedicarse por entero a la peque-; y al matrimonio de delante que cargaron mis bolsas y esperaron conmigo hasta que mi maleta salió la última en la cinta transportadora... En momentos así te das cuenta que la presencia de un bebé saca lo mejor de las personas... menos de alguna que otra azafata (mala péc...), claro.

¡¡Hasta el próximo post!!