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miércoles, 17 de junio de 2015

Carta a Nerea: Te echo de menos, mi chiquitina.

Llevo quejándome de mala vida, de sueño, de falta de ocio, de tiempo para mí, desde que apareciste en mi vida un 25 de julio de 2013.

Ahora he tenido que pasar 4 larguíiiiiiiisimos días lejos de ti, que estás disfrutando de tus abuelos y tus tías en Asturias, mientras mamá se queda trabajando en la isla, y no veo la hora de salir volando de aquí para achucharte, comerte a besos, que me des un mimo grande con tus brazos regordetes, que me digas “mami” y me regales un abrazo del oso (“bato ocho”, que dirías tú), que me tires de la chaqueta y del bolso para asegurarte que no me vuelvo a ir, que me cojas de la mano y me digas “mamá pinta” para que nos pongamos a colorear, que me cantes en bucle la canción de los pollitos y que me regales tu risa que juro por Dios que es el sonido más bonito del mundo entero.

Ya voy a verte mi Cachorrina.
Ya sale mi avión.
Ya estoy deseando quejarme de mala vida.

Te quiero!

jueves, 19 de marzo de 2015

Sé que no me tengo que preocupar...

Desde que llegaste a nuestras vidas en forma de mini cigoto que crecía y daba patadas en mi barrigón, asistí maravillada a la ilusión, las ganas, el cariño y la alegría del Cangués por ser papá; así que no me tenía que preocupar porque sabía que él quería ser, y sería, un padre maravilloso.

Desde que naciste y le vi pasar las noches en vela mirándote embobado, aunque le tuvieras muerto de agotamiento, y levantarse por la mañana con ojeras y una enorme sonrisa al volver a verte; sé que no me tengo que preocupar por tus malos sueños, porque él ya está cuidando de ti.

Desde que empezaste a jugar, a gatear, a caminar, y le veo ayudarte incansable, hacerte mil  y un trillones de gracias para arrancarte tus primeras sonrisas, ofrecerte su mano 24 horas al día si es necesario para dar tus primeros pasos, imaginar juegos, cantar y hasta bailar para hacerte feliz, y levantarte con cariño de cada golpe y cada caída; sé que no me tengo que preocupar por tus progresos, porque tienes en él al mejor apoyo para avanzar.

Desde que dejaste el pecho y empezaste a comer otras cosas; veo como él te prepara biberones a la hora que sea, como trata de convencerte para una cucharada más de puré, como celebra contigo la llegada del postre. Y sé que no me tengo que preocupar por tu bienestar, porque con él nunca te faltará de nada.

Desde que empezaste a dar mucha guerra, dormir poco y mal, no parar ni un segundo en todo el día, romper cosas y tener pataletas; veo como él no pierde la paciencia y te trata de enseñar a ser un poco más civilizada, y a tranquilizarte y a darte abrazos que te calman más que cualquier otra cosa del mundo -si obviamos los gusanitos, claro-. Y sé que no me tengo que preocupar por tu mala leche, porque él siempre tratará de hacer de ti una persona mejor.

Desde que empezaste a investigar intrépida el mundo, correr por el parque sin dejar un rincón, subir a las alturas, caminar por los bordillos, poner a prueba tus nuevas habilidades; veo como él es tu compañero de juegos perfecto, con quien te sientes feliz y segura. Y sé que no me tengo que preocupar por tus ganas de hacer cosas nuevas, porque él te acompañará en tus aventuras.

Desde que empezaste a ir a la guarde y al parque, y a relacionarte con otros niños; veo cómo él te anima a jugar con ellos, a compartir tus cosas, a imaginar actividades divertidas para hacer juntos. Y sé que no me tengo que preocupar de que socialices, porque él siempre te ayudará a relacionarte y disfrutar de la compañía de los demás. 

Todos los días al vestirte, ponerte el chándal de la guarde, tus vestidos, tus vaqueros o cualquier cosa que tengas a bien ponerte encima de la cabeza; veo cómo siempre te dice lo guapísima que estás. Y sé que no me tengo que preocupar porque no te sientas querida y admirada, porque él siempre te recordará que eres preciosa.

Cuando veo cómo os miráis: él a ti, como si fueras lo más bonito que ha visto en su vida, y tú a él, como a tu súperhéroe particular; sé que ya no me tengo que preocupar por ser la mejor madre del mundo, porque él ya ES el mejor padre del mundo.

Al Cangués y todos los padres súperhéroes, incluido el mío: ¡¡¡FELIZ DÍA DEL PADRE!!!


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Carta a Nerea (VII)

Querida hija, 

Hacía un tiempo que no te escribía, en parte porque estoy muy ocupada persiguiéndote para impedir que te eslomes en cualquier esquina, te pilles los dedos con las puertas, me pongas la lavadora o me conviertas el baño en un spa. Pero creo que ha llegado el momento de comentarte una cosa. 

Ya sabes que mamá y papá te quieren muchísimo, y te miran y remiran con amor del bueno, y que para nosotros eres el ser más precioso del mundo; pero debes saber que esto no quiere decir que seas perfecta, de hecho hay alguna cosina por ahí que no estaría mal que intentáramos corregir. Y sí, hablo de ese carácter (léase: mala leche) que te gastas cuando las cosas no salen como tú querías. 

No es que no te quiera como eres, que sí, pero tienes que reconocer que tienes tus cosas (chiquitinas, pero tus cosas, al fin y al cabo), y que montes en cólera y te endemonies nivel niña del exorcista porque hay un niño montado en el columpio (que te recuerdo que, a pesar de los agradables ratos de ir y venir que pasas en él, no es tuyo), porque no te dejo comer gravilla mezclada con barro del suelo,  o tirarte de cabeza a la fuente del parque, pues qué quieres que te diga, es un mal rato -hoy en concreto fueron tres malos ratos en media hora, y yo así no llego a vieja-. Y es que, Cachorrina mía, yo no había visto violencia callejera semejante a una "perreta" tuya en la vida. 

Con esto te quiero decir que a partir de ahora vamos a intentar evitar que te conviertas en una dictadora y a enseñarte que no puedes tener siempre todo lo que quieres, y que no pasa nada por ello. No hace falta frustrarse y cabrearse hasta que se oyen tus gritos desde la península, ni tirarse al suelo a patalear enrabietada. 

Te escribo estas líneas para que nos eches una mano, que ya sabes que nosotros vamos aprendiendo como podemos sobre la marcha, para que entre los tres podamos enseñarte a reaccionar mejor a las cosas que te contrarían o que no te gustan, y que aprendas que no puedes tenerlo todo; porque si con 15 mesinos de nada que tienes, ya eres un poco máquina de reñir y te gastas el carácter que te gastas, yo ya me veo pidiendo vez para Supernanny, y, por si ella falla, poniéndome en lista de espera para Hermano Mayor.

Ya me despido, que ahora tengo que ir a comprobar que estás dormidina en tu cuna, tapada, que respiras tranquila y que hueles como los ángeles. ¡Te requetequiero princesa!

Un besín, 

Mami





martes, 31 de diciembre de 2013

Carta a Nerea (VI)

Querida heredera,

Hoy es 31 de diciembre de 2013, lo que quiere decir que hoy se termina el año en el que te incorporaste a nuestra familia para revolucionarnos la vida a tu padre y a mí. Un año diferente a todos los vividos hasta ahora: un año sin fiestas de prao, sin sidras, sin tacones, sin vermuses eternos con los amigos, sin vacaciones, sin viajes, sin cenas románticas, sin salidas con nocturnidad y alevosía, sin copichuelas, sin farturas y jarana hasta las tantas, sin tiempo ni para peinarme...

Y a cambio el año que hoy despedimos me trajo un barrigón enooorme, pantobillos, acidez, torbellinos de emociones hormonadas, vaqueros con cinturilla elástica, cerveza sin, análisis, ecografías, contracciones infernales, oxitocina, noches en vela, ojeras hasta los tobillos, cabezazos contra las paredes de puro sueño, sustos de muerte, alopecia, pañales, el aspirador de mocos como elemento de tortura (para los padres). Vacunas, estrés maternal, insomnio, horario infantil, pezoneras y sacaleches; cacas y vómitos a cascoporro, responsabilidad, remordimientos de madre y agotamiento infinito.

Pero también nos trajo tu sonrisa, tu mirada (qué ojazos, hija mía), esos rizos, pelo Pantene, ropita pequeñita y preciosa, piel suave, olor a bebé por toda la casa, carricoches, cunita, tu querida hamaca, tu mochila, maninas regordetas que te agarran la nariz, se te meten en la boca y te cogen de los dedos; besinos de cachorrina, mimos, papos para comer y muslos con pliegues. Achuchones, juguetes de colores esparcidos por toda la casa; hora del baño -con el suelo empapado desde que descubriste lo diver que es patalear en el agua-, juegos y canciones, paseos larguíiiiisimos; siestas abrazadas ,en las que más que dormir, me dedico a mirar y remirar lo preciosa que estás dormida... y despierta.

Nanas, estrategias ninja para que te duermas sin darte apenas cuenta, lactancia materna, solas tú y yo; abuelos más ilusionados que un niño la mañana de Reyes, tías que se declaraban "no niñeras" y ahora beben los vientos por su sobrina, padres embobados que ni con todo el cansancio del mundo pueden renunciar a un sólo momento de sacarte una sonrisa, cienes y cienes de regalos de familiares y amigos (no puedes imaginar la cantidad de gente que se alegró con tu llegada y nos dio sus muestras de cariño... eres muy querida, Nere...).

Los qué pacha aquí, dónde está Nerea, cinco lobitos tiene la loba,  mi pequeña oviedista, medio carbayona, medio canguesa. La súpercachorrina, felizona y facilona, los chupetes, la cámara de fotos en mano, vídeos para no olvidar lo pequeñina que eras y lo rápido que creces; grititos  y nuevos sonidos que aprendes cada día y llenan la casa de alegría; esos bracinos que no coordinan, lo asustona que eres y los abrazos fuertes, fuertes para tranquilizarte; pedorretas, pucherinos que enamoran, dibujos en inglés para "que vayas cogiendo la pronunciación", el Cangués más guapo que nunca en su papel de mejor padre del mundo mundial. 

Tus bodies, tus pijamitas, tus vestidos y zapatinos, que son una monisitez; los "qué guapa eres, la Virgen!",  "dictadora!" (nain! nain!), los esfuerzos para no comerte a besos, los abrazos y juegos los tres juntos, el "somos una familia", el "qué bien estamos aquí los tres", las ganas de retener cada instante en la memoria para no olvidar tu carita y tus expresiones, que cambian tan rápidamente y se nos escapan sin que podamos darnos ni cuenta, pero que dan paso a nuevas sorpresas, progresos y alegrías renovadas cada día... Y todo eso me encanta y no lo cambiaría ni por todas las fiestas de prao del mundo (y esto dicho por tu madre vale un potosí).

Hoy hace un año que me quedé dormida entre uva y uva, con ese sueño incontrolable que me dio el embarazo y que me preparaba para los meses más agotadores de mi vida, que también fueron los más felices, porque tú ya estabas conmigo, desde ese instante impagable en el que vi por primera vez tu cuerpecito diminuto a unos ojos pegado, que ya parecían querer observarlo todo, sin el que ya no sabemos vivir... Y ésto sólo acaba de empezar, mi cachorrina.

Te quiere,

Mami

PD a terceros: Feliz 2014 para mi Cachorrina, mi Cangués y todos los que estáis ahí fuera. Que el próximo año sigáis tan guapos y seáis felices. ¡¡¡Vaya bien que lo vamos a pasar!!!

jueves, 18 de julio de 2013

Carta a Nerea (V)

Querida hija,

Siento que esto del embarazo está llegando a su fin -y no quiero meter presión, pero debería-. Cada vez noto más sensaciones en mi cuerpo que me dicen que estás muy cerca de salir a cambiarnos la vida para siempre a tu padre y a mí. Y la verdad es que acoj...ngoja un güevo, no te voy a engañar. A veces me doy cuenta de que paso la mitad del día animándote para que vayas cogiendo posición de salida, y muchas de esas veces termino diciéndome "tú mucho animar a la nena, pero el día que te haga caso y salga de verdad te va a dar un pampurrio que te va a dejar los ojos centrifugando modo Marujita Díaz" y entonces me encuentro acariciándome el barrigón y diciéndote que te tomes el tiempo que necesites, que aquí estaremos esperando igualmente aunque tenga que lucir barrigón hasta tu mayoría de edad, así que ya estarás pensando que tu madre tiene un trastorno bipolar severo.


Pero es que sé que cuando nazcas ya nada será igual: ni yo podré ser la misma, ni tu padre será el mismo, y el Cangués y yo ya no seremos el Cangués y yo, porque habrá nacido una familia. UNA FAMILIA. Y creo que no habrá nada más importante en el mundo que eso, ni más bonito, ni nada que pueda hacerme sentir más feliz ni más afortunada pero, por eso mismo, creo que tampoco habrá nada que pueda asustarme más. Mi mayor preocupación ya no seré yo misma ni mis chorradas: ni si no tengo nada que ponerme en este armario en el que no cierra ni la puerta y me escupe perchas a la cara porque ya no caben más vestidos, ni dónde es la próxima fiesta de prao para beber sidrina y perseguir al Cangués para que baile conmigo como si no hubiera un mañana, ni si sesenta pares de zapatos no son suficientes, es que los necesito (en esto espero tu colaboración para explicárselo a tu papi); si no que deberé mantenerte con vida durante toda la mía (que pasan cosas muy raras y desde que una ve las dos rayitas rosas en el test de embarazo vive ya con el corazón en un puño pensando en como proteger a su cachorrina) y, a ser posible, tratando por todos los medios que estén a mi alcance -y los que no, también-, de que seas feliz... casi nada.

Pero, a pesar del susto, quiero que sepas que me muero por verte, por abrazarte y por mirarte con esos ojos con los que una madre mira a sus hijos y que no son comparables a ninguna otra mirada que yo haya visto jamás -juro que en más de una ocasión se me han puesto los pelos como escarpias viendo a una madre mirar a sus retoños, y da igual que éstos tengan tres años que cincuenta y siete-. 

Así que cuando quieras, Nere, estamos preparados para recibirte, para cuidarte y para quererte más que a nada. Y aunque, seguramente, haremos cosas bien, otras no tan bien, y otras la liaremos parda directamente -no nos vamos a engañar, que vienes sin instrucciones, ni en chino o arameo si quiera, y tenemos que aprender el funcionamiento del asunto sobre la marcha-, no nos lo tengas muy en cuenta porque prometo que no te vamos a faltar nunca, sé que vamos a ser muy felices los tres juntos en esta pequeña familia nuestra y, qué leches... ¡lo vamos a pasar teta! :D

Un besín, 

Mamá

lunes, 3 de junio de 2013

Carta a Nerea (IV)

Querida hija,

Llevas 33 semanas campando a tus anchas dentro de mí (cosa que todavía a veces me parece increíble) y eso quiere decir que, como mucho, en 7 semanas nos veremos las caras. Yo a ti te veré como la cosita más preciosa que haya pasado por el mundo en la historia de la humanidad y tú seguramente me verás sudando, con la cara de agotada de los dolores y de empujar, colorada del esfuerzo, los ojos inyectados en sangre, con un camisón horrible que te deja el culo al aire y con pelos de desquiciada, pero no me lo tengas en cuenta, que tengo momentos mejores. Tú fíjate en papi que estará ahí tan guapo y tan contento.


Quiero anunciarte que lo que habíamos hablado de que tendrías mucha suerte porque nacerías en julio, pleno verano, que nos vendría genial para hartarnos a dar paseos al solín, puede que no sea del todo así. Es más, puede que vayas a nacer en pleno inicio de una nueva era glaciar en vista de que en el mes de junio el sol todavía ni está ni se le espera por estos lares (el hombre del tiempo miente por la tele y dice que ya ha llegado el verano y suben las temperaturas en toda España y todos los días sale el sol, chipirón, y los pajarillos cantan... falacias!!: desde ayer deberíamos tener ese sol radiante y por aquí seguimos sin alcanzar los 10 grados, con el cielo encapotado y orbayando). Si mis sospechas de glaciación se llegaran a confirmar, yo te contaré historias de cómo el sol hacía florecer los campos y morenear las pieles, incluso te pondré imágenes maravillosas de atardeceres en el mar. 

Este atardecer lo disfrutamos tu padre y yo hace un año en Lanzarote... aaayyy...

Decirte que hasta papá está preocupado porque desde que eras un microcigoto no hemos podido ponerte al sol y claro, piensa que vas a salir con raquitismo u osteoporosis por la falta total de vitamina D... prubitina mía, tan chiquitina... De todos modos, todavía hay esperanza y tenemos mes y medio para darle tiempo a llegar al verano (porque para la primavera ya es tarde) y para que puedas poner las patucas al sol con esos conjuntinos, vestidos y bodies veraniegos que te están esperando en el armario.

Por otro lado, a lo mejor notas a mami más agotada que de costumbre estos días pero es que, en pleno octavo mes de embarazo, nos ha parecido una idea de lo más chachi hacer mudanza (a un piso muy cuco, eso sí), así que entre el barrigón (hay que ver lo que pesas ya, hija mía), las patadas que me arreas (sin acritud), las caminatas que me mete tu padre y ahora las sesiones de vaciado de armarios, empaquetado de cajas y bolsas y limpieza, acabo con un doló que paso el día deseando que llegue la noche para hacerme la muerta en el sofá.

Por lo demás, ya tenemos más cositas para ti y poco a poco vamos completando tu equipación. Ya han llegado los sacos para la silla y el capazo -ya verás que monisitez y que comodísima y guapísima vas a ir ahí dentro-, además ya tienes más ropina y sitio para guardarla (¡menudo armario te vas a gastar en el piso cuco!). 

Espero que sigas cómoda ahí dentro, aunque por los nuevos movimientos que haces, los sitios extraños por los que aparecen pies tuyos (o codos o vete a saber) en forma de bultos duros en el barrigón y el brío que adquieren tus patadas, yo creo que el sitio se te está quedando más bien enano y que, además, ya estás con la cabeza hacia abajo, preparándote para la triunfal salida. Así que sólo puedo decirte que aguantes un poco, que ya falta menos y que tenemos unas ganas locas de achucharte.

Un besín,

Mami.

Imagen niña vía Pinterest.

jueves, 25 de abril de 2013

Carta a Nerea (III)

Querida hija, 

Te escribo de nuevo para contarte qué tal van las cosas por aquí fuera esperando tu llegada. La verdad es que, quitando el tamaño de mi barrigón, que estás contribuyendo muy eficazmente a agrandar a diario, no hay muchos cambios. 

Que, hablando de agrandar, ya sé que cada vez hay menos sitio, y que ya tienes que estar encogidina porque se te acabó el espacio ese estupendo en el que hacías mortales atrás, florituras, triples tirabuzones y saltos varios, pero tampoco hace falta que intentes hacerte sitio a patada limpia, que a veces ya no sé si es que estás buscando la salida o que quieres seguir los pasos de papá con el kárate. El ataque gratuito a mis interiores de esta noche, con dos patadas voladoras que hasta me despertaron (y no es fácil despertar a tu madre, créeme), me hace temer por mi integridad física cuando seas un poco más grande y tengas algo más de fuerza. 

Estarás pensando que no ves que progresemos adecuadamente, porque mucho criticar patadones nocturnos y kilos de barrigón, pero de comprarte cosinas, ponerte habitación, mirar sillas y esas cosas ná de ná (ya, ya, y de lo tuyo qué). Pues sí, la verdad es que tienes razón, pero te diré que listas tengo ya para aburrir. Estamos dejando claro lo que necesitaremos (o más bien, lo que necesitarás tú, en detrimento de la economía familiar) y ya casi estamos listos para empezar a almacenar. De hecho, ya casi tenemos la silla, bueno, el trío, ya sabes. Al menos yo sí que lo tengo, pero entre ceja y ceja metido, que no pienso en otra cosa porque es una monisitez y encima nos sale genial de precio que nos hacen descuento (en contra de la voluntad del chico de la tienda, el pobre), ¡¡una ganga, Nere!!

Lo que sí te puedo decir es que tienes a tus abuelas en una guerra del punto y el tricotaje que da gusto verlas: venga mantas, toquillas, chaquetinas y capotas... frío no vas a pasar, te lo digo yo.

¿Sabes qué?, a mami ésto del blog le está dando muchas alegrías y, además de ganar visitas y lectores todos los días e ir conociendo gente nueva gracias a ello, resulta que ahora también me cae algún premio, ¿cómo te quedas? No es que saquen de pobre, pero hacen una ilusión tremenda, que una es muy agradecida.



 Gracias a Mamá Periodista, Blog de una embarazada y Planeando ser Padres, respectivamente. (Los premios vienen con deberes, que no se me olvida...)



También quiero decirte que ahora ya quedan menos de 3 meses para que salgas, y a mí ya me está entrando el nerviosismo. Tenemos muchas ganas de verte, ¿sabes? Tantas que se nos hace un poco larga la espera, de hecho a tu padre le parece que hace tiempo quedaron atrás los 9 meses y que vamos camino de una gestación elefantiana de 22. Pero comprende que nos pueden las ganas de conocerte, verte la carina y aprender de ti y contigo, de saber cuál será tu carácter, si serás remungona, tendrás mala leche, serás buenina, qué cosas te gustarán y que cosas harán que nos destroces los tímpanos, si serás guapísima como papá, o felizona, como mamá... Pero no te preocupes, tú a tu ritmo y sin prisa, que ya nos veremos los caretos.

Me despido por hoy, que voy por ahí a mover el barrigón, que falta hace.

Un besín enorme,

Mami


martes, 19 de marzo de 2013

Carta a Nerea (II): El Día del Padre

Querida hija, 

Hoy es 19 de marzo, el Día del Padre. Ahora mismo a lo mejor no te dice nada esta fecha, pero cuando estés por aquí será un día en el que le recordarás a papá lo mucho que le quieres, y le agradecerás que te cuide y te quiera mediante pisapapeles de arcilla deformes, cuadros con tus manitas impregnadas de pintura de dedo o tarjetones de felicitación con lentejas pegadas. Y ¿sabes qué?: le van a encantar, porque es tu padre, y tú eres su cachorrina, y nada de lo que hagas nunca podrá hacer que deje de quererte y cuidarte.


Él jugará contigo, te protegerá cuando tengas miedo, te reconfortará cuando estés malina y te abrazará muy fuerte cuando estés triste. Se alegrará contigo cuando estés contenta y responderá a cada una de tus sonrisas con una todavía mayor. Será tu compañero de aventuras y juegos, incluso cuando quieras jugar a las Barbies y vestirte de princesa --estoy deseando verle pintarte las uñas de rosa y purpurina y ponerle voz a tu Nancy, (tú pídeselo, ya verás que bien lo vamos a pasar)--; correrá contigo (y detrás de ti), te "echará al hombro" y se rebozará contigo en la playa. Te enseñará a dar patadas a un balón, a usar la raqueta de tenis, a andar en bici y a subirte a los árboles. También a revolcarte por el prao hasta llenarte de verdín y ponerme muy contenta a mí cuando tengamos que tirar el vestido nuevo.

Será tu cómplice y tu héroe. Querrás que te coja en cuello porque en ninguna parte te sentirás tan segura como en sus brazos y te parecerá que no hay nada en el mundo que tu padre no pueda conseguir. Y cuando crezcas, le pedirás que te ayude con los deberes y que te enseñe a dar patadas voladoras, como el sabe, para defenderte en el patio o zurrar al niño que te gusta; y  que vaya a verte a las funciones del cole orgullosísimo, cual madre de la Pantoja, aunque sólo seas parte del atrezzo. 


Más tarde le harás sufrir cuando empieces a salir con las amigas y echarte novios, y tendrás que ponerle ojinos, negociar y darle muchos mimos para que te deje salir de casa sola antes de los treinta, porque te digo que ya está pensando en ponerte un pastor...

Debo decirte que yo nunca me he considerado una persona con una suerte especial, ni buena ni mala, --no es por ser llorica pero de todo me pasa y Murphy me tiene manía--, y puede que no siempre haya tomado las decisiones más correctas en muchas cosas, pero quiero que sepas que si en algo puedo afirmar que he tenido más suerte de la que podía imaginar y que no he podido escoger mejor, es con tu papi. Porque te aseguro que no he conocido un hombre en mi vida que sepa con más seguridad que va a ser un padre increíble. Ya lo verás, ¡vaya ojo que tengo!


Como tú estás todavía en modo cigoto, este año aprovecho este nuestro blog para felicitarle yo su Primer Día del Padre y decirle que ya estoy orgullosa de la persona que es y del papá que va a ser.

Y también quiero felicitar desde aquí a tu güelito Jose, que ha sido para mí y para tu tía Eva todo lo que te contaba y más: ¡Felicidades papá y gracias por todo! ¡Te queremos!




Bueno, ya me despido por hoy que con las hormonas estoy fatal de lo mío, otro día seguimos hablando. Tú sigue con lo que quiera que estés haciendo ahí, pero por favor, reparte más la actividad que me tienes todo el día la barriga deformada porque se ve que te gusta ponerte del lao derecho y no queda bien, a ver si nos centramos. Yo seguiré dándote acomodo unos meses más, supongo que el sitio no será la pera limonera, pero no sé cómo hacer que sea más confortable, no me lo tengas en cuenta.

Un besín, 

Mami que te quiere.


































Fotos vía Pinterest.

sábado, 23 de febrero de 2013

Carta a Nerea (I)


Querida hija,

Ya estamos casi en la mitad de tu etapa como inquilina de mi barriga (también tú, dónde te fuiste a meter…). Hace ya tres meses que supe que estabas en camino y que le di la noticia a tu padre. Se puso loco de contento y levantaba los brazos como si hubiera ganado el Tour diciendo: “si es que donde hay un macho…”, daba gusto verlo (ya te pondré el vídeo, no te preocupes); y todo porque llegaste muy rápido, vamos que no te hiciste de rogar nada, ni un poco. Por eso yo te reconozco que me dio un ataque de “aymadre, aymadre, aymadre…” cuando confirmé la noticia y todavía no se lo había contado a él. En ese momento en el que éramos solo tú y yo, reí, lloré, hiperventilé y me quedé muerta en el sitio pensando en que eras real, que ya estabas dentro de mí, y en todo lo que supondría tu llegada en nuestras vidas. No pienses que dudaba o no te quería, nada de eso, porque desde que vi que el test de embarazo era positivo, supe que ya serías el centro de mi vida para siempre y la personita más importante del mundo para mí y para tu padre. ¡¡De ahí el susto!!

Por papá, no te preocupes, que ni susto ni nada, de hecho lo que él me dijo fue: “qué susto ni qué susto, ya verás que bien lo vamos a pasar…” y hala, tan contento. Ya le verás cuando salgas, le reconocerás en seguida cuando veas a un chico alto y guapo, feliz y con el puño en alto cuando asomes la cabecina. (Por cierto, desde ya te aviso que va a querer subirte a todos los árboles que encuentre.)

Pero no sólo nosotros estaremos para recibirte, que sepas que tienes a tus abuelos ya nerviosos, a tus abuelas recuperando la afición por el punto y el tricot (venga mantas y chaquetinas) y a tus tías pensando mil formas de malcriarte (por favor, no te dejes, que luego eso tiene mal arreglo), porque te informo de que serás primera nieta y sobrina por ambas partes… ¡¡el acabose!! Y más gente, no te creas que se queda ahí la cosa, porque tendrás tíos y primos, postizos y de verdad, para jugar, y una bisabuela guapísima con más energía que todos los demás juntos.

Hoy no me enrollo más que estarás queriendo dar volteretas y patadas a tu aire, que por cierto, vaya horas escoges, las 2 de la mañana y tú de fiesta ahí dentro. Lo de trasnochar tendrás que dejarlo para cuando seas mayor de edad, aunque igual tienes que llevarte a tu padre contigo porque si no el pobre no va a dormir pensando que ahí fuera hay “mastines” que pueden cruzarse en el camino de su nena. Probe, no le queda nada.

Que sepas que ya se te quiere y se te espera, un besín,

Mamá. 

Pd: Aquí te dejo la foto más reciente que tengo de papá y mamá, para que nos vayas conociendo. El año que viene nos disfrazamos los tres juntos, así que vete pensando en algo.