Finalmente, y tras 32 semanas de embarazo de concurso sin apenas ninguna molestia ni efecto secundario, el barrigón se manifiesta en todo su esplendor y me machaca los riñones sin piedad. Y es que con las dimensiones recientemente adquiridas (ayer la farmaceútica me miraba como si fuera a dar a luz allí mismo en su negocio), el barrigón ya empieza a darme algo de mala vida, empezando porque ya llevo dos noches despertándome con mucho doló. Dolor de cadera y dolor de barrigón, que me pesa hacia un lado y me tira. Parece ser que la solución a ésto, para poder tener buena postura y dormir mejor, consiste en poner una almohada o cojín alargado entre las piernas y por debajo de la barriga, de tal forma que equilibre la cadera y puedas apoyar la tripa gigante en él. Y funciona, oiga. El único problema va a ser acostumbrarme a dormir así, porque esta noche estrene el invento y sí, es todo felicidad y comodidad absoluta de la que te colocas, pero periódicamente te despiertas con los dolores y te encuentras con que has azotado la almohada salvavidas contra una esquina de la habitación (probablemente a patadas, pero no lo puedo confirmar, igual que no puedo asegurar que las patadas sean mías o de Nerea, que es más bruta...) y vuelta a colocar el invento, y otra vez la felicidad y fuera dolor... y a las dos horas, vuelta a recoger la almohada del suelo... Así toda la noche. A ver si me acostumbro rápido a dormir de esta manera para que todo vuelva a ser paz, harmonía y dormir del tirón, aaayyyy!
Lo cierto es que venden almohadas específicas para embarazadas con formas sinuosas que se supone que después se pueden aprovechar para la lactancia, pero te cobran el dichoso cojín como si te estuvieras comprando un colchón viscoelástico, así que yo pongo una almohada normal y tan contenta.
Pero no sólo de dolor nocturno vive el barrigón, no. Ahora tengo también dolor de riñonada cuando camino más de la cuenta, porque ya llevo la espalda bastante curvada hacia atrás -por aquello de mantener el equilibrio y que el barrigón no me tumbe en el suelo de morros a la primera de cambio-, o cuando llevo un rato largo de pie. Y cuando me siento o me "despatarro" en el sillón "chanclas p'arriba", que diría el Cangués, entonces el dolor viene en forma de patadones en las costillas, que se ve que a la cachorrina le va la marcha y eso de estar en reposo no le gusta nada. Parece que la estoy viendo asestar un golpe mortal de los suyos mientras me dice "¡levanta esssse culo, barrigón!". Más guapa...
Y ya lo último en dolores, son los que me dan ahí abajo, en las partes nobles. Que yo pensaba que tenía algo malo y se me iba a caer la nena, y no, resulta que son normales porque los músculos de la zona ya se van aflojando y relajando para el día del parto y al tener menos fuerza notas en ellos el peso del bebé y se resienten, como si tuvieras agujetas, cuando haces más esfuerzos de la cuenta. Y claro, después de la hora de piscina que me metí ayer, seguida de dos horas y media de caminata modo entrenamiento militar a las que me sometió el Cangués, cuando llegué a casa me arrastraba como una Geisha octogenaria que daba mucha penita verme.
Y no es que quiera ser llorica, pero que sepáis todos que ésto del barrigón, además de muchas alegrías, también da mala vida, aunque el Cangués se piense que me quejo de vicio y cada vez que me escucha un "¡ay, cuánto doló!", asoma diciendo "¿epidural?"... Más mala leche en ésta casa...
Menos mal que la mala vida se verá compensada de sobra cuando me den a mi cachorrina gordita, blandita, llena de babas, suave y que huela a Gloria Bendita :D
¡Qué tengáis buen fin de semana!
Imágenes vía Pinterest.




































.png)













































