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sábado, 25 de mayo de 2013

... Y llegaron los dolores

Finalmente, y tras 32 semanas de embarazo de concurso sin apenas ninguna molestia ni efecto secundario, el barrigón se manifiesta en todo su esplendor y me machaca los riñones sin piedad. Y es que con las dimensiones recientemente adquiridas (ayer la farmaceútica me miraba como si fuera a dar a luz allí mismo en su negocio), el barrigón ya empieza a darme algo de mala vida, empezando porque ya llevo dos noches despertándome con mucho doló. Dolor de cadera y dolor de barrigón, que me pesa hacia un lado y me tira. Parece ser que la solución a ésto, para poder tener buena postura y dormir mejor, consiste en poner una almohada o cojín alargado entre las piernas y por debajo de la barriga, de tal forma que equilibre la cadera y puedas apoyar la tripa gigante en él. Y funciona, oiga. El único problema va a ser acostumbrarme a dormir así, porque esta noche estrene el invento y sí, es todo felicidad y comodidad absoluta de la que te colocas, pero periódicamente te despiertas con los dolores y te encuentras con que has azotado la almohada salvavidas contra una esquina de la habitación (probablemente a patadas, pero no lo puedo confirmar, igual que no puedo asegurar que las patadas sean mías o de Nerea, que es más bruta...) y vuelta a colocar el invento, y otra vez la felicidad y fuera dolor... y a las dos horas, vuelta a recoger la almohada del suelo... Así toda la noche. A ver si me acostumbro rápido a dormir de esta manera para que todo vuelva a ser paz, harmonía y dormir del tirón, aaayyyy!

Lo cierto es que venden almohadas específicas para embarazadas con formas sinuosas que se supone que después se pueden aprovechar para la lactancia, pero te cobran el dichoso cojín como si te estuvieras comprando un colchón viscoelástico, así que yo pongo una almohada normal y tan contenta.



Pero no sólo de dolor nocturno vive el barrigón, no. Ahora tengo también dolor de riñonada cuando camino más de la cuenta, porque ya llevo la espalda bastante curvada hacia atrás -por aquello de mantener el equilibrio y que el barrigón no me tumbe en el suelo de morros a la primera de cambio-, o cuando llevo un rato largo de pie. Y cuando me siento o me "despatarro" en el sillón "chanclas p'arriba", que diría el Cangués, entonces el dolor viene en forma de patadones en las costillas, que se ve que a la cachorrina le va la marcha y eso de estar en reposo no le gusta nada. Parece que la estoy viendo asestar un golpe mortal de los suyos mientras me dice "¡levanta esssse culo, barrigón!". Más guapa...

Y ya lo último en dolores, son los que me dan ahí abajo, en las partes nobles. Que yo pensaba que tenía algo malo y se me iba a caer la nena, y no, resulta que son normales porque los músculos de la zona ya se van aflojando y relajando para el día del parto y al tener menos fuerza notas en ellos el peso del bebé y se resienten, como si tuvieras agujetas, cuando haces más esfuerzos de la cuenta. Y claro, después de la hora de piscina que me metí ayer, seguida de dos horas y media de caminata modo entrenamiento militar a las que me sometió el Cangués, cuando llegué a casa me arrastraba como una Geisha octogenaria que daba mucha penita verme.

Y no es que quiera ser llorica, pero que sepáis todos que ésto del barrigón, además de muchas alegrías, también da mala vida, aunque el Cangués se piense que me quejo de vicio y cada vez que me escucha un "¡ay, cuánto doló!", asoma diciendo "¿epidural?"... Más mala leche en ésta casa... 

Menos mal que la mala vida se verá compensada de sobra cuando me den a mi cachorrina gordita, blandita, llena de babas, suave y que huela a Gloria Bendita :D



¡Qué tengáis buen fin de semana!

Imágenes vía Pinterest.

miércoles, 22 de mayo de 2013

La paz interior

Cuando una de mis amigas estaba embarazada de su peque nos habló, una tarde que estábamos unos cuantos en su casa preparándonos para una sesión de picoteo-partido de Champions, de cómo se estaba sintiendo con el embarazo: estaba más tranquila, nada la estresaba, no se agobiaba por cosas que antes le atacaban los nervios... vamos, que, según sus propias palabras, el embarazo le había dado "paz interior". (Eso sí, fue terminar su discurso del modo zen y pegar 4 voces por querer acercarnos a la tortilla antes de tiempo que temblaron los cimientos de la casa, por lo que nos reímos mucho de su paz interior -y aún hoy, tres años después, seguimos recordándoselo-). Pero ahora entiendo a qué se refería.



En mi caso, no sé si llamarlo paz interior o "me resbala muchísimo todo lo que no tenga que ver con el barrigón". Y es que me resulta difícil centrarme en otra cosa que no sea mi barriga, la cachorrina,  el embarazo, la maternidad, yo... Es como si el estar embarazada me hubiera provocado un estado de enmimismamiento que no se puede aguantar. No sé si será porque la inminente llegada al mundo de la peque ha recolocado ya todas mis prioridades vitales o si será porque no me deja olvidarme de ella ni un segundo a base de patadas ninja en las costillas, pero el caso es que últimamente no me resulta fácil centrarme en otra cosa que no tenga que ver con ella. Hasta el Cangués está aburrido, el pobre, y ya casi ni intenta sacarme otros temas de conversación porque sabe que pongo el modo llamada en espera, con musiquilla y todo -tititiritiriritiri-, y me dedico a pensar en lo mío: que si vaya patadón, que si cómo va a ser el parto, que si saldrá todo bien, que si lo tenemos todo listo, que si la semana que viene tengo que empezar a lavarle la ropita, que si tengo que coserme un cojín de lactancia, que si tengo que hablar de ésto en el blog, que si no tenemos todavía bañerita, que si la canastilla del hospital, que si a ver si se adelanta, que si me imagino cómo será (¡guapísima!), que si estará todo bien ahí dentro, que si cuando nazca tenemos que llevarla aquí, y allá, y hacer ésto y aquéllo... vamos, que soy un coñazo.

Estoy más desconectada de lo que me rodea, pensando más en el bienestar de la peque y de que el embarazo se desarrolle sin problemas que en cualquier otra cosa, y soy consciente que puedo llegar a aburrir de tanto hablar de lo mismo, pero no lo puedo evitar porque es lo que me ocupa la cabeza las 24 horas (hija mía, mami es un rollo). Así que aprovecho el post para decir, especialmente al Cangués, que espero volver a mi ser algún día; que esta introspección -que viene de serie con el embarazo, no es que me la invente yo-, algún día se me pasará y podré volver a darles importancia a otras cosas que el barrigón y la cachorrina han colocado en segundo plano. ¡Gracias por la paciencia!

:)
Imagen vía Pinterest.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Clases de preparación al parto (I)

Ayer tuve mi primera clase de preparación al parto. La verdad es que fue más o menos cómo me la esperaba: la clase dura dos horas, dedicando la primera más a la parte teórica y la segunda a la práctica con los famosos ejercicios de respiración y demás. La verdad es que la matrona que la impartía es encantadora y resuelve cualquier duda que le plantees, por peregrina que sea.

En las clase de ayer éramos 12 barrigones y 4 futuros papis nada más, que se ve que a los hombres les da como vergüenza todavía ir a estas clases, bueno, y que el horario no ayuda porque son de 9 a 11 y si hay que trabajar... Las mujeres todavía entre bajas o justificantes que te hace la matrona pues creo que lo tenemos más fácil para poder asistir.


En la primera hora, nos pusieron un Power point que ayer trataba sobre los síntomas del parto y cuándo debemos aguantar en casa o cuándo es hora de ir al hospital porque ya falta poco para la llegada del bebé. Daba gusto ver a los 4 papis sentaditos con sus libretas cogiendo apuntes desde sus sillas, más aplicados ellos... Y yo tratando de imaginarme al Cangués allí boli y papel en mano apuntando cada cuanto tenían que ser las contracciones para echar a correr a maternidad... Y ni en mi imaginación lo conseguía ver cómodo, oiga. 

Sobra decir que nosotras, ni apuntes ni nada, allí estábamos despatarradas por colchonetas cada una en la postura que mejor le venía, algunas atendiendo y otras (supongo que las que tenían ya a los consortes tomando nota) más pendientes de tocarse la barriga que de otra cosa. Yo estuve pendiente de la cachorrina porque se ve que el tema la ponía nerviosa, y no es para menos, y se tiró tooooda la clase recolocándome los interiores a base de patadas y puñetazos y de serpentearme por la tripa como un alien. Lo mismo también se estaba imaginando al padre cogiendo apuntes y levantando la mano para preguntar qué pasaba si rompía aguas transparentes y el estreptococo me salía positivo, y se estaba retorciendo (y retorciéndome a mí) de la risa.

Después de la presentación y de la ronda de preguntas, tanto las embarazadas como los hombres, pasamos a las respiraciones... madre mía, las respiraciones. Fue un momento muy duro porque ahí me di cuenta de que, o mi capacidad pulmonar es la de un pajarito o la nena me tiene los pulmones acobardaos en una esquina, porque yo el ritmo de respiración que nos marcaba la matrona no lo seguía ni a tiros. El caso es que ella nos decía que debíamos respirar muuuuuy despacio, inspirando por la nariz, hinchando la tripa y expulsando lentamente y claro, mi situación era la siguiente: 

-Matrona: Cogemos aireeeee, leeeentamenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...
-Yo: Cojo aire - echo aire - cojo aire- echo aire - cojo aire - echo aire, paso de la nariz, bocanada de aire por la boca - echo aire...
-Matrona: Echamos el aireeeeeeeeee, lentamenteeeeeeeee....
-Yo: ¿Perdona???? ¿Echamos??? ¿Todavía???? (Miro embarazadas a mi alrededor para ver si siguen el ritmo de la buena mujer sin barrigón y si es así, comprobar si hemos sufrido alguna baja o alguna está de color azul...)

Y así 15 minutos... Si llego a intentar respirar yo al ritmo de la matrona, me sale la niña sietemesina en aquella sala suplicando por un poco de oxígeno.


Después pasamos a las respiraciones superficiales, que resultaron ser más o menos lo que yo venía haciendo y las que conocemos típicamente por las pelis como las respiraciones de embarazada de cojo-echo, cojo-echo, cojo-echo... Así sí, hombre.

Después combinamos las respiraciones con sentadillas, para ejercitar un poco y de paso practicar las respiraciones profundas con dolor porque nos mandaba quedarnos en mitad de la sentadilla aguantando un minuto, para que se pareciera a la contracción... Uno de los chicos pidió la epidural a la quinta sentadilla, no os digo más.


Para terminar, hicimos los ejercicios de Kegel, que sabréis que son los que recomiendan para fortalecer el suelo pélvico y consisten en tirar de los músculos de ese suelo pélvico hacia arriba como si quisieras aguantar las ganas de hacer pis. El caso es que dijo que también era bueno que los hicieran los hombres, porque ayudaba a prevenir el cáncer de próstata, y allí a los 4 chavales era para verlos intentando tirar no se sabe de dónde y preguntando qué era lo que se suponía que debían sentir, porque no había manera, los pobres...

Al final de la clase nos dieron un par de cajas-canastillas con regalitos de muestras de distintas marcas de productos para el bebé, como pañales, creminas, infusiones, descuentos en puericultura y revistas especializadas, que se agradecen, oye.

Y eso fue todo, hasta la semana que viene. La estructura de la clase será siempre la misma, así que ya os iré contando los distintos temas que vamos tratando, lo que nos explican y la cantidad de palabrejas nuevas que estoy aprendiendo para el Diccionario de palabras que desconoces hasta que te quedas embarazada.

¡Hasta el próximo post!

martes, 30 de abril de 2013

Nueva eco y visita a la matrona

Ayer tuvimos una nueva ecografía por mis 28 semanas de embarazo. Al parecer, no tenía por qué haberla hecho, pero se equivocaron y me dieron cita, cuando no debería haber sido hasta la semana 34, lo que quiere decir que tuvimos una eco de regalo. No me quejo, claro, porque ésta vez sí pudimos ver en condiciones a la cachorrina (no como con la ginecóloga rancia de la ecografía de las 20 semanas). Ayer nos tocó la doctora encantadora que me atendió en la amniocentesis y ella sí nos enseñó bien a Nerea. Cuando la vimos se estaba tocando la nariz con el pie,; de hecho en la foto que le hicieron sale su cara y el pie izquierdo (que, si os acordáis, fue el pie que nos enseñó también la última vez, así que queda confirmado que lo tiene). Ahí la tenéis, en primicia: Nerea con su nariz respingona haciendo gimnasia con la pata p'arriba


Lo de la nariz respingona es importante porque el Cangués ya andaba precupao de que la nena sacara nada más nacer la nariz de su madre, una servidora, y no conseguía hacerle comprender que mi ñarigón creció en la adolescencia y que hasta entonces yo había tenido una naricilla muy mona. Pero con ésta eco ya está más tranquilo, aunque sigue convencido de que mi nariz es un gen dominante y Nerea tarde o temprano la va a desarrollar.

Por los datos de la ecografía, Nerea está creciendo perfectamente, ya mide unos 34 cm y pesa 1 kilo 60 gramos, y, de momento, todavía se presenta de culete. A partir de ahora debe empezar a girar para prepararse para el parto.

Después de la eco, teníamos también cita con la matrona, que me dijo que la prueba del azúcar había salido estupendamente así que quedaba descartada la diabetes gestacional. PEEEEEROOOO nos dijo que en los análisis del segundo trimestre había dado que no era inmune a la toxoplasmosis, cuando en el primero me habían dicho que sí... y yo comiendo embutido y lo que me pusieran por delante, ¡¡si es que ésto no es serio!! Total que esta mañana me ha tocado repetir análisis de sangre para resolver los diagnósticos contradictorios en relación a la toxoplasmosis en cuestión. A ver si se aclaran.

Por lo demás, me dijo que todo estaba estupendo y que ya debería empezar con las clases de preparación al parto, de las que ya os hablaré otro día.

Barrigón de 6 meses. Por cierto, llevo una camiseta súper chachi que podéis ver aquí, y que fue una odisea y una pelea con la empresa en cuestión para que llegara a nuestras manos.

Cambiando de tema, estos días que estamos de visita en nuestra Asturias Patria Querida, Asturias de mis amores, estamos recibiendo muchos regalos para la peque que no sabemos ya cómo agradecer. Así que prometo post mañana de regalinos para la cachorrina (en vez de una cómoda le vamos a poner un cuarto trastero).

¡Hasta mañana y seguid tan guap@s!

viernes, 5 de abril de 2013

(Pre) Mamás con estilo: Naomi Davis

La segunda entrega de la serie de premamisqueconsiguenpasarporelembarazosinsucumbiralahorrorosaropapremamá se la dedico a Naomi Davis del blog Love Taza - Rockstar Diaries. Naomi es una bailarina que vive en Nueva York con su familia y que ahora se dedica, si no me equivoco, a sus preciosos niños y a su familyblog en el que cuenta sus andanzas desde que conoció y se casó con su marido. Me encanta el blog porque me caen bien, tanto ella como él, porque se ve que son felices, se lo pasan bien y sonríen de verdad; porque es uno de mis blogs favoritos que no versan sobre moda o streetstyle; por las coloridas y alegres fotos que cuelgan de su día a día, sus viajes y sus comidas (¡cuánto come esta gente por Dios!); porque practico el inglés; y porque lo descubrí, no sé cómo, hace unos años y he podido seguir desde el principio sus dos embarazos y ahora su vida con los dos peques: Eleanor, una niña de 2 años y Samson, un chico de 8 mesinos.



El estilo de Naomi no tiene nada que ver con el de la protagonista de mi primer post sobre estilo premamá --que era más del tipo "qué mona va esta chica siempre"--, porque es un estilo menos elegante, quizás, pero más colorido, alegre y personal. Y eso también me gusta. Además me encanta cómo se maquilla y se peina, así que aquí os dejo algunas fotos mezcladas de sus dos embarazos.



























Su marido, Josh, también tiene un estilo peculiar, que pega mucho con el de ella, y ahora los niños pues parecido... Me gusta esta familia, no lo puedo evitar.




En consonancia con el estilo de la madre, así es la habitación de los peques.


Un besín.

Todas las fotos vía Love Taza - Rockstar Diaries

miércoles, 3 de abril de 2013

Alimentación en el embarazo o cómo evitar engordar hasta el infinito

Si hay algo que habitualmente nos preocupa a las embarazadas, --aparte del bebé, claro--, es tratar de no coger kilos de más que luego no vayamos a poder quitarnos de encima en años, lustros o, directamente, nunca. Los especialistas recomiendan engordar entre 9 y 12 kilos, incluso menos si se tenía sobrepeso antes del embarazo, siendo lo ideal más o menos un kilo por mes. Lo que no quiere decir que haya que engordar un kilo al mes exactamente, porque puedes no engordar nada en los tres primeros meses y en los dos últimos engordar 5 de golpe, porque el "engorde" es irregular y, obviamente, no puede ser el mismo al principio que casi no se desarrolla la barriguita, que al final, cuando cada semana el barrigón se va transformando de talla pomelo a talla sandía, así sin avisar.



En mi caso no me he portado mal de momento porque llevo cogidos 4 kilos en 5 meses y medio, pero me aterroriza lo que pueda pasar en los siguientes 3 meses y medio, viendo la carrerilla que está cogiendo el barrigón para adueñarse de mi ser hasta taparme por completo y que el Cangués tenga que llevarme por la calle rodando con una vara de avellano. Y con esta ausencia total y absoluta de fuerza de voluntad que me otorgó la madre naturaleza y el metabolismo, --lento, no, lo siguiente-- que me fue concedido, trataré de ser un poco más estricta el tiempo que me queda.

Una alimentación sana y equilibrada durante la gestación, no sólo sirve para controlar el aumento de peso, sino que es fundamental para el desarrollo óptimo del bebé, y es recomendable para prepararte también para la lactancia. 

La premisa fundamental es utilizar el sentido común: todos sabemos lo que es sano y lo que no, y lo que comemos porque es bueno y necesario, y lo que engullimos porque está rico-rico pero sabemos que es malisisisisísimo. Es decir, lo que tampoco podemos es ponernos en el embarazo a obsesionarnos y contar calorías como locas porque, aunque es completamente falso que haya que comer por dos, sí es necesaria una ingesta un poco mayor de calorías diarias para cubrir tus necesidades nutricionales y las del bebé (hablamos de una diferencia de 200-300 calorías, tampoco más), pero tampoco podemos dejarnos llevar y aprovechar que "total, vamos a engordar igual", para devorar todo lo que se nos ponga por delante a cualquier hora del día. Tentador, no digo yo que no...



Pues bien, utilizando el sentido común y nociones muy básicas en nutrición y alimentación sana, se puede resumir la dieta en pocas ideas:

- No es cuestión de cantidad, sino de calidad: no se trata de comer mucho (por dos), sino de comer mejor.
- Respetar las prohibiciones sobre el alcohol, la cafeína e infusiones (consumir de forma moderada), los lácteos sin pasteurizar y, para las que no hayan pasado la toxoplasmosis: las carnes y pescados crudos, el embutido y las frutas y verduras mal lavadas.
- Entender que el embarazo no es momento para ayunos, dietas estrictas, complementos dietéticos, vegetarianismo radical, etc.
- Hacer cinco comidas pequeñas al día para que el bebé reciba nutrientes de manera regular y puedas así lidiar mejor con las náuseas o los ardores. A media mañana y media tarde escoger tentempiés sanos como frutas y lácteos.
- Aumentar el consumo de frutas y verduras frescas y, a ser posible, crudas.
- Hay que tomar proteínas en forma de carne o pescado y lácteos, que aportan hierro y calcio. Así como legumbres y cereales.
- No se deben eliminar los carbohidratos por el miedo a engordar ya que aportan fibra, vitamina B y minerales.
- Cocinar preferiblemente a la plancha, hervido, al horno o al vapor, evitando los fritos o consumiéndolos como mucho una vez por semana y con aceite de oliva (¡fritanga fuera!).
- Mantenerse hidratada bebiendo unos 2 litros de agua al día (luego dirán que retienes líquidos, claro...).
- Reducir muy mucho el consumo de dulces ya que el azúcar aporta calorías vacías que al bebé no le sirven de nada y a tu cuerpo serrano tampoco --al bebé si acaso le sirven para recibir un chute de energía extra que hará que se mueva más de lo normal--. Pero puedes darte una alegría de forma esporádica, una vez por semana, que no todo va a ser sufrir.

Tabla con las necesidades nutricionales de la mujer embarazada, por trimestre

Como veis, ni soy experta en nutrición ni aplico todo lo que digo aquí, pero éstas son las pautas más saludables que se recomiendan para alimentarse durante el embarazo sin pasar hambre, pero sin entrar en una espiral de kilos sin sentido que, además, al bebé no le aportan nada. Así que en los meses que me quedan, seré más estricta con este tema. 

Ya os contaré cómo me va y el resultado, traducido a kilos al final del embarazo, que ésto es muy fácil en la teoría, pero luego una va a Asturias unos días con la comida de mami, y la de Pilar, y tentaciones varias en forma de cachopos de cecina, fabada y arroz con leche, y a ver quién es el guapo que se acuerda de todo este rollo que os eché hoy... Además, yo creo que a la cachorrina le gusta ;)

Fuerza de voluntad, ven a mí... porfis...

¡Hasta el próximo post!



lunes, 25 de marzo de 2013

La prueba del azúcar

A estas alturas del embarazo, entre mediado el quinto mes y el sexto, a todas las embarazadas nos toca hacernos la prueba del azúcar, también conocido como test de O'Sullivan, para comprobar cómo metaboliza tu cuerpo la glucosa durante el embarazo y diagnosticar una posible diabetes gestacional. Porque, aunque no sé si lo había mencionado dentro de los tropecientos efectos del embarazo, también es posible que el estado de buena esperanza te provoque diabetes, que habría que controlar con dieta e incluso inyecciones de insulina si la cosa es más grave. (Pero no preocuparse que después del parto se supone que tu cuerpo vuelve a su ser y, por tanto, a funcionar igual que antes, desapareciendo la diabetes.)


El test de O'Sullivan es una prueba ambulatoria que te realizan en tu centro de salud a primera hora de la mañana y en ayunas. A mí me dijeron que debía estar entre las 8 y las 8:15 de la mañana en el ambulatorio, y allí estaba como un clavo, más obediente... Y sin desayunar. Oye, ni que regalaran algo por hacerte la prueba, no había ni dónde sentarse. Allí había como 40 embarazadas dispuestas a hacerse el test (está claro que esta crisis nos trae un babyboom en toda regla). En vista del overbooking, tienes que coger número como en la charcutería y esperar que te toque. Una vez dentro, debes entregar una prueba de orina y te dan para beber un mejunje de color naranja que viene en una botella que pone "Bebida de glucosa" y que empalaga como si te hicieran comerte hasta los cimientos de la casita de Hansel y Gretel. Que digo yo, si resulta que efectivamente metabolizas mal el azúcar, con ese brebaje te inducen directamente un coma diabético. De hecho había tres futuras mamis tumbadas en camillas y queriéndose de morir entre mareos, vómitos y ascos varios tras beberlo.


Debes tomarte el brebaje en pocos minutos y después te mandan a la sala de espera a sentarte sin moverte (no te dejan ni ir a hacer pis, que vi como reñían a una premamá) durante una hora entera de reloj, tras la cual entras y te sacan sangre --lo que les gusta sacar sangre a una embarazada, oiga, como para hacer morcillas--, para comprobar tu nivel de azúcar en sangre (nivel de glucemia basal, creo que lo llaman ellos). Si el nivel da por encima del 1,40 g/l, debes volver a hacerte otra prueba, la curva del azúcar, para confirmar la posible diabetes gestacional.

A mí los resultados todavía no me los dieron porque tardan unos 20 días y se los envían directamente a la matrona, que será quien me diga si apruebo o no.  Si suspendo, me tocará dieta, más pinchazos y quién sabe que más, así que cruzo los dedos. Eso sí, soy optimista porque me porté muy bien: me tomé el mejunje sin vomitar y casi sin asco y no noté cambios en mi cuerpo, ni mareos ni malestar, si acaso movimientos extra de la cachorrina que estaría diciendo que menuda porquería le estaba haciendo tomar.


¡Hasta el próximo post!

jueves, 21 de marzo de 2013

Mi esófago y yo


Una vez que ya te encuentras en mitad del embarazo desaparecen las molestias iniciales que te acompañaron durante los primeros meses: las náuseas, los vómitos, el sueño que te mantiene en un estado semicomatoso permanente, la sensibilidad en el pecho, hormonas en revolución permanente… Peeeero, pasada esa primera etapa –muy benevolente conmigo, que sólo tuve sueño y amodorramiento--, llegas a la siguiente, en la que la tripa empieza a crecer por minutos con el consiguiente nuevo repertorio de molestias torturadoras, véase, indigestión, cólicos, migraña, estreñimiento (en ocasiones con hemorroides incorporadas), varices, acidez de estómago, retención de líquidos, dolor de espalda, piernas y pies hinchados… ¡Ay!¡Qué guapo ye esto del embarazo!

Yo, nuevamente, no me puedo quejar mucho porque salvo algún día de migraña pasada así a pelo, el dolor de espalda (inevitable, me temo) y una indigestión con cólicos incluidos por comer ternasco aragonés, lo único que de verdad me está visitando día sí, día también es la acidez. Bastante desagradable, debo decir. A mí, que nunca la había padecido, ahora me da ardor de estómago hasta el agua mineral.



Así que aquí estoy, tratando de buscar remedio o alivio a este castigo. Como suele darme más por la tarde-noche, cuando llego a casa con mis ardores lo único que me apetece es leche, que no sé si sirve para aliviar o no, pero es lo único que me pide el cuerpo, así que llevo una semana cenando todos los días un tazón de leche con Chocapic (por aquello de meter algo sólido). Y voy aumentando las dosis de leche, como los yonkis. Vamos, que a este paso, cuando nazca Nerea, las dos seremos lactantes.




He estado informándome para ponerle remedio y resulta que entre que el útero desplaza al estómago y le quita sitio y las hormonas (qué raro) relajan los músculos del aparato digestivo, pues será habitual hasta el final del embarazo que los ácidos estomacales campen a sus anchas esófago arriba y abajo y que las digestiones sean lentas y pesadas.

En cuanto a lo que se debe hacer para prevenir y/o aliviar los ardores, los consejos habituales son:
- comer pequeñas cantidades varias veces al día (nada de atracones)
- tomar las verduras cocinadas, no crudas
- evitar los cítricos, los dulces, los fritos, las infusiones y las bebidas con cafeína o gaseosas
- tomar leche fría cuando sientas la acidez (si es que me la pide el cuerpo)
- beber mucho líquido frío entre horas
- dormir lo más incorporada posible y dejando pasar al menos una hora para digerir los alimentos antes de acostarte

Y si nada de esto funciona y la acidez te tortura, pues hay que ir al médico a suplicar que te deje tomar un jarabín o algo que te devuelva las ganas de vivir.

Yo de momento lo llevo bien y aunque molesta, no es grave, así que sigo tomando leche como si no hubiera mañana, y rezando para, al menos, seguir adelantando por la derecha el resto de molestias que os enumeraba al principio. Aunque todo se pasa por tener uno de éstos:



A seguir tan guapos, un besín.

miércoles, 13 de marzo de 2013

(Pre)Mamás con estilo: Hedvig Opshaug

Hoy voy a inaugurar una sección nueva en el blog para publicar de vez en cuando entradas sobre estilo de embarazada que se aleje a miles y miles de kilómetros de lo que habitualmente entienden las marcas de ropa por "premamá". Porque no sé qué pasa que aunque la tienda tenga colecciones monísimas y actuales para mujer, en lo que se refiere a las colecciones para embarazadas llevan sacando las mismas cosas feas desde 1990. Sea la marca que sea, todas consiguen que su ropa de premamá parezca sacada de un catálogo de Venca de hace 20 años. (¿Por qué? Es un misterio, como la involución del teletexto.)

Así que yo que soy adicta a los blogs de street style desde hace años, voy a intentar ir recopilando el estilo de algunas de las bloggeras que más me gustan, que han sido mamis y que han conseguido pasar por el embarazo con estilo, incluso cuando la barriga les impedía verse los pies.

Y voy a empezar por una de mis mamiblogger favorita del mundo mundial:  Hedvig Opshaug (tres veces comprobé si había escrito bien el nombre, eso sí, no me pidáis que lo pronuncie), del blog Northern Light. Porque ya de normal esta noruega, afincada en Londres, tiene un estilazo; pero con el embarazo ha conseguido serle totalmente fiel, manteniendo la misma elegancia, aunque la barriga y el crudo invierno del norte de Europa hayan limitado mucho su armario.

Os dejo con fotos de su embarazo (recién terminado porque dio a luz hace un par de semanas, así que se acabó la inspiración premamá), y os las pongo por orden de crecimiento barriguil, desde los primeros meses en que casi no se nota hasta que tenía ya un señor bombo: 



Hasta aquí la primera entrega de premamás estilosas. Si me disculpáis, voy a revisar mi armario... :)

Todas las fotos vía The Northern Light.