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jueves, 18 de julio de 2013

Carta a Nerea (V)

Querida hija,

Siento que esto del embarazo está llegando a su fin -y no quiero meter presión, pero debería-. Cada vez noto más sensaciones en mi cuerpo que me dicen que estás muy cerca de salir a cambiarnos la vida para siempre a tu padre y a mí. Y la verdad es que acoj...ngoja un güevo, no te voy a engañar. A veces me doy cuenta de que paso la mitad del día animándote para que vayas cogiendo posición de salida, y muchas de esas veces termino diciéndome "tú mucho animar a la nena, pero el día que te haga caso y salga de verdad te va a dar un pampurrio que te va a dejar los ojos centrifugando modo Marujita Díaz" y entonces me encuentro acariciándome el barrigón y diciéndote que te tomes el tiempo que necesites, que aquí estaremos esperando igualmente aunque tenga que lucir barrigón hasta tu mayoría de edad, así que ya estarás pensando que tu madre tiene un trastorno bipolar severo.


Pero es que sé que cuando nazcas ya nada será igual: ni yo podré ser la misma, ni tu padre será el mismo, y el Cangués y yo ya no seremos el Cangués y yo, porque habrá nacido una familia. UNA FAMILIA. Y creo que no habrá nada más importante en el mundo que eso, ni más bonito, ni nada que pueda hacerme sentir más feliz ni más afortunada pero, por eso mismo, creo que tampoco habrá nada que pueda asustarme más. Mi mayor preocupación ya no seré yo misma ni mis chorradas: ni si no tengo nada que ponerme en este armario en el que no cierra ni la puerta y me escupe perchas a la cara porque ya no caben más vestidos, ni dónde es la próxima fiesta de prao para beber sidrina y perseguir al Cangués para que baile conmigo como si no hubiera un mañana, ni si sesenta pares de zapatos no son suficientes, es que los necesito (en esto espero tu colaboración para explicárselo a tu papi); si no que deberé mantenerte con vida durante toda la mía (que pasan cosas muy raras y desde que una ve las dos rayitas rosas en el test de embarazo vive ya con el corazón en un puño pensando en como proteger a su cachorrina) y, a ser posible, tratando por todos los medios que estén a mi alcance -y los que no, también-, de que seas feliz... casi nada.

Pero, a pesar del susto, quiero que sepas que me muero por verte, por abrazarte y por mirarte con esos ojos con los que una madre mira a sus hijos y que no son comparables a ninguna otra mirada que yo haya visto jamás -juro que en más de una ocasión se me han puesto los pelos como escarpias viendo a una madre mirar a sus retoños, y da igual que éstos tengan tres años que cincuenta y siete-. 

Así que cuando quieras, Nere, estamos preparados para recibirte, para cuidarte y para quererte más que a nada. Y aunque, seguramente, haremos cosas bien, otras no tan bien, y otras la liaremos parda directamente -no nos vamos a engañar, que vienes sin instrucciones, ni en chino o arameo si quiera, y tenemos que aprender el funcionamiento del asunto sobre la marcha-, no nos lo tengas muy en cuenta porque prometo que no te vamos a faltar nunca, sé que vamos a ser muy felices los tres juntos en esta pequeña familia nuestra y, qué leches... ¡lo vamos a pasar teta! :D

Un besín, 

Mamá

lunes, 3 de junio de 2013

Carta a Nerea (IV)

Querida hija,

Llevas 33 semanas campando a tus anchas dentro de mí (cosa que todavía a veces me parece increíble) y eso quiere decir que, como mucho, en 7 semanas nos veremos las caras. Yo a ti te veré como la cosita más preciosa que haya pasado por el mundo en la historia de la humanidad y tú seguramente me verás sudando, con la cara de agotada de los dolores y de empujar, colorada del esfuerzo, los ojos inyectados en sangre, con un camisón horrible que te deja el culo al aire y con pelos de desquiciada, pero no me lo tengas en cuenta, que tengo momentos mejores. Tú fíjate en papi que estará ahí tan guapo y tan contento.


Quiero anunciarte que lo que habíamos hablado de que tendrías mucha suerte porque nacerías en julio, pleno verano, que nos vendría genial para hartarnos a dar paseos al solín, puede que no sea del todo así. Es más, puede que vayas a nacer en pleno inicio de una nueva era glaciar en vista de que en el mes de junio el sol todavía ni está ni se le espera por estos lares (el hombre del tiempo miente por la tele y dice que ya ha llegado el verano y suben las temperaturas en toda España y todos los días sale el sol, chipirón, y los pajarillos cantan... falacias!!: desde ayer deberíamos tener ese sol radiante y por aquí seguimos sin alcanzar los 10 grados, con el cielo encapotado y orbayando). Si mis sospechas de glaciación se llegaran a confirmar, yo te contaré historias de cómo el sol hacía florecer los campos y morenear las pieles, incluso te pondré imágenes maravillosas de atardeceres en el mar. 

Este atardecer lo disfrutamos tu padre y yo hace un año en Lanzarote... aaayyy...

Decirte que hasta papá está preocupado porque desde que eras un microcigoto no hemos podido ponerte al sol y claro, piensa que vas a salir con raquitismo u osteoporosis por la falta total de vitamina D... prubitina mía, tan chiquitina... De todos modos, todavía hay esperanza y tenemos mes y medio para darle tiempo a llegar al verano (porque para la primavera ya es tarde) y para que puedas poner las patucas al sol con esos conjuntinos, vestidos y bodies veraniegos que te están esperando en el armario.

Por otro lado, a lo mejor notas a mami más agotada que de costumbre estos días pero es que, en pleno octavo mes de embarazo, nos ha parecido una idea de lo más chachi hacer mudanza (a un piso muy cuco, eso sí), así que entre el barrigón (hay que ver lo que pesas ya, hija mía), las patadas que me arreas (sin acritud), las caminatas que me mete tu padre y ahora las sesiones de vaciado de armarios, empaquetado de cajas y bolsas y limpieza, acabo con un doló que paso el día deseando que llegue la noche para hacerme la muerta en el sofá.

Por lo demás, ya tenemos más cositas para ti y poco a poco vamos completando tu equipación. Ya han llegado los sacos para la silla y el capazo -ya verás que monisitez y que comodísima y guapísima vas a ir ahí dentro-, además ya tienes más ropina y sitio para guardarla (¡menudo armario te vas a gastar en el piso cuco!). 

Espero que sigas cómoda ahí dentro, aunque por los nuevos movimientos que haces, los sitios extraños por los que aparecen pies tuyos (o codos o vete a saber) en forma de bultos duros en el barrigón y el brío que adquieren tus patadas, yo creo que el sitio se te está quedando más bien enano y que, además, ya estás con la cabeza hacia abajo, preparándote para la triunfal salida. Así que sólo puedo decirte que aguantes un poco, que ya falta menos y que tenemos unas ganas locas de achucharte.

Un besín,

Mami.

Imagen niña vía Pinterest.

viernes, 31 de mayo de 2013

Contacto piel con piel

Una de las cosas que más me preocupan del momento del parto, desde que empecé a informarme de todos los protocolos de actuación en los hospitales y maternidades y de las opciones que existían para decidir cómo sería el parto mismo y las horas anteriores y posteriores a él, es que se permita y favorezca el contacto precoz piel con piel de los bebés con sus madres o, en su defecto, con sus padres.



El contacto piel con piel, o apego precoz, consiste en posibilitar el contacto precoz del recién nacido con su madre nada más nacer, colocándolo encima de su pecho en cuanto se produce el parto. Con ese contacto piel con piel con la madre, -antes de hacer cualquier otra cosa, como pesarlo, darle vitaminas, vestirlo, etc.-, se favorece el establecimiento temprano del vínculo madre-hijo, se facilita la lactancia materna inmediata y el bebé se siente protegido estando en los brazos de su madre, cuyo olor reconoce, arropado por ella y llegando instintivamente al pecho para su primera toma. 

A mí personalmente, el contacto precoz piel con piel me parece indispensable y creo que es el punto al que más importancia doy de todos los que incluye mi Plan de parto. 



Cuando la cachorrina salga y se encuentre con un mundo que desconoce, y empiece a sentir cosas que nunca había sentido y que la asusten, como frío, hambre e inseguridad, cuando vea que ya no está calentina y protegida en su pequeño espacio, sino que sale a un sitio enorrrrme, donde no siente todo su cuerpo arropado, ni hay agua, que es a lo que está acostumbrada, y tiene una nueva necesidad que es la de respirar por sí misma, y no a través del cordón, considero fundamental que lo primerísimo que se haga es ponerla en brazos de su madre -yo misma-, para tranquilizarla y darle seguridad y cariño, y que no, en medio de ese caos y cúmulo de cambios que le darán miedo a la pobre, se la lleven en volandas como una mercancía a ponerle etiquetas, pincharla, echarle colirio, pesarla y manejarla de mil maneras para terminar de rematarla del susto... prubitina mía. 

Por eso mismo, también haré constar en el Plan que si, por la razón que sea - una complicación, una cesárea, etc.-, no resulta posible que me la den a mí inmediatamente, que se la den al Cangués para que sea él el primero que esté con ella y pueda darle calor y protección piel con piel, arropándola esos primeros instantes de vida, que para todo lo demás ya habrá tiempo y lo primero es que esté con sus padres.


Os dejo un vídeo que habla de la importancia de recuperar la práctica del contacto inmediato piel con piel del recién nacido y su madre, que se trata de una recomendación de la Organización Mundial de la Salud y que, por fortuna, ya cada vez es más común en los hospitales españoles.

Me está dando problemas blogger y no me deja insertar el vídeo, así que os dejo el link hasta que lo solucione!!http://www.youtube.com/watch?v=liYG83kSRf8


Que tengáis buen fin de semana :)

Imágenes vía Ygeia y Petreraldía.

jueves, 25 de abril de 2013

Carta a Nerea (III)

Querida hija, 

Te escribo de nuevo para contarte qué tal van las cosas por aquí fuera esperando tu llegada. La verdad es que, quitando el tamaño de mi barrigón, que estás contribuyendo muy eficazmente a agrandar a diario, no hay muchos cambios. 

Que, hablando de agrandar, ya sé que cada vez hay menos sitio, y que ya tienes que estar encogidina porque se te acabó el espacio ese estupendo en el que hacías mortales atrás, florituras, triples tirabuzones y saltos varios, pero tampoco hace falta que intentes hacerte sitio a patada limpia, que a veces ya no sé si es que estás buscando la salida o que quieres seguir los pasos de papá con el kárate. El ataque gratuito a mis interiores de esta noche, con dos patadas voladoras que hasta me despertaron (y no es fácil despertar a tu madre, créeme), me hace temer por mi integridad física cuando seas un poco más grande y tengas algo más de fuerza. 

Estarás pensando que no ves que progresemos adecuadamente, porque mucho criticar patadones nocturnos y kilos de barrigón, pero de comprarte cosinas, ponerte habitación, mirar sillas y esas cosas ná de ná (ya, ya, y de lo tuyo qué). Pues sí, la verdad es que tienes razón, pero te diré que listas tengo ya para aburrir. Estamos dejando claro lo que necesitaremos (o más bien, lo que necesitarás tú, en detrimento de la economía familiar) y ya casi estamos listos para empezar a almacenar. De hecho, ya casi tenemos la silla, bueno, el trío, ya sabes. Al menos yo sí que lo tengo, pero entre ceja y ceja metido, que no pienso en otra cosa porque es una monisitez y encima nos sale genial de precio que nos hacen descuento (en contra de la voluntad del chico de la tienda, el pobre), ¡¡una ganga, Nere!!

Lo que sí te puedo decir es que tienes a tus abuelas en una guerra del punto y el tricotaje que da gusto verlas: venga mantas, toquillas, chaquetinas y capotas... frío no vas a pasar, te lo digo yo.

¿Sabes qué?, a mami ésto del blog le está dando muchas alegrías y, además de ganar visitas y lectores todos los días e ir conociendo gente nueva gracias a ello, resulta que ahora también me cae algún premio, ¿cómo te quedas? No es que saquen de pobre, pero hacen una ilusión tremenda, que una es muy agradecida.



 Gracias a Mamá Periodista, Blog de una embarazada y Planeando ser Padres, respectivamente. (Los premios vienen con deberes, que no se me olvida...)



También quiero decirte que ahora ya quedan menos de 3 meses para que salgas, y a mí ya me está entrando el nerviosismo. Tenemos muchas ganas de verte, ¿sabes? Tantas que se nos hace un poco larga la espera, de hecho a tu padre le parece que hace tiempo quedaron atrás los 9 meses y que vamos camino de una gestación elefantiana de 22. Pero comprende que nos pueden las ganas de conocerte, verte la carina y aprender de ti y contigo, de saber cuál será tu carácter, si serás remungona, tendrás mala leche, serás buenina, qué cosas te gustarán y que cosas harán que nos destroces los tímpanos, si serás guapísima como papá, o felizona, como mamá... Pero no te preocupes, tú a tu ritmo y sin prisa, que ya nos veremos los caretos.

Me despido por hoy, que voy por ahí a mover el barrigón, que falta hace.

Un besín enorme,

Mami


martes, 19 de marzo de 2013

Carta a Nerea (II): El Día del Padre

Querida hija, 

Hoy es 19 de marzo, el Día del Padre. Ahora mismo a lo mejor no te dice nada esta fecha, pero cuando estés por aquí será un día en el que le recordarás a papá lo mucho que le quieres, y le agradecerás que te cuide y te quiera mediante pisapapeles de arcilla deformes, cuadros con tus manitas impregnadas de pintura de dedo o tarjetones de felicitación con lentejas pegadas. Y ¿sabes qué?: le van a encantar, porque es tu padre, y tú eres su cachorrina, y nada de lo que hagas nunca podrá hacer que deje de quererte y cuidarte.


Él jugará contigo, te protegerá cuando tengas miedo, te reconfortará cuando estés malina y te abrazará muy fuerte cuando estés triste. Se alegrará contigo cuando estés contenta y responderá a cada una de tus sonrisas con una todavía mayor. Será tu compañero de aventuras y juegos, incluso cuando quieras jugar a las Barbies y vestirte de princesa --estoy deseando verle pintarte las uñas de rosa y purpurina y ponerle voz a tu Nancy, (tú pídeselo, ya verás que bien lo vamos a pasar)--; correrá contigo (y detrás de ti), te "echará al hombro" y se rebozará contigo en la playa. Te enseñará a dar patadas a un balón, a usar la raqueta de tenis, a andar en bici y a subirte a los árboles. También a revolcarte por el prao hasta llenarte de verdín y ponerme muy contenta a mí cuando tengamos que tirar el vestido nuevo.

Será tu cómplice y tu héroe. Querrás que te coja en cuello porque en ninguna parte te sentirás tan segura como en sus brazos y te parecerá que no hay nada en el mundo que tu padre no pueda conseguir. Y cuando crezcas, le pedirás que te ayude con los deberes y que te enseñe a dar patadas voladoras, como el sabe, para defenderte en el patio o zurrar al niño que te gusta; y  que vaya a verte a las funciones del cole orgullosísimo, cual madre de la Pantoja, aunque sólo seas parte del atrezzo. 


Más tarde le harás sufrir cuando empieces a salir con las amigas y echarte novios, y tendrás que ponerle ojinos, negociar y darle muchos mimos para que te deje salir de casa sola antes de los treinta, porque te digo que ya está pensando en ponerte un pastor...

Debo decirte que yo nunca me he considerado una persona con una suerte especial, ni buena ni mala, --no es por ser llorica pero de todo me pasa y Murphy me tiene manía--, y puede que no siempre haya tomado las decisiones más correctas en muchas cosas, pero quiero que sepas que si en algo puedo afirmar que he tenido más suerte de la que podía imaginar y que no he podido escoger mejor, es con tu papi. Porque te aseguro que no he conocido un hombre en mi vida que sepa con más seguridad que va a ser un padre increíble. Ya lo verás, ¡vaya ojo que tengo!


Como tú estás todavía en modo cigoto, este año aprovecho este nuestro blog para felicitarle yo su Primer Día del Padre y decirle que ya estoy orgullosa de la persona que es y del papá que va a ser.

Y también quiero felicitar desde aquí a tu güelito Jose, que ha sido para mí y para tu tía Eva todo lo que te contaba y más: ¡Felicidades papá y gracias por todo! ¡Te queremos!




Bueno, ya me despido por hoy que con las hormonas estoy fatal de lo mío, otro día seguimos hablando. Tú sigue con lo que quiera que estés haciendo ahí, pero por favor, reparte más la actividad que me tienes todo el día la barriga deformada porque se ve que te gusta ponerte del lao derecho y no queda bien, a ver si nos centramos. Yo seguiré dándote acomodo unos meses más, supongo que el sitio no será la pera limonera, pero no sé cómo hacer que sea más confortable, no me lo tengas en cuenta.

Un besín, 

Mami que te quiere.


































Fotos vía Pinterest.