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miércoles, 15 de octubre de 2014

Dientes, dientes

Hasta que no cumplió los 10 meses, a la Cahorrina no empezó a despuntarle su primer diente, que se ve que con la teta no le hacía falta la dentadura y decidió esperar para estrenarla. Pero fue dejar la lactancia materna y empezar a salir los dientinos, sin prisa, pero sin pausa, hasta llegar al día de hoy que con 14 meses tiene 4 fuera y 4 asomando. Pero entre que le tardaban un montón en salir, y que son de leche y están destinados a caerse, pues debo reconocer que hasta ahora no me había parado a pensar en la higiene dental de la peque. (Y si soy sincera, yo siempre había pensado que se empezaba con la higiene dental hacia los 2 - 3 años, cuando pudieran lavarse los dientes solit@s).

El caso es que me ha dado por consultar cuándo debería empezar con la limpieza de los dientes de la Cachorrina, pensando que estaba dentro de plazo,  y muerta en el sitio me quedé al descubrir que debería haber empezado hace 14 meses, es decir, cuando la nena nació. Muerta sobre todo porque, ignorante y madre sin manual que es una, no entendía muy bien lo de lavarse los dientes sin tener dientes (y alimentándose sólo de leche materna), pero resulta que es importante para evitar infecciones y depósito de bacterias en las encías, y que, una vez al día, debe pasarse una gasita humedecida o un dedal de silicona por las encías del bebé desde el nacimiento.

Una vez que al peque le empiezan a salir los dientes, ya se le deben empezar a limpiar con la gasita, el dedal o un cepillito especial, y -ATENCIÓN-, si tiene muelas, hilo dental. Todo ello acompañado sólamente de agua o, si acaso, de un "granito de arroz" de pasta de dientes especialmente diseñada para niños por su determinado contenido en flúor (1000ppm). La higiene bucal a partir del año debe hacerse dos veces al día y no sólo consiste en la limpieza de los dientes propiamente dichos, sino también en la limpieza de encías, lengua, cachetes y paladar.


Hasta aquí la teoría. Ahora bien, una vez terminé de confirmar que soy una mala madre por no haberme preocupado por el asunto primero, tengo que reconocer que empecé a sudar en frío imaginando las luchas ninja que me esperan con la Cachorrina para lograr que se deje mínimamente meter un cepillo en la boca, o la mano (con el consiguiente peligro que ello conlleva para mi integridad física), o el hilo dental, teniendo en cuenta que el hecho de cortarle las uñas, pasarle un cepillo por los rizos indomables e incluso cambiarle un pañal cuando está entretenida con otras cosas, supone un drama familiar de gritos, lloros, empujones, placajes, que a mí me quitan años de vida y lucidez a partes iguales.

Así que desde aquí hago un llamamiento a mamis experimentadas para que me aconsejen y me digan cómo lo hacen para que sus retoños luzcan sonrisa Profident, sin morir en el intento. Aunque si me toca lucha ninja, al menos, hago ejercicio.

¡Seguid tan guap@s!