Durante las últimas semanas del embarazo muchas futuras mamis, sobre todo las primerizas, manifiestan una necesidad imperiosa de tenerlo todo listo, limpio y organizado para la llegada del bebé. Es lo que popularmente se conoce como "síndrome del nido". Se trata de un mecanismo de distracción ante la inminencia del parto que tiene un efecto tranquilizador sobre la madre al saber que todo estará a punto llegado el momento.
En algunas mujeres el síndrome del nido se manifiesta como un estado de híperactividad en el que les cuesta mucho estarse quietas e incluso conciliar el sueño por las noches porque necesitan mantenerse ocupadas para no pensar en el parto ni en la espera, pero en otras se trata más bien de la necesidad de limpiar, organizar y colocar la casa y todas las cosas del peque.
En mi caso, estoy más bien en el segundo grupo, y es que ya me estoy emocionando poniendo lavadoras con todas las cosas de la cachorrina, colocando para tener a mano todo lo que necesitaré los primeros meses, organizando el armario (que abro y reabro mil veces al día para comprobar que todo sigue en su sitio o por el simple placer de verlo lleno de monisiteces de bebé, aaaayyy...), recopilando y repasando las listas que publiqué con las cosas que me puedan faltar para tenerlo todo rematado, persiguiendo al Cangués para que limpie el maletero del coche -y, ya puestos, el coche entero-, ambientando la habitación y los armarios y cosas de la peque para que todo huela a bebé y a gloria bendita, que viene a ser lo mismo, y pensando seriamente en esterilizar y desinfectar cualquier cosa que vaya a estar en contacto directo con la cachorrina. Un sinvivir, oiga.

Ya tengo montada la cuna, con su ropa de cuna y peluches incluídos, ya recogimos el carricoche y estuve ayer toda la mañana monta y desmonta con las tres partes del trío y paseándolo por casa como una loca, aparte de lo que os digo del proceso de lavado y planchado de toda la ropina, toallas, sábanas, mantina, arrullos, etc. de Nerea. Me habían recomendado lavarlo todo con jabón especial para bebés para que nada pueda darle alergia a la delicada piel con la que nacen y en ello estoy.
También me está dando la ansiedad de tener listas las cosas para el hospital, y como nos vinimos a Cangas (el pueblo del Cangués), empecé a hiperventilar pensando que tengo que retrasar la puesta a punto un par de días más. El cuerpo me pide correr como una loca de tienda en tienda haciéndome con todo lo necesario y sentarme cual desquiciada de psiquiátrico delante de las bolsas comprobando mil veces que no falta nada y agarrada a los macutos en posición de salida de los 3000 metros obstáculos en una competición de atletismo. Y es que esto de sentir que el parto está a la vuelta de la esquina y que cualquier día de éstos podría ser en el que viera por primera vez a mi cachorrina, trastorna y la vuelve a una muy loca nivel Jack Nicholson en El resplandor.
Y vosotras ¿Cómo vivistéis los últimos días y semanas? ¿Padecistéis el síndrome del nido?
Seguid tan guap@s y hasta el próximo post :)