martes, 9 de julio de 2013

38 semanas

¡¡¡Y ya sólo nos faltan 2!!! Eso si la cachorrina no decide adelantarse y nacer antes de lo previsto, lo que es algo que agradecería muy mucho teniendo en cuenta lo que ya me pesa el barrigón y las nuevas dimensiones adquiridas por mis pies y tobillos (han dejado de ser pantobillos porque ahora los tobillos ya son más anchos que la pantorrilla... y no es broma). 

"Así que Nerea, hija mía, si puedes escucharme, ten piedad de tu madre y vete buscando la salida de emergencia que con estos calores no hay quien pueda, además ahí ya no te queda sitio, que siento que te estiras y te estiras para acomodarte y sólo consigues deformarme la tripa, pero veo yo que no encuentras postura, así que venga, tontona, que cuanto antes salgas antes damos paseinos al sol, ya verás que bien lo vamos a pasar por aquí. Y como papi ya no vendrá hasta el parto, cuanto antes decidas venir al mundo, antes estaremos los tres juntos. ¿Ves? Todo ventajas".

Y así, con ese discurso me paso todo el día, a ver si acabo por darle penita y se decide. (Si pudiera verme los pieses sí que le daría pena y saldría por la vía rápida.)


Cumpliendo las 38 semanas no queda mucho que decir porque se limita todo a la espera de alguna señal que nos indique la inminencia o llegada del parto, ni ella tiene mucho más trabajo que hacer y a mí sólo me queda intentar no mirarme mucho en el espejo. Y eso que llevo engordados 11 kilos, que se supone que están muy bien, pero qué queréis que os diga, yo me veo y me siento como un cachalote, con la agilidad de un octogenario con artrosis y una prótesis de cadera, que da pena verme arrastrarme por las esquinas y caminar como Robocop por los dolores en las partes bajas que me produce el peso del barrigón. Pero caminar sigo caminando muchísimo, a todas horas, que dicen que es bueno para adelantar el parto o, al menos, para que no se atrase, así que no paro de lucir mis recién estrenados andares de "no puedo con mi vida ni con este barrigón" y mis chanclas (o cholas, que diría mi amiga Alejandra), que es casi lo único en lo que puedo meter los pies de hobbit... con lo que una ha sido... qué pena. Pero que no se diga que una no lo intenta aún a costa de una pérdida total de dignidad y amor propio dejándose ver de esa guisa.

Me despido hasta el próximo post, 

Fdo. Frodo Bolsón.

viernes, 5 de julio de 2013

Los pendientes de la cachorrina

En España, como en la mayoría de países de América Latina, es común hacerle los agujeros de las orejas a las niñas cuando son recién nacida; sin embargo en otros países del norte de Europa o en EEUU, se considera esta práctica una barbaridad y es la propia niña la que decide cuando es mayor si se pone los pendientes o no.
En España, en tiempos de nuestras abuelas, madres o nosotras mismas, no había debate acerca de la procedencia o no de hacer los agujeros, simplemente si nacías niña, en la propia maternidad te los ponía la matrona, siendo inmediata la relación nacimiento-pendientes. Sin embargo, como en todo, hoy en día surge el debate de si es apropiado hacerlos e incluso de si es una decisión racional o una práctica un poco salvaje. (De hecho los hospitales y maternidades han de jado de ponerlos y debes acudir a una farmacia o similar si quieres que la nena lleve pendientinos.)
Yo no creo que sea muy racional, y soy consciente de que es un elemento artificial y antinatural que se coloca ahí atravesando de mala manera la oreja, pero qué queréis que os diga, yo estoy encantada con mis agujeros, me chiflan los pendientes y le agradezco a mi madre que me los pusiera en un momento en el que no ha podido quedarme ningún recuerdo y cicatrizan con mucha más facilidad, evitándome así el tener que ponerlos con mayor sufrimiento de mayor (de hecho cuando en mi adolescencia -qué difícil no ser un poco choni con 15 años-, me hice algún agujerillo más en la oreja, nunca llegaron a cicatrizar del todo bien). Además, aunque vistas a la niña de rosa de arriba a abajo, llena de encajes y lazos y con una tiara de Princesas Disney que diga "Soy una princesa", para el resto del mundo será un niño hasta que no lleve pendientes. Es así.
Las niñas, a mi modo de ver, están más monas con los pendientinos y prefiero ponérselos a la cachorrina antes que después porque, como tenga el carácter que me temo que va a tener (que tiene a quién salir) cualquiera la aguanta cuando todas sus compis del cole tengan pendientes y ella no. Además, creo sinceramente que es mucho menos traumático ponérselos al nacer y que cicatrizan mejor porque el cartílago de la oreja es más finito de lo que será en cualquier otro momento de su vida y la capacidad de regeneración y cicatrización de su cuerpo es la más alta también que tendrá. Y así nos lo dijo la matrona cuando alguna mami de futura portadora de pendientes le preguntó sobre la conveniencia de ponerlos. La respuesta de la matrona fue que era decisión nuestra, pero que si teníamos claro que queríamos que la niña llevara pendientes, cuanto antes se pusieran mejor.
Total, que tanto rollo para decir que sí, que habemus pendientes y que se los pondré a Nerea lo antes posible al salir del hospital.
Estos son los pendientinos de la cachorrina, unos brillantinos diminuuuuutos de oro. En la foto están ampliados al máximo así que debéis imaginaros que son poco más que la cabeza de un alfiler, pero para una recién nacida quería que fueran lo más discretos y chiquitinos posible.
Eso sí, de ponerlos, hay que hacerlo bien, nada de ir a hacer agujeros a cualquier local lúgubre como si de un piercing en el ombligo se tratase. Los pendientes conviene ponerlos en una farmacia con material esterilizado y deben ser de oro de mínimo 14 kilates para asegurar que no le provocará ninguna alergia. Además deben ser muy pequeños, porque con las mini orejinas que tienen, ya me diréis, y para que no los puedan enganchar, y el cierre debe ser siempre de rosca, no a presión, para que no los pierdan con facilidad y, lo más importante, para que no puedan clavarse la parte de atrás o puedan hacerse daño.
En cuanto a los cuidados una vez puestos, recomiendan lavar bien la zona y mover el pendiente un par de veces al día durante las primeras semanas para que vaya cicatrizando bien el agujero y no cambiarle los pendientes durante el primer año de vida.
Y vosotr@s, qué opináis del tema que nos traemos entre manos? Pendientes de recién nacida, ¿sí o no?

miércoles, 3 de julio de 2013

El síndrome del nido

Durante las últimas semanas del embarazo muchas futuras mamis, sobre todo las primerizas, manifiestan una necesidad imperiosa de tenerlo todo listo, limpio y organizado para la llegada del bebé. Es lo que popularmente se conoce como "síndrome del nido". Se trata de un mecanismo de distracción ante la inminencia del parto que tiene un efecto tranquilizador sobre la madre al saber que todo estará a punto llegado el momento.
 
 
 
En algunas mujeres el síndrome del nido se manifiesta como un estado de híperactividad en el que les cuesta mucho estarse quietas e incluso conciliar el sueño por las noches porque necesitan mantenerse ocupadas para no pensar en el parto ni en la espera, pero en otras se trata más bien de la necesidad de limpiar, organizar y colocar la casa y todas las cosas del peque.
 
En mi caso, estoy más bien en el segundo grupo, y es que ya me estoy emocionando poniendo lavadoras con todas las cosas de la cachorrina, colocando para tener a mano todo lo que necesitaré los primeros meses, organizando el armario (que abro y reabro mil veces al día para comprobar que todo sigue en su sitio o por el simple placer de verlo lleno de monisiteces de bebé, aaaayyy...), recopilando y repasando las listas que publiqué con las cosas que me puedan faltar para tenerlo todo rematado,  persiguiendo al Cangués para que limpie el maletero del coche -y, ya puestos, el coche entero-, ambientando la habitación y los armarios y cosas de la peque para que todo huela a bebé y a gloria bendita, que viene a ser lo mismo, y pensando seriamente en esterilizar y desinfectar cualquier cosa que vaya a estar en contacto directo con la cachorrina. Un sinvivir, oiga. 
 
 
 
Ya tengo montada la cuna, con su ropa de cuna y peluches incluídos, ya recogimos el carricoche y estuve ayer toda la mañana monta y desmonta con las tres partes del trío y paseándolo por casa como una loca, aparte de lo que os digo del proceso de lavado y planchado de toda la ropina, toallas, sábanas, mantina, arrullos, etc. de Nerea. Me habían recomendado lavarlo todo con jabón especial para bebés para que nada pueda darle alergia a la delicada piel con la que nacen y en ello estoy.
 
También me está dando la ansiedad de tener listas las cosas para el hospital, y como nos vinimos a Cangas (el pueblo del Cangués), empecé a hiperventilar pensando que tengo que retrasar la puesta a punto un par de días más. El cuerpo me pide correr como una loca de tienda en tienda haciéndome con todo lo necesario y sentarme cual desquiciada de psiquiátrico delante de las bolsas comprobando mil veces que no falta nada y agarrada a los macutos en posición de salida de los 3000 metros obstáculos en una competición de atletismo. Y es que esto de sentir que el parto está a la vuelta de la esquina y que cualquier día de éstos podría ser en el que viera por primera vez a mi cachorrina, trastorna y la vuelve a una muy loca nivel Jack Nicholson en El resplandor.
 
 
 
Y vosotras ¿Cómo vivistéis los últimos días y semanas? ¿Padecistéis el síndrome del nido?
 
Seguid tan guap@s y hasta el próximo post :)