Casi sin darnos cuenta hemos dejado atrás los primeros 15 días de vida de la cachorrina, hecho que me deja muerta en el sitio porque no sé en qué momento empezó a correr el tiempo así de esta manera, porfavó!. No sé si será porque mis rutinas se limitan a dar el pecho, contemplar a Nerea y babear, limpiar cacas, cambiar pañales, contemplar y babear, dar el pecho, contemplar y babear, vestir, contemplar y babear, sacar de paseo (cuando consigo salir de casa), contemplar y babear, dar el pecho otra vez, contemplar y babear... y así, pero estos 15 días me han parecido 3 y medio. Y lo mismo le pasa al Cangués que está viendo volar su permiso por paternidad + vacaciones a la misma velocidad a la que crece la papada de la cachorrina (orgullosísimos padres de la doble papada de la nena, que ya ha dejado de ser la ratonuca de hace 2 semanas).
Pues bien, a los 15 días de vida de todo recién nacido, tienen su primera consulta con el pediatra. Nosotros la tuvimos hoy y allí fuimos con la esperanza de que Nerea hubiera dejado de ser un peso pluma de 2 kilos y medio y 48 cm y de que la lactancia materna exclusiva con la que se alimenta estuviera siendo suficiente para que creciera y engordara con normalidad (lo que sospechábamos en vista de las nuevas formas redondeadas de su cara, cuello y tripa).
Nada más sentarnos en la sala de espera de la consulta, la cachorrina decidió que era la hora de comer y empezó a llorar en el preciso instante en el que nos llamaban para entrar. Total, que entró en la consulta berreando como si no hubiera comido desde que saliera de mi útero, lo que provocó que entrara en una espiral de violencia y cabreo monumental con cara roja, patadas a la pediatra y gritos que debían incumplir alguna ordenanza municipal sobre ruido, cuando comprobó que no sólo no le daban su ración de teta, sino que encima la desnudaban allí de mala manera y la manejaban a su antojo. Lo bueno es que a la pediatra le pareció la pera limonera el carácter tan "despierto" de la nena, su fuerza (os juro que del enfado que tenía se puso de pie) y la potencia de sus pulmones -qué maja y qué positiva la buena mujer-.
A pesar de la resistencia de la peque, pudieron hacerle todas las pruebas que le tocaban y que concluyeron en que está como una rosa, y lo que es mejor, que se está poniendo como un toro con la leche de su madre porque en estos 15 días ¡engordó 600 gramos y creció 4 cm!. Esto de los 4 cm al parecer es una barbaridad y puede que tengamos un récord Guiness o algo así porque la enfermera no dejaba de repetirlo y nos decía con cara de susto que había pasado del Percentil -3, cuando nació, al Percentil 75 en sólo 2 semanas de vida. En peso, estamos en Percentil 10, lo cual se supone que también está bien, teniendo en cuenta que muchos bebés ya nacen pesando más de lo que pesa ella ahora (3,100 kg).
Después de vestir a la cachorrina, que ya estaba de color granate, y asegurar que normalmente es buenisísima y nada llorona, y que sólo come y duerme (que no piensen que la tenemos asalvajada), salimos de allí corriendo a darle de comer a la pobre antes de que empezara a pensar que la íbamos a dejar morir de inanición.
Aparte del resultado positivo de la revisión pediátrica, debo decir que en estos 15 días también hemos ido aprendiendo poco a poco a adaptarnos a los horarios de Nerea, a conocerla, interpretar sus sonidos, sus quejas, sus horas de sueño y su hambre nivel "llevo todo el día picando piedra en una mina boliviana", distinguiendo su olor y sus gestos, y sobre todo, disfrutando de cada segundo, cada cambio y cada detalle de la peque.
Me voy que me toca sesión de contemplación y babeo.
¡Hasta el próximo post! (Que será la segunda parte de la experiencia con el No Plan de Parto).





