Con el lío tremendo de la venida de SSMM los Reyes Magos, el estar fuera de casa, las revueltas familiares, los regalos, las compras, los viajes y el tratar de volver a la normalidad -cosa que algún día conseguiremos- y a casa no he tenido tiempo para escribir el post sobre los 5 meses de la Cachorrina, así que os cuento ahora, aunque ya tiene un par de semanas más!!! (A este paso pondré los post al trimestre... anda que...)
Lo cierto es que los principales cambios del cuarto al quinto mes los hemos notado en sus progresos psicomotrices, ya que la alimentación sigue siendo lactancia materna exclusiva a demanda, y en las noches la peque continúa, pues eso, demandando (me pedí dormir aunque fuera una noche del tirón a los Reyes, pero se ve que no estaban a lo que se celebraba en lo que a mis deseos respecta, pero sin queja, que lo compensaron con creces con monisiteces para mí y juegos a cascoporro para Nerea que ocupan todo el salón, pero eso merece otra entrada...).
En su quinto mes de vida, la peque cogió carrerilla en esto de espabilarse y empezó a tomar la iniciativa para agarrar todo lo que está a su alcance, y lo que no también, y llevárselo a la boca con avidez, como si le fuera la vida en ello. Además, se recrea en chuparse los pies, que han sido su gran descubrimiento y muere por comer algo que no sea teta, como muestra con sus gestos de masticar mirando embobada cuando los demás comen, tratando de enganchar alguna cuchara o tenedor al vuelo y poniendo ojitos a cualquiera que esté en la mesa, a ver si cuela y le deja caer algo... prubitina mía...
En el último mes, además, hace honor a su apodo de cachorrina porque le gusta jugar con cualquier muñeco que le acercas a la boca y atraparlo con fuerza con sus tiernas encías (si llega a tener dientes, no nos quedarían juguetes vivos) como si fuera un perrín que ha atrapado el calcetín de su dueño. También ha descubierto que uno de sus juegos preferidos es el de "cucú... ay!" (yo lo digo así, jaja, pero supongo que hay versiones para todos los gustos, porque el Cangués mismo, por llevar la contraria y no complicarse la vida, lo llama "Dónde está Nerea", y he visto en el blog de Mamá Periodista un post donde habla de este juego y lo llama Cucutrás), y que consiste básicamente en esconderse unos segundos detrás de cualquier cosa y aparecer de nuevo por sorpresa. La peque se muere de la risa y resulta que es un juego fundamental para su desarrollo porque con él, los peques aprenden que las cosas no dejan de existir porque ellos dejen de verlas, y que su mamá y su papá seguirán estando con ellos aunque no puedan verlos en algunos momentos.
También es capaz de estar sentada erguida y no tiene problemas para estar ratos largos jugando bocabajo tratando de alcanzar aquello que le llama la atención, osea, todo. Aunque lo que más le gusta es su chupete, que ya se pone sola y sin ayuda, así tenga que estar media hora intentando hacerlo (que no se diga que no es constante -y/o cabezona-) o tenga que terminar, resignada, dejándolo del revés o haciéndose la muerta directamente, sobre su alfombra de Pocoyo, ya agotada por el esfuerzo
Por otro lado, con sus nuevas habilidades manuales, -ya agarra mejor y coordina ambos brazos bastante bien-, le ha dado por el reconocimiento facial de sus semejantes, o lo que es lo mismo, intenta rediseñar la cara de sus padres, tratando de arrancarnos la nariz o los labios con sus dedazos o de dejarnos la mejilla hecha un mapa con las uñinas (de depredador). Así que en cuanto la tienes en brazos o te acercas a ella, te echa las manos a la cara y a tocar, arañar, pellizcar o lo que se tercie, pero casi todo muy doloroso. De hecho, vengo comprobando que cuando hace caricias es porque ya no le quedan fuerzas y se está quedando dormida.
Y así, con las novedades y progresos de la nena, que cada día nos tienen más entretenidos a la par que agotados... pasamos un mes más con Nerea. :)